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Lo poco y lo mucho en arquitectura

Un sencillo bloque de viviendas entre medianeras sintetiza lo que transforma una pequeña vivienda en una gran casa

Vista del edificio en el barrio de Horta. Ampliar foto
Vista del edificio en el barrio de Horta.

Este es un proyecto de barrio y vida, de interior y calle, de poco y mucho, de la alegría y la dignidad que puede haber en un color y de la importancia de acabar bien las obras, por estrechos que sean los presupuestos y económicos los materiales empleados. Lo firma una pareja de arquitectos cuidadosos: Anna y Eugeni Bach. Y se encuentra en el centro antiguo del barrio de Horta, al noreste de Barcelona.

Aquí todo es pequeño: los tres pisos —uno por planta—, el propio edificio, la parcela apretada entre dos medianeras y hasta las estrechas calles donde se ubica el inmueble. Y sin embargo, todo queda engrandecido por el cuidado puesto en el diseño y en la construcción. No es cierto que la construcción no sea responsabilidad ni logro de los arquitectos. Ellos diseñan para que los edificios se construyan con mayor o menor facilidad. Ellos deciden, cuando pueden, qué materiales se adaptarán al presupuesto, resistirán al paso del tiempo y acompañarán mejor la vida de quienes habiten los pisos. También ellos deciden qué cara tendrá la casa en la calle. La fachada dará dignidad, identidad y sentido de pertenencia a los habitantes. La organización interior, flexible, les dará libertad, multiplicará la luz y les exigirá ser más ordenados. La distribución, en estancias de planta trapezoidal, les dejará espacio para lo grande y les recogerá una zona en la que cabrá lo pequeño.

Detalle del balcón descubierto en la azotea. ampliar foto
Detalle del balcón descubierto en la azotea.

Los arquitectos explican que lo primero que pensaron fue en el diálogo doble que exige el barrio —con su historia y carácter— y la arquitectura contemporánea —con sus materiales, su limpieza y su tendencia a simplificar—. Manteniendo la fachada con los huecos, elementos y proporciones habituales del vecindario —balcones, persianas, zócalos o estucos— se respetaba la historia. Cuidando los detalles, simplificando los elementos y coloreándolos, se actualizaba esa tradición. Uno de los balcones se escapa del perímetro de la fachada para hablar también con la única finca vecina que “no cumple las reglas de buena vecindad”, indican los proyectistas. Ese balcón desde la azotea, acerca ese espacio común y lo anuncia a los vecinos.

Interior de uno de los pisos. ampliar foto
Interior de uno de los pisos.

Las viviendas, de 40 metros cuadrados se organizan en torno a un espacio central. Ahí llega la escalera y están el baño y la cocina. El salón y el dormitorio tienen luz natural de la fachada y de un patio de manzana. Al tener el mismo tamaño ambas estancias, los pisos pueden compartirse, como estudiantes, o permiten decidir dónde dormir (con vistas a la calle o recogidos en el interior) y dónde ubicar el salón (en el interior sin ruido o con la calle entrando por la ventana). “Al final, sumando las distintas combinaciones, obtenemos siete maneras de vivir en tres viviendas”. Es la manera de sumar de los Bach, una pareja que, con lo poco, consigue hacer multiplicaciones.

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