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Yo canto y tú mueves los labios: la estafa del pop que fue más allá de Milli Vanilli

El dúo alemán quedó para la posteridad como el gran impostor de la radiofórmula, pero la práctica se llevó a cabo antes y después de este escándalo. Repasamos algunos de los casos que llegamos a conocer

estafas pop
Roger François Jouret (alias Plastic Bertrand), Zelma Davis de C+C Music Factory, Jimmy McShane de Baltimora y Katrin Quinol, de Black Box. Getty Images

Caras bonitas, talento oculto y una gran mentira. En la apertura de los Juegos Olímpicos de 2008, China puso sobre el escenario a una niña guapa cantando Oda a la madre patria. Solo después se supo que una niña más rechoncha y menos bella –para el gusto de los organizadores– estaba cantando escondida en el backstage. Era su voz angelical la que estábamos escuchando, pero una niña guapa sin voz la que estábamos viendo. Bien, China no inventó nada ese día. Solo estaba perpetuaba un principio básico (y cruel) del pop: la gente guapa es la que sale en los vídeos, en las portadas y en el escenario. Aunque no cante. 

El dúo alemán Milli Vanilli, cuya historia repasamos ampliamente en este artículo, llevarán para siempre el sambenito de ser el gran timo del pop por hacer esto en 1990. Pero no fueron los primeros ni los últimos en llevar a cabo el gran engaño del género.

Plastic Bertrand

Puede que su nombre no diga demasiado a los más jóvenes o los radioyentes casuales, pero Ça plane pour mol fue un éxito internacional en 1978 y sigue sonando hoy en películas, anuncios y discotecas. De nombre real Roger François Jouret, Plastic Bertrand se convirtió en uno de los primeros y pocos artistas que cantando en francés (él era belga) se colaba en las listas de éxitos de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania o Canadá. Solo había un problema: la canción no la cantaba él, sino su compositor, Lou Deprijck.

Fue en 2010 cuando surgieron las sospechas de que el artista estaba poniendo el rostro a la voz de otra persona. Aunque el principio lo negó, Jouret acabó reconociendo en 2010 que no cantaba ni una sola canción de los cuatro primeros discos de Plastic Bertrand y culpando de todo al productor.

Black Box

Pocos grupos son más representativos del house europeo que triunfó a finales de los ochenta y principios de los noventa que Black Box. Todavía siguen sonando con éxito en los festivales nostálgicos que surgen como setas en todos los países del mundo civilizado. De Black Box se recuerda, sobre todo, el éxito Ride on time (número uno en Inglaterra en 1989) o Everybody Everybody (que llegó al top diez de Estados Unidos en 1990). Se recuerda también a la bellísima cantante del grupo, llamada Katrin Quinol y que tenía especial protagonismo en las portadas y vídeos de la banda.

Pues bien: Katrin Quinol era en realidad modelo y go go y. aunque también cantaba, no es su voz la que sonaba en esos éxitos. En el caso de Ride on time era Loleatta Holloway, en el caso de Everybody everybody era Martha Wash. ¿Qué le pasaba a Martha Wash? Que no era delgada y bella como Quinol. O al menos, no lo suficientemente delgada y bella para aparecer en la portada del disco y en el videoclip. Unas cuantas demandas judiciales después, se supo la verdad y se dio crédito a las cantantes reales. “Yo pensé que iban a llevarme a un estudio de grabación para cantar las canciones, pero cuando yo llegué ya todo estaba hecho”, recordó Quinos, que siguió con una carrera musical individual usando ya su propia voz, en 2015. “Cuando empecé a darme cuenta de la situación y quise usar mi propia voz, era demasiado tarde: Black Box era un éxito. Estaba atrapada”.

C+C Music Factory

El house de los primeros noventa fue un terreno abonado para el engaño. Martha Wash, de la que acabamos de hablar por ser la verdadera voz que canta en Everybody everybody, aparece también en esta otra historia. Demandó a C+C Music Factory por hacer exactamente lo mismo que hizo Black Box: en su gran éxito de 1990 Gonna Make You Sweat (Everybody Dance Now) el público creyó que era la bella Zelma Davis, que bailaba en el videoclip y en las actuaciones en directo, la que cantaba.

Pero era ella, que de nuevo vio como una gran voz en el estudio no valía para un público que exigía melodías perfectas y también cuerpos de belleza normativa. Tras demandar y llegar a un acuerdo económico en 1994, la discográfica Sony incluyó en los discos y los vídeos un cartel informativo que decía que aclaraba que Martha Wash era la verdadera voz del clásico del dance.

The Crystals

No, The Crystals no eran un grupo falso. La banda creada por Phil Spector, formada por cuatro jóvenes afroamericanas en 1961, realmente cantaban sus canciones (y tuvieron éxitos enormes como He hit me o And then he kissed me). Pero en 1962 Spector escuchó una maqueta que le pareció brillante llamada He’s a rebel, escrita por Gene Pitney, y se enteró de que una cantante VIkki Carr quería grabarla. Él se obstinó en ser más rápido y producirla él mismo para apuntarse otro éxito con The Crystals. ¿El problema? Que el grupo estaba de gira en la otra punta de los Estados Unidos.

¿Solución? La grabó con The Blossoms, un grupo más desconocido con un timbre de voz parecido al de The Crystals. Las propias The Crystals se enteraron de todo cuando escucharon en la radio: “¡Y ahora He’s a rebel, el nuevo sencillo de las Crystals!”. La canción se convirtió en un éxito y el grupo tuvo que añadirla a su repertorio de conciertos. Esta vez, ya sí, y al contrario que en la versión de estudio, cantada por ellas mismas.

Baltimora

Tarzan Boy (sí, esa en la que el estribillo imita al grito de Tarzán sobre una adictiva base italodisco) es uno de los mayores éxitos salidos de Italia en los ochenta. Hoy, en YouTube, suma más de 170 millones de reproducciones. El proyecto salió de un productor llamado Maurizio Bassi, que tenía la canción pero necesitaba un bailarín con atractivo físico para cantarla. En Milán conoció al británico Jimmy McShane, que era ideal para el papel. La canción tuvo un éxito enorme en todo el mundo en 1985 y la gente empezó a referirse a McShane como Baltimora. Los fans creían que Baltimora era él.

Pero él ni siquiera cantaba. La voz era de Bassi y así, durante los supuestos directos, McShane solo bailaban y movía los labios. Este hecho, unido a la incapacidad del grupo para conseguir otro éxito y a las rencillas entre los dos, dieron al traste con el proyecto. McShane, desengañado, dejó el negocio de la música y se volvió a su Derry natal, donde falleció de sida en 1995 a los 37 años.

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