Inmigración irregular

Interior incrementa la deportación de los marroquíes llegados a Canarias

El primer vuelo con un grupo numeroso de inmigrantes ha partido este lunes de Gran Canaria hacia El Aaiún

Las Palmas de Gran Canaria - 07 dic 2020 - 14:59 UTC
Desembarco de cuatro pateras, con 99 ocupantes, en el puerto de Arguineguín (Gran Canaria), el pasado domingo.
Desembarco de cuatro pateras, con 99 ocupantes, en el puerto de Arguineguín (Gran Canaria), el pasado domingo.Elvira Urquijo A. / EFE

El Ministerio del Interior comienza a deportar a grandes grupos de marroquíes llegados a Canarias. El primer vuelo ha partido la mañana de este lunes de Gran Canaria hacia El Aaiún con casi una veintena de inmigrantes y un contingente de policías a bordo. Las conversaciones con Marruecos han dado cierto resultado y el plan, según diversas fuentes, es multiplicar ahora estos vuelos para conseguir devolver al menos 80 personas por semana. Los marroquíes suponen algo más de la mitad de los 20.000 inmigrantes llegados a las islas en lo que va de año.

El número es más pequeño del que les gustaría a las autoridades españolas y supone una pequeña parte de los marroquíes que han desembarcado y seguirán desembarcando en las islas, pero fuentes conocedoras de los dispositivos defienden la importancia del mensaje: ejecutar devoluciones con rapidez es el principal elemento disuasorio para los potenciales emigrantes que estén pensando en partir.

Antes de la pandemia, y cuando el foco estaba en la Península, había días en los que España conseguía devolver a Marruecos a unas 10 personas por Ceuta y Melilla y entre 20 y 30 en el ferry que partía diariamente de Algeciras. No se trataba, sin embargo, de un cupo estable y los números variaban sin que trascendiesen los motivos. Tras meses de parón debido al cierre de fronteras que impuso el virus, el departamento de Fernando-Grande Marlaska ya había reactivado las deportaciones a Marruecos desde Canarias el mes pasado, pero muy tímidamente. Se trataba de unos pocos vuelos comerciales de la Royal Air Maroc, en los que no embarcaban más de una decena de inmigrantes por pasaje. En los aviones había más policías que expulsados. Los vuelos continuarán siendo comerciales a partir de ahora. Se prevé que haya varios por semana y se trasladarán grupos más grandes de personas. En paralelo, se han reactivado recientemente las devoluciones a Mauritania y Argelia, y se espera impulsarlas también a Senegal.

Marruecos es una pieza clave en el repunte migratorio que vive Canarias. En los últimos meses, la mayoría de las pateras ya no parten tanto de Senegal y Mauritania, y sí de las playas marroquíes del sur del país y, sobre todo, del Sahara Occidental. De hecho, el punto de salida más habitual de las embarcaciones que llegan a Gran Canaria es Dajla, la antigua Villa Cisneros durante el periodo colonial español. Este es uno de los territorios más vigilados del país y hay una presencia constante de policías, gendarmes y militares marroquíes uniformados. En el interior de estas embarcaciones, y a diferencia de lo que se vio a comienzos de año, prácticamente solo hay marroquíes. La mayoría de ellos son hombres, pero también hay menores de edad, mujeres y alguna madre con niños muy pequeños.

El ministro Grande-Marlaska viajó a Rabat el pasado 20 de noviembre con dos objetivos para atajar la crisis en Canarias: multiplicar las deportaciones y reforzar la colaboración para frenar las salidas en origen. No se dieron detalles de la reunión con su homólogo Abdelouafi Laftit, pero más de dos semanas después, con el inicio de estas devoluciones, se atisban los primeros frutos del encuentro. Las llegadas, sin embargo, continúan. Y según fuentes policiales, solo a Gran Canaria han arribado desde el día 20 hasta este domingo más de 2.600 personas. Prácticamente todas lo hicieron desde Dajla, en el Sahara Occidental.

El guion que se sigue con Rabat es repetido y viene ensayándose en cada repunte migratorio. En 2018, cuando se alcanzó un récord histórico de 64.300 entradas irregulares, con las costas andaluzas como principal destino, España ya procuró que su principal socio contra la inmigración irregular aumentase los cupos de devolución de sus nacionales y que reforzase el control de las salidas de pateras. De la crisis migratoria de aquel año surgió un paquete de ayudas de la UE a Rabat de más de 140 millones de euros y otro de España de 32 millones. La financiación directa y de materiales como todoterrenos, drones o equipos tecnológicos supuso reducir los números de entradas irregulares a la mitad en 2019. Ese control en el norte del país, por otro lado, es ahora uno de los factores que más ha influido en el desplazamiento de los migrantes hacia el Atlántico y la consecuente reapertura de la ruta canaria. La UE, así como España, estudia también ahora un mecanismo de compensación financiera para ayudar al Gobierno marroquí a afrontar los costes de la nueva crisis migratoria.

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