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Tragedia sin fin en el infierno congoleño

Tragedia sin fin en el infierno congoleño

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En la región de Ituri, en la República Democrática del Congo, más de un millón de personas han sido desplazadas por la violencia que azota el país. En un contexto de enfermedades, pobreza y agresiones sexuales, las mujeres son las víctimas más vulnerables.

  • Manyotsi, de 32 años, posa con su bebé de seis meses, concebido como consecuencia de una violación. “Lo amo igual porque él es inocente”, dice.  La fotorreportera y documentalista iraní Newsha Tavakolian aún no ha superado el impacto emocional que le dejó su viaje por la región de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo. Tavakolian recorrió la zona y plasmó, por encargo de la organización Médicos Sin Fronteras, el horror cotidiano de miseria, enfermedad y violencia sexual que sufren los hombres y —sobre todo— las mujeres en un país azotado sin descanso por el fantasma de la violencia.  “Una a una, mujeres y muchachas que sobrevivieron a agresiones sexuales se sientan delante de mi cámara. Quieren compartir sus historias. No puedo ayudarlas de otra forma que no sea pensar en que mi cámara de fotos pueda capturar la verdadera profundidad de su lucha” , escribe en su reportaje la autora de las imágenes. Su objetivo inmortaliza a seres humanos que, desplazados de sus hogares y de sus regiones, se hacinan en campamentos insalubres y sin las mínimas condiciones de vida idóneas. Los hospitales y las iglesias parecen los únicos refugios para el alivio de sus cuerpos y de sus almas.
    1Manyotsi, de 32 años, posa con su bebé de seis meses, concebido como consecuencia de una violación. “Lo amo igual porque él es inocente”, dice.

    La fotorreportera y documentalista iraní Newsha Tavakolian aún no ha superado el impacto emocional que le dejó su viaje por la región de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo. Tavakolian recorrió la zona y plasmó, por encargo de la organización Médicos Sin Fronteras, el horror cotidiano de miseria, enfermedad y violencia sexual que sufren los hombres y —sobre todo— las mujeres en un país azotado sin descanso por el fantasma de la violencia. “Una a una, mujeres y muchachas que sobrevivieron a agresiones sexuales se sientan delante de mi cámara. Quieren compartir sus historias. No puedo ayudarlas de otra forma que no sea pensar en que mi cámara de fotos pueda capturar la verdadera profundidad de su lucha”, escribe en su reportaje la autora de las imágenes. Su objetivo inmortaliza a seres humanos que, desplazados de sus hogares y de sus regiones, se hacinan en campamentos insalubres y sin las mínimas condiciones de vida idóneas. Los hospitales y las iglesias parecen los únicos refugios para el alivio de sus cuerpos y de sus almas.
  • Cerca de la iglesia católica romana de Drodro se encuentra el campamento de desplazados de Tsuya, levantado hace varios años y en el que en la actualidad viven cerca de 20.000 personas como consecuencia de la violencia en la República Democrática del Congo, en condiciones de insalubridad e inseguridad deplorables.
    2Cerca de la iglesia católica romana de Drodro se encuentra el campamento de desplazados de Tsuya, levantado hace varios años y en el que en la actualidad viven cerca de 20.000 personas como consecuencia de la violencia en la República Democrática del Congo, en condiciones de insalubridad e inseguridad deplorables.
  • “Mataron a uno de mis hijos”, dice Borive, de 28 años, que además sufrió una violación grupal. Es una de las mujeres que ha retratado la fotógrafa Newsha Tavakolian en la República Democrática del Congo.
    3“Mataron a uno de mis hijos”, dice Borive, de 28 años, que además sufrió una violación grupal. Es una de las mujeres que ha retratado la fotógrafa Newsha Tavakolian en la República Democrática del Congo.
  • Tres muchachas esconden sus rostros a la cámara del fotógrafo en el campo de desplazados de Rho. La foto está tomada en el camino que conduce al único lugar donde pueden recoger agua potable.
    4Tres muchachas esconden sus rostros a la cámara del fotógrafo en el campo de desplazados de Rho. La foto está tomada en el camino que conduce al único lugar donde pueden recoger agua potable.
  • Los médicos del hospital de Drodro no dan abasto a la hora de atender las innumerables peticiones de consultas que se agolpan a sus puertas. En la fotografía, varias mujeres aguardan a ser recibidas y tratadas por el doctor de guardia.
    5Los médicos del hospital de Drodro no dan abasto a la hora de atender las innumerables peticiones de consultas que se agolpan a sus puertas. En la fotografía, varias mujeres aguardan a ser recibidas y tratadas por el doctor de guardia.
  • Un grupo de ocho mujeres esperan a ser recibidas por el padre Dieudonné y a confesarse en la iglesia católica romana de Drodro, al noreste de la República Democrática del Congo. Numerosas personas desplazadas acuden diariamente a la iglesia no solo para buscar confesión, sino para hablar de los horrores que han presenciado y de las cosas de las que se sienten culpables o avergonzadas.
    6Un grupo de ocho mujeres esperan a ser recibidas por el padre Dieudonné y a confesarse en la iglesia católica romana de Drodro, al noreste de la República Democrática del Congo. Numerosas personas desplazadas acuden diariamente a la iglesia no solo para buscar confesión, sino para hablar de los horrores que han presenciado y de las cosas de las que se sienten culpables o avergonzadas.
  • Todas las mujeres congoleñas que aparecen en la fotografía de esta doble página fueron violadas varias veces.
    7Todas las mujeres congoleñas que aparecen en la fotografía de esta doble página fueron violadas varias veces.
  •  Nzale, de 30 años, descansa en el regazo de Honorine, una voluntaria que ayuda psicológicamente a mujeres violadas. Nzale fue violada en el campo por guerrilleros rebeldes cuando buscaba comida para sus siete hijos.
    8 Nzale, de 30 años, descansa en el regazo de Honorine, una voluntaria que ayuda psicológicamente a mujeres violadas. Nzale fue violada en el campo por guerrilleros rebeldes cuando buscaba comida para sus siete hijos.
  • Huellas de manos de congoleños desplazados en uno de los campos de la provincia de Ituri.
    9Huellas de manos de congoleños desplazados en uno de los campos de la provincia de Ituri.