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“Único”, “héroe”, “visionario” y “provocador”: 12 guitarristas ilustres del rock español explican por qué era tan bueno Jimi Hendrix

Cuando se cumplen 50 años de la muerte del músico de Seattle, pedimos a magos de las seis cuerdas de varias generaciones que nos den las claves de su genialidad

Jimi Hendrix acompañado, de forma virtual, de algunos de los músicos españoles que hablan sobre él para este reportaje.
Jimi Hendrix acompañado, de forma virtual, de algunos de los músicos españoles que hablan sobre él para este reportaje. Imagen: Getty / Montaje: Blanca López

Todo el mundo conoce a Jimi Hendrix (1942-1970). La imagen de su guitarra ardiendo en el festival de Monterey (junio de 1967), su regio porte, millones de veces serigrafiado, incluso su pertenencia al luctuoso club de los 27, son aspectos que vienen automáticamente a la memoria cuando se invoca su nombre. Pero quizá no todos saben por qué era tan bueno. ¿En qué radicaba su genialidad? ¿Por qué este músico zurdo de Seattle despuntó precisamente entre una generación de magistrales guitarristas —Eric Clapton, Jeff Beck, Jimmy Page, Peter Green— después de que Chas Chandler (bajista de los Animals) lo presentara en el Reino Unido en septiembre de 1966? ¿Era por su técnica, por su expresividad, por su inusitado talento para, además de extraer de su instrumento notas incendiarias, componer y cantar con un estilo único? ¿Era por su atrevido uso de los efectos? ¿Por el descaro con que rompió moldes? Coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento, pedimos a varios de los mejores guitarristas de rock españoles (que son quienes saben de esto) que respondan a la pregunta.

Rosendo Mercado.
Rosendo Mercado. Getty Images

Rosendo: “Creó un estilo que a nadie más he escuchado”

La guitarra en el rock español tiene un nombre: el de Rosendo Mercado (Madrid, 1954), quien ya desde Leño, y por supuesto a lo largo de su opípara carrera en solitario, ha encarnado como nadie la figura del cantante-guitarrista. “Cuando escuchas una guitarra y en unos segundos identificas a quién la toca —manifiesta—, estás ante una forma personal y seguramente autodidacta de interpretar, que por ende conlleva un sonido especial y diferente, incluso cuando se pretende emular utilizando los mismos elementos que el original. No es el guitarrista que más me gusta, ni el más rápido, ni el más virtuoso, pero, y esto es una apreciación personal, los grandes guitarristas no lo son por esas características, sino por transmitir sentimiento y crear armonías diferentes a los demás, y en eso ha sido de los más grandes. No sé si fue un adelantado a su tiempo, pero creó un estilo que a nadie más he escuchado, incluyendo a sus imitadores”.

Pancho Varona: “Era diferente a todo”

A Pancho Varona (Madrid, 1957), pertinaz escudero de Joaquín Sabina, hablar de Hendrix le toca la fibra sensible. “Lo amo con toda mi alma. Visualmente era un espectáculo: tenía las manos muy grandes, abarcaba todo el mástil, y era maravilloso ver esos dedazos moviéndose. Para mí ha sido el guitarrista más grande de todos los tiempos, sin ninguna duda. Hay un trocito de improvisación en el disco de Woodstock, un instrumental titulado Vilanova junction, que es una clase magistral de todo lo que puede hacerse con una guitarra eléctrica. Dylan reconoció que la única versión de una canción suya que le gustaba más que la original era la de Hendrix de All along de watchtower. Es una maravilla lo que hace en ese tema. Y ya no hablamos de cómo canta o cómo compone. No ha habido otro que se le acercara y va a costar mucho. Pasa como con Paco de Lucía en el flamenco: falta muchísimo para que vuelva a haber otro igual, y probablemente no lo habrá. Es impresionante su influencia en el rock y en la música actual. Cuando oí a Hendrix utilizar el wah-wah me enamoré de ese efecto directamente. Tocando la guitarra y cantando a la vez no ha habido otro en la historia de la música. Nadie ha sonado en trío como él. Era diferente a todo”.

Juan Aguirre (Amaral): “Supersensible, inspirado y muy innovador”

Aguirre (San Sebastián, 1969) se rinde ante el cúmulo de virtudes del guitar hero por excelencia. “Era supersensible, muy inspirado y muy innovador, sobre todo. En estos tiempos es interesante recuperar su legado de llevar las cosas más allá. Él no se cortó para nada a la hora de llevar la guitarra mucho más lejos. Hay efectos de guitarra que empezó a usar él, que en aquel momento eran una rareza y una provocación estética, y que ahora son clásicos, parte del acervo del rock. Cuando un guitarrista utiliza un set normal de efectos, algunos tienen que ver directamente con lo que Hendrix contribuyó a difundir. Las últimas grabaciones apuntaban cosas muy locas y diversas. Además, era un gran cantante, muy expresivo. Y gran compositor: sin esas canciones, la parte sónica habría tenido menos relevancia. Little wing me parece increíble. The wind cries Mary es un temazo. Todos hemos tocado alguna vez, aunque sea en una prueba de sonido, algún riff de Hendrix”.

Ricardo Ruipérez, de M-CLAN.
Ricardo Ruipérez, de M-CLAN. Getty Images

Ricardo Ruipérez (M-Clan): “Creó un sonido burbuja único”

“Fabricó un sonido nuevo para la guitarra eléctrica —dice Ruipérez (Murcia, 1968)—, con la mezcla de efectos y cómo los utilizaba: ese uni-vibe [que proporciona una suma de chorus, phaser y vibrato], ese wah-wah, esa reverb… Afinaba medio tono más bajo: eso provoca que las cuerdas tengan menos tensión y a la hora de hacer bendings [estirar la cuerda hacia arriba o hacia abajo] estos son más exagerados, llegando a un semitono o un tono más. Todo eso combinado le ayudaba a crear esa especie de sonido burbuja que le hacía único. Aparte, en sus canciones, cantan dos: él y la guitarra. Es fabuloso su uso de la mano izquierda, en su caso la que lleva la púa, con la que conseguía ese ataque fuerte y llenaba los huecos entre frase y frase con pequeños sonidos y arrastres. No era superrápido, pero es que la velocidad está reñida con el buen gusto. En el primer lick [fragmento de un solo, que puede ser de una sola nota] dices: ‘Es Jimi Hendrix’. A Clapton tienes que escucharlo más tiempo para reconocerlo; en cambio a Hendrix lo identificas a la primera, y ser único es lo más difícil en este mundo”.

Juanma Latorre (Vetusta Morla): “Concibió la guitarra como un ‘gadget’ tecnológico”

“Catalizó una serie de procesos que estaban sucediendo en el rock”, empieza Juanma Latorre (Alicante, 1977), uno de los dos guitarristas de Vetusta Morla. “Aunque Eric Clapton también lo hacía, su manera de mezclar la pentatónica menor del blues con la distorsión y el sonido agresivo del rock es algo que ha marcado la música durante décadas; en aquel momento era revolucionario. Concibió la guitarra como una tecnología, no solo como un instrumento: fue el primero que empezó a aplicar efectos como el wah-wah y la distorsión de manera masiva en sus discos. Un riff como el de Voodoo child volaba la cabeza. Nadie había planteado la guitarra como un gadget tecnológico. Con la barra de trémolo hacía efectos extremos muy expresivos: en su versión del himno americano, en plena guerra de Vietnam, simulaba bombas cayendo. Escuchando sus discos para este reportaje me he dado cuenta de que me ha influido un montón. Por ejemplo, él ponía el pulgar por encima del mástil (algo que siempre nos han dicho que no debe hacerse), apretando las cuerdas graves, lo que le dejaba mucha libertad en los dedos para ir haciendo florituras con los acordes a partir de tríadas (tres notas). Pulsaba todas las cuerdas y silenciaba las que no le interesaban con la palma de la mano, de lo que salía un clac que le confería una fuerza rítmica bestial. En su tiempo, suponía romper las reglas y buscarse su propio camino”.

Josele Santiago, de Los Enemigos.
Josele Santiago, de Los Enemigos. Getty Images

Josele Santiago (Los Enemigos): “Le distinguen la fuerza y la imaginación”

Aunque afirma que su escuela es otra (el pub rock y el punk rock), Josele (Madrid, 1965), guitarrista y cantante de Los Enemigos, se declara “un gran fan de Jimi Hendrix”, de quien habla en estos términos: “Lo que le distingue de los demás grandes guitarristas de la época es sobre todo la fuerza y la imaginación que tenía. No se dedica a copiar a los maestros del blues, sino que de esos patrones saca algo nuevo. Siempre te sorprende. Tiene una espontaneidad y un temple acojonante tocando. Me gustaría destacar algo de lo que nunca se habla, y es al Jimi Hendrix letrista. Era un tío que se preocupaba mucho por decir algo interesante y excitar la imaginación, y todas sus canciones cuentan unas historias que si pegas la oreja ves que están muy bien construidas y son fonéticamente muy musicales. Me parece muy de admirar: los guitarristas generalmente no se preocupan mucho por eso. Siempre cito The wind cries Mary, que descubrí en unos billares, entre mis canciones favoritas: la letra es la leche. Como vocalista también era buenísimo. Y encima parecía majo, humilde y tal; se hacía querer”.

Jorge Martínez (Ilegales): “Un sonido venido de otro planeta”

Jorge Ilegal (Avilés, 1955) imparte esta tesis: “Inventó una nueva técnica de tocar aplicando el feedback, que genera distorsión y saturación de la señal, con unos picos tremendos. Eso no se había hecho con ningún instrumento jamás. Cuando lo escuché por primera vez, con 14 años, me quedé estupefacto, y cuando a los 16 vi en el cine su actuación en el festival de Monterrey salí enloquecido… Me parecía la música del futuro, y sigue sonando futurista. Utilizaba escalas muy conocidas del blues y las retorcía de una manera que parecía un sonido venido de otro planeta. Hizo que una música tan tradicional y primitiva como el blues se convirtiese en algo muy nuevo. Me ha influido muchísimo, sobre todo técnicamente. Esa ferocidad la conseguía, además, con la Fender Stratocaster, que se asociaba a un sonido limpio; resucitó la marca Fender, que iba en claro declive. Eric Clapton utilizaba Gibson Les Paul y cuando vio a Hendrix al poco tiempo ya estaba con una Stratocaster. Lo cambió todo”.

Amparo Llanos, de Dover.
Amparo Llanos, de Dover. Getty Images

Amparo Llanos (exDover): “Tenía fuego artístico”

Poco amiga de los solos tanto en su etapa en Dover como en su proyecto más reciente, New Day, Amparo Llanos (Madrid, 1965) pone el foco en la naturaleza ignífera de Hendrix: “Entre los guitarristas de aquella generación, de la que solo se prestó atención a los hombres, había muchos que tenían eso que se valora tanto en el mundo masculino que es la técnica (y que yo valoro muy poco en el rock); lo que diferencia a Hendrix es que tenía un fuego artístico del que otros carecían. Se le notaba que lo llevaba dentro. Aquella parafernalia del sexo, drogas y rock and roll me deprimía cuando era más joven, pero más adelante, cuando le oía tocar, notaba que poseía ese fuego, esa expresividad. Otros hacían pentatónica arriba, pentatónica abajo, a lo que no le veo la gracia. Tenía además algo que aprecio mucho: una especie de pulsión primitiva y que me conectaba con él, ya que creo que a mí también me invade al tocar. Es difícil de definir: un algo que te sale de dentro”.

Armando de Castro (Barón Rojo): “Nos descubrió cosas que no podíamos imaginar”

Miembro fundador de Barón Rojo, que celebran este 2020 su cuadragésimo aniversario, el menor de los hermanos De Castro (Madrid, 1955) confiesa que Hendrix fue uno de sus maestros: “De entrada, tenía un bagaje muy completo. Empezó en el soul, acompañando a Wilson Pickett; bebió del blues. De repente sonaba psicodélico, creando unos ambientes haciendo unos toques, unas inversiones, que a veces eran sencillos, a veces medio funkies. Y luego se puso a hacer rock. Nos hizo descubrir a todos que con una guitarra eléctrica se pueden hacer cosas que no nos las podíamos imaginar, excitando mucho el amplificador y sacándole sustain [sosteniendo la nota mucho tiempo] al sonido. Hoy se consigue fácilmente, pero en su tiempo se lo tuvo que currar. Tenía un feeling, una penetración, un vibrato, que es la manera con que el guitarrista vuelca su alma en el instrumento, increíbles. Como buen americano, se dejaba llevar por el espectáculo, aunque es de lo que menos disfruto. Me sumo a la corte de los que le veneran. Cuando empezaba, ponía sus discos a 16 revoluciones por minuto para ver qué había entre los solos. Estudié mucho a Jimi Hendrix, su manera de construir frases, acordes… Hoy en día sigo sacando cosas de él”.

"Era un mago, un irreverente de la guitarra, y con talento. Su sonido iba contracorriente. No era un guitarrista rápido, pero él rompió reglas"

Joaquín Torres (Los Pasos): “Rompió con todo”

Coetáneo de Hendrix, Torres (Madrid, 1949) deslumbró como guitarrista solista de Los Pasos (1966-1972) antes de dedicarse a producir a artistas tan diversos como Burning, Plácido Domingo, Barón Rojo o Los Secretos. “No lo vi tocar de milagro”, revela. “Actué en Ibiza con Los Pasos una semana después de que él diera un concierto en las islas [Hendrix tocó en la sala Sgt. Pepper de Palma el 15 de julio de 1968]”. Admite que le costó comprender su estilo: “Supuso una ruptura. Al principio, yo no lo entendía. Cuando analicé, dije: ‘Este tío es muy bueno’. Era un mago, un irreverente de la guitarra, y con talento. Su sonido iba contracorriente. No era un guitarrista rápido, pero él rompió reglas: arrancó con el sonido totalmente saturado, mantenía un diálogo entre la voz y la guitarra fantástico, perdía las formas en el escenario pero de un modo estético… Fue el precursor del wah-wah, de la música heavy.… Era zurdo, lo que también llamaba la atención… Se comió a Clapton. Rompió con esa parte blanda del rock. Pero en aquellos días había que ser muy visionario para verlo como guitarrista y no como espectáculo, porque tenía mucha energía, una puesta en escena bárbara, esa planta con ese sombrero con la pluma, con flecos por todas partes… Era mágico en escena, cosa que también rompía con todo.”.

Salvador Domínguez: “Era música de marcianos”

ExCanarios y exPekenikes, autor de media docena de discos en solitario —el primero, de 1978—, miembro de la banda de Miguel Ríos en Rock & Ríos (1982) y fundador del grupo de heavy metal Banzai en 1984 (así como escritor de varios libros divulgativos sobre el rock), Salvador (Madrid, 1953) subraya la insurgencia de Hendrix: “Lo descubrí en 1967: no había escuchado nada igual nunca. ¡Nunca! Aparte de tocar muy bien, estaban su sonido, muy personal, una locura, era música de marcianos; su faceta de compositor; sus letras influidas por Bob Dylan; y su imagen en directo, potentísima. Fue un revolucionario que puso patas arriba la música. Hay una época preHendrix y una época postHendrix. Cuando salió Prince, veías cosas que eran de Jimi Hendrix. No solo revolucionó el rock, sino también el jazz. De repente a Miles Davis le da por que este tío es lo más y saca el doble elepé Bitches brew (1970), absolutamente influido por la música de Hendrix y el movimiento flower power, y se crea el jazz-rock. El valor de Hendrix es muy, muy grande. Amalgamaba técnicas de todo lo que había: del blues, de Eric Clapton y Jeff Beck, se sabía todos los temas del rock and roll y de Chuck Berry, las octavas de Wes Montgomery… y eso nadie lo había hecho. Por eso cuando llega a Inglaterra todo el mundo se queda loco”.

Jaime Stinus.
Jaime Stinus. Getty Images

Jaime Stinus: “Le dio alas a la guitarra”

Es su libertad expresiva lo que pondera Stinus (San Sebastián, 1953), excomponente de La Orquesta Mondragón —elegido Mejor Guitarrista Nacional por EL PAÍS en 1981— y productor de Radio Futura, Los Rebeldes y Loquillo, entre otros. “Tiene un muy buen sonido de blues; me recuerda mucho, al principio, a Albert King (por ejemplo, en Red house). Después, traspasó fronteras. Estaba con los pies en el suelo pero la cabeza la tenía no se sabe dónde. Consiguió mezclar esa raíz de blues y soul con el rock psicodélico y experimental que estaba en auge. No lo separo de su faceta vocal, donde era muy sensual. Ese toque sexual también lo ha tenido siempre tocando. No es que tocara la guitarra; es que esta formaba parte de su cuerpo. Clapton era mucho más terrenal; Hendrix le dio a alas a la guitarra. Técnicamente no tocaba mil notas; lo que tenía era una expresividad total. Empezó a utilizar efectos que hasta entonces no se usaban. Al wah-wah lo puso en órbita. En la última época empleaba mucho el uni-vibe y el octavia, que suma una octava a la nota que tocas. Llevó al extremo el feedback: poner el amplificador pegado a la guitarra para hacer que se acople el sonido (como en su versión del himno americano en Woodstock)”.

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