LOGROÑO

La toma de tierra del adolescente

Pablo Alcaide quedó con sus amigos para limpiar los destrozos de Logroño

Un grupo de jóvenes en el paseo de El Espolón de Logroño limpiando los destrozos del 11 de noviembre.
Un grupo de jóvenes en el paseo de El Espolón de Logroño limpiando los destrozos del 11 de noviembre.RTVELaRioja / rtve

Hace veintiún días que los medios celebraron como a un héroe a un chico que se juntó con otros adolescentes de Logroño para limpiar por su cuenta los destrozos que unos vándalos habían dejado atrás durante la manifestación en la que reclamaban libertad frente a las obligaciones sanitarias impuestas contra el virus. Fue un fogonazo de dignidad civil adolescente.

El chico explicó que lo había hecho para ayudar a su madre, barrendera, a la que había imaginado ese día “deslomándose” ante el enorme trabajo que habían dejado atrás los protagonistas del destrozo. Ese fogonazo se diluyó de pronto, como si no hubiera ocurrido. El propio muchacho pareció hartarse de ser objeto de persecución o burla, y poco a poco lo que fue un ejemplo de dignidad civil parecía borrarse como una vergüenza. Las redes lograron que cayera sobre el gesto el silencio del propio protagonista de un hecho que había sido elogiado por altas autoridades del Estado. Terminó siendo un héroe anónimo en Logroño.

¿Qué pasó para que hubiera ese borrado radical? Responde Bernardo Sánchez, escritor riojano, discípulo de Rafael Azcona, guionista, por ejemplo, de Los europeos, la película de Víctor García León, basada en la novela del genial autor de El verdugo. Dice Sánchez que ya no existe aquella Logroño sombría de Calle Mayor, el drama de Bardem. “La sociedad se ha abierto, no es esa cinta mecánica que era la Calle Mayor de la película. Es una ciudad que acoge, esponjada y abierta, una encrucijada de caminos… Lo que ocurrió al final de octubre la dejó en shock, nunca hay aquí ese grado de ira o excitación”.

Pero ahora funcionan los mecanismos de intimidación de las redes, dice Bernardo Sánchez. “A la adolescencia se le ha juntado la movilescencia, todos tienen móvil. Unos lo usan para intimidar y otros para revalorizar aquello que no se han tragado las pantallas, porque estos chicos valoran el esfuerzo material de los objetos... Este muchacho que protagonizó aquel gesto es uno de esos adolescentes que tienen toma de tierra. Enfrente están los chicos capaces de asaltar una tienda y robar ropa de marca con la que se visten para intimidar a los que sí saben qué significa la basura que otros dejan”.

Íñigo Zabala, 25 años, gestor de medios digitales, prolonga estudios de ciencia política y trabaja para el Gobierno de La Rioja. Según él, “la mayoría de la sociedad abrazó simbólicamente aquel gesto. Luego, el chico debió de sentirse intimidado y no quiso seguir exponiéndose. Que haya ocurrido eso es un fracaso de la sociedad, pero basta con que cuatro usen las redes para intimidar y se logra el objetivo de silenciar un gesto generoso. Fue un motivo de orgullo, porque no es fácil que la gente se movilice, y que aquellos chicos lo hubieran hecho produjo orgullo y respeto”. Ismael Blanco Ruiz, secretario del Consejo de la Juventud de Logroño, cree que “el anonimato de las redes” permite persecuciones que intimidan, “pero estos chicos llevan tiempo juntándose para ayudar en la ciudad, y lo seguirán haciendo, aunque haya un momento en que la presión hace que se inhiban. Entiendo que se inhiban, sí, y me da pena entenderlo”. Una de las chicas que estuvo recogiendo los restos del naufragio nos dijo, anónimamente: “No se puede hacer como lo hicieron el 31 de octubre. La respuesta que dimos fue una experiencia maravillosa que me enriqueció como persona”. Es lo que Bernardo Sánchez llama “toma de tierra del adolescente”.

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