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¡Están locos estos ministros!

Austria, Dinamarca, Suecia y Holanda plantean un 'trilema' de difícil solución

¡Están locos estos ministros!, dirían Uderzo y Goscinny, los creadores de Astérix. Son los de Economía y Hacienda de Austria, Dinamarca, Suecia y Holanda. Por un lado, proclaman la necesidad de una política presupuestaria austera o restrictiva: dicen que frugal (sic). E instan a sus colegas y sus presidentes a defenderla.

O sea, a que el paquete presupuestario septenal para 2021-2027 (el MFP) a discutir desde hoy en la cumbre reduzca el gasto de la UE al 1% del PIB comunitario. Que invierta menos que el 1,16% de 2014/2020.

Menos en porcentaje es menos, porque la comparación dinámica debe hacerse en porcentaje. Solo con trampa saducea sus primeros ministros han argumentado que el 1% “significa más dinero en términos nominales” que el del actual periodo (FT, 17/2). Lo nominal no es lo real, no incluye la rebaja del poder adquisitivo vía inflación.

Este frente de los rácanos está ya menos nutrido que su antecedente del grupo “hanseático” opuesto al presupuesto del euro y a otras reformas de calado. Vamos mejorando. Pero también es insidioso.

Porque propugnar nuevos gastos en áreas necesarias: defensa, política migratoria o I+D, como postulan; no tocar el tope de gasto como quieren otros; y mantener igual nivel de compromiso en las políticas agrícola (PAC) y de cohesión, básicas para el Sur (y no solo para él), es un trilema de imposible solución: salvo que se aplique una enorme dentellada a estas dos últimas.

Sin ir tan lejos como ellos, la propuesta del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel (Nota 5846/20, 14/2), aplica esa jibarización del gasto convencional: rebajar un 14% los fondos agrarios y un 12% los estructurales y de cohesión.

Algo más hábil, propone endulzar el trago con medidas sugestivas: aumentar el capital del Banco Europeo de Inversiones para apalancar nuevas inversiones por valor de medio billón de euros; afianzar el plan de sancionar a los déspotas sin darles fondos; crear un impuesto sobre las bolsas de plástico (más en concreto: contra quien no las recicle). Está bien, pero es tímido para conservar lo actual y para ampliarlo.

Aunque sobre todo su rebaja global del 1,16%, al 1,074% del PIB (1,094 billones) contradice la magnífica Recomendación alumbrada el martes por el Ecofin: los 27 —sí, 27, incluidos los cuatro del club rácano— ministros de Economía y Hacienda de la UE.

Porque sigue siendo restrictiva o al menos neutra fiscalmente, también si se cuenta la pérdida de la cuota británica. Y eso va contra la propuesta del Ecofin de que “la orientación presupuestaria de la zona del euro pase de ser globalmente neutra a ser ligeramente expansiva en 2020 y 2021”.

¿Debe aplicarse eso solo a los presupuestos nacionales? Los 27 hablan ya en ese papel de “adoptar una postura más alentadora a nivel agregado”: sumando a aquéllos el presupuesto comunitario. Y defienden que “la política presupuestaria debe complementar la orientación de la política monetaria” del BCE, que es ultraexpansiva. Mencionan ¡17 veces! el objetivo de aumentar las inversiones. Espléndido.

Ahora, sean coherentes.

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