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Venezuela, el país que no cierra

Venezuela, el país que no cierra

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La nación experimenta el mayor colapso económico sucedido en un país sin guerra en al menos 45 años. En medio de la crisis, ocho empresarios y pequeños comerciantes cuentan en sus testimonios las razones por las que se rehúsan a abandonar el país

  • José María Liñares conserva su acento gallego a pesar de los 48 años que ha residido en Venezuela. “Quien viene a este país, es difícil que se vaya después. Todos mis amigos de infancia que emigraron a Suiza, regresaron eventualmente a España. Yo no. Yo me quedé aquí”. El maestro Liñares, como es conocido entre los compañeros del sector de la construcción, emigró de A Coruña a Caracas en 1972 y comenzó a trabajar como latonero, pero desde entonces supo que quería dedicarse a la construcción. Tres años más tarde, comenzó su propia empresa en el área de estructura y promoción inmobiliaria, que hoy comparte con su hijo. “Todo lo que tengo lo he ganado en este país; hasta mi formación como persona, porque llegué con 17 años”, explica Liñares y afirma que no está en sus planes regresar a España, a pesar de la crisis económica actual. Unos 167.000 españoles residen en Venezuela, según los datos del Padrón de Residentes en el Extranjero (PERE) y 72 empresas ibéricas —entre ellas, Telefónica, Repsol, Mapfre— siguen operando en el país sudamericano. Sin embargo, la crisis política y económica en Venezuela ha provocado ya que al menos 25.000 ciudadanos españoles hayan abandonado el país en 2019.
    1José María Liñares (1954). Constructor. Director del Grupo Cabaleiros. José María Liñares conserva su acento gallego a pesar de los 48 años que ha residido en Venezuela. “Quien viene a este país, es difícil que se vaya después. Todos mis amigos de infancia que emigraron a Suiza, regresaron eventualmente a España. Yo no. Yo me quedé aquí”. El maestro Liñares, como es conocido entre los compañeros del sector de la construcción, emigró de A Coruña a Caracas en 1972 y comenzó a trabajar como latonero, pero desde entonces supo que quería dedicarse a la construcción. Tres años más tarde, comenzó su propia empresa en el área de estructura y promoción inmobiliaria, que hoy comparte con su hijo. “Todo lo que tengo lo he ganado en este país; hasta mi formación como persona, porque llegué con 17 años”, explica Liñares y afirma que no está en sus planes regresar a España, a pesar de la crisis económica actual. Unos 167.000 españoles residen en Venezuela, según los datos del Padrón de Residentes en el Extranjero (PERE) y 72 empresas ibéricas —entre ellas, Telefónica, Repsol, Mapfre— siguen operando en el país sudamericano. Sin embargo, la crisis política y económica en Venezuela ha provocado ya que al menos 25.000 ciudadanos españoles hayan abandonado el país en 2019.
  • Ana Luisa Fermín ha encontrado en la orfebrería, además de una fuente de ingresos para su familia, una oportunidad de generar empleos para otras personas que no sabían cómo atravesar la crisis. “Aposté por el país, en principio, porque no tenía cómo irme a otro lugar. No quería paralizarme y no quería abandonarlo porque su economía estuviera fracasando”. Confiesa que para emprender actualmente en Venezuela se necesita, además del capital, valentía y mucha perseverancia. Desde 2017, el país ha entrado en hiperinflación, con una inflación interanual entonces de 1370%. Para 2020, el Fondo Monetario Internacional estima que esta alcance 500.000%. “Hay más obstáculos que en épocas anteriores. La hiperinflación ha dolarizado el mercado. Para sobrevivir tienes que diseñar constantemente nuevas estrategias que se ajusten a las necesidades de quien te compra”, así explica Ana Luisa la fórmula que ha sostenido su negocio los últimos 20 años y con la que espera seguir construyendo país. “En Venezuela he crecido y me he hecho un nombre en la orfebrería. Sería muy ingrato de mi parte irme con mis "cuatro lochas [moneda de 12 céntimo y medio bolívar]" e invertirlas en otro país”, agrega.
    2Ana Luisa Fermín (1965). Orfebre y comerciante. Ana Luisa Fermín ha encontrado en la orfebrería, además de una fuente de ingresos para su familia, una oportunidad de generar empleos para otras personas que no sabían cómo atravesar la crisis. “Aposté por el país, en principio, porque no tenía cómo irme a otro lugar. No quería paralizarme y no quería abandonarlo porque su economía estuviera fracasando”. Confiesa que para emprender actualmente en Venezuela se necesita, además del capital, valentía y mucha perseverancia. Desde 2017, el país ha entrado en hiperinflación, con una inflación interanual entonces de 1370%. Para 2020, el Fondo Monetario Internacional estima que esta alcance 500.000%. “Hay más obstáculos que en épocas anteriores. La hiperinflación ha dolarizado el mercado. Para sobrevivir tienes que diseñar constantemente nuevas estrategias que se ajusten a las necesidades de quien te compra”, así explica Ana Luisa la fórmula que ha sostenido su negocio los últimos 20 años y con la que espera seguir construyendo país. “En Venezuela he crecido y me he hecho un nombre en la orfebrería. Sería muy ingrato de mi parte irme con mis "cuatro lochas [moneda de 12 céntimo y medio bolívar]" e invertirlas en otro país”, agrega.
  • A Roberto, sus padres le enseñaron a amar Venezuela. Su padre, Salomón Cohén Levy, nació en Jerusalén pero hizo de la arepa su desayuno puntual a las 9.00 cada día. Fundó Sambil en 1958, la empresa de construcción que ahora dirige la segunda y la tercera generación de la familia Cohén, y a cuya directiva pertenece Roberto Cohén. En 2017, la empresa se estrenó en España con el centro comercial Sambil Outlet, ubicado en el barrio de La Fortuna (Madrid). “Venezuela es un país que ha sido rico por mucho tiempo, ha habido muy buenos negocios y muchos empresarios están en deuda con el país”, señala Roberto y agrega que Venezuela, como otros países, atraviesa una crisis económica que tiene un retorno futuro. Aun así, afirma que el mayor trabajo de recuperación en el país se tiene que enfocar en lo social y lo político. “El reto es Venezuela, el reto es regresar a la normalidad. De las tres crisis, la más fácil de recuperar es la económica”, plantea y explica que para ello se debe conseguir seguridad jurídica que fortalezca la inversión privada nacional y extranjera. En 2008, el expresidente Hugo Chávez expropió a Constructora Sambil un centro comercial, de 21.064 metros cuadrados y 240 locales, que tenía previsto abrir en el sector La Candelaria (Caracas), tras la que 4.000 empleados directos y 6.000 indirectos perdieron su trabajo, según el Frente en Defensa del Norte de Caracas. Entre el 2002 y 2016, el Gobierno expropió 692 empresas a capitales privados.
    3Roberto Cohén (1959). Ingeniero civil. Director de Constructora Sambil. A Roberto, sus padres le enseñaron a amar Venezuela. Su padre, Salomón Cohén Levy, nació en Jerusalén pero hizo de la arepa su desayuno puntual a las 9.00 cada día. Fundó Sambil en 1958, la empresa de construcción que ahora dirige la segunda y la tercera generación de la familia Cohén, y a cuya directiva pertenece Roberto Cohén. En 2017, la empresa se estrenó en España con el centro comercial Sambil Outlet, ubicado en el barrio de La Fortuna (Madrid). “Venezuela es un país que ha sido rico por mucho tiempo, ha habido muy buenos negocios y muchos empresarios están en deuda con el país”, señala Roberto y agrega que Venezuela, como otros países, atraviesa una crisis económica que tiene un retorno futuro. Aun así, afirma que el mayor trabajo de recuperación en el país se tiene que enfocar en lo social y lo político. “El reto es Venezuela, el reto es regresar a la normalidad. De las tres crisis, la más fácil de recuperar es la económica”, plantea y explica que para ello se debe conseguir seguridad jurídica que fortalezca la inversión privada nacional y extranjera. En 2008, el expresidente Hugo Chávez expropió a Constructora Sambil un centro comercial, de 21.064 metros cuadrados y 240 locales, que tenía previsto abrir en el sector La Candelaria (Caracas), tras la que 4.000 empleados directos y 6.000 indirectos perdieron su trabajo, según el Frente en Defensa del Norte de Caracas. Entre el 2002 y 2016, el Gobierno expropió 692 empresas a capitales privados.
  • De lo único que se lamenta Claudia Valladares, en su concepción del ImpactHub en 2013, es de no haber previsto más espacio aparte de los 650 metros cuadrados que ocupa la aceleradora actualmente. Una lista de casi 200 emprendedores con proyectos que hacen vida en el ImpactHub, permite a Valladares afirmar que el talento venezolano que ocupa sus pasillos es creativo, trabajador y abierto al cambio. “Este país exige que seamos ágiles y flexibles”, explica y sostiene que una de las estrategias más valiosa de su negocio consiste en crear valor social, con proyectos que acercan a niños y jóvenes de sectores más desfavorecidos hacia un entorno de emprendimiento, tecnología y refuerzo de valores. Ha vivido en siete países, pero solo ha encontrado en Venezuela la tierra para echar raíces. “Me encanta el país y su gente. Aquí no nos fijamos en el color de piel, ni en el color de ojos de nadie. Los venezolanos somos un poquito de muchos lugares: tenemos las panaderías de los portugueses, la tasca de los españoles, la Colonia Tovar de los Alemanes. A Venezuela le debo todo lo que soy”. Agrega que su entrega al proyecto país no depende de que haya cambios a corto plazo necesariamente: “Venezuela no tiene sino alternativas para que le vaya mejor y mi compromiso es con las futuras generaciones”.
    4Claudia Valladares (1968). Emprendedora social. Cofundadora y directora de ImpactHub Caracas. De lo único que se lamenta Claudia Valladares, en su concepción del ImpactHub en 2013, es de no haber previsto más espacio aparte de los 650 metros cuadrados que ocupa la aceleradora actualmente. Una lista de casi 200 emprendedores con proyectos que hacen vida en el ImpactHub, permite a Valladares afirmar que el talento venezolano que ocupa sus pasillos es creativo, trabajador y abierto al cambio. “Este país exige que seamos ágiles y flexibles”, explica y sostiene que una de las estrategias más valiosa de su negocio consiste en crear valor social, con proyectos que acercan a niños y jóvenes de sectores más desfavorecidos hacia un entorno de emprendimiento, tecnología y refuerzo de valores. Ha vivido en siete países, pero solo ha encontrado en Venezuela la tierra para echar raíces. “Me encanta el país y su gente. Aquí no nos fijamos en el color de piel, ni en el color de ojos de nadie. Los venezolanos somos un poquito de muchos lugares: tenemos las panaderías de los portugueses, la tasca de los españoles, la Colonia Tovar de los Alemanes. A Venezuela le debo todo lo que soy”. Agrega que su entrega al proyecto país no depende de que haya cambios a corto plazo necesariamente: “Venezuela no tiene sino alternativas para que le vaya mejor y mi compromiso es con las futuras generaciones”.
  • No hablar mal de Venezuela es el lema de Horacio Velutini. Es abogado, empresario y presidente del Fondo de Valores Inmobiliarios, una compañía dedicada a la gestión y asesoría de activos financieros e inmobiliarios en el país. Aun así, su optimismo por Venezuela es su principal tarjeta de presentación. “Los países no se acaban, siempre hay alguien tratando de hacer algo”, afirma y plantea que las circunstancias que rodean la crisis económica, política y social actual no son ajenas a las gestiones de Gobiernos anteriores. “La Venezuela que se inició en 1999 fue producto de ineficiencia, corrupción y dependencia del petróleo. Han pasado 20 años y las circunstancias se mantienen. Pero esto sucedía también en 1983”. En ese año, el país sufrió la primera devaluación de la moneda. Pero la hiperinflación del país se ha intensificado desde 2008. Bajo el régimen chavista, la moneda ha sufrido dos devaluaciones que han reducido el salario mínimo mensual hasta los 2 dólares (1,79 euros). Sin embargo, para Horacio, estas crisis traen consigo oportunidades para generar valor. “No puedo voltearme e irme a otro país. Tengo la oportunidad de hacer una diferencia aquí, de generar un impacto en Venezuela en medio de una crisis histórica”, señala y explica que la mejor estrategia para atravesar los años de incertidumbre consiste en construir los planes, los proyectos y las empresas en la que cada persona se visualice en el futuro.
    5Horacio Velutini (1961). Presidente ejecutivo del Fondo de Valores Inmobiliarios. No hablar mal de Venezuela es el lema de Horacio Velutini. Es abogado, empresario y presidente del Fondo de Valores Inmobiliarios, una compañía dedicada a la gestión y asesoría de activos financieros e inmobiliarios en el país. Aun así, su optimismo por Venezuela es su principal tarjeta de presentación. “Los países no se acaban, siempre hay alguien tratando de hacer algo”, afirma y plantea que las circunstancias que rodean la crisis económica, política y social actual no son ajenas a las gestiones de Gobiernos anteriores. “La Venezuela que se inició en 1999 fue producto de ineficiencia, corrupción y dependencia del petróleo. Han pasado 20 años y las circunstancias se mantienen. Pero esto sucedía también en 1983”. En ese año, el país sufrió la primera devaluación de la moneda. Pero la hiperinflación del país se ha intensificado desde 2008. Bajo el régimen chavista, la moneda ha sufrido dos devaluaciones que han reducido el salario mínimo mensual hasta los 2 dólares (1,79 euros). Sin embargo, para Horacio, estas crisis traen consigo oportunidades para generar valor. “No puedo voltearme e irme a otro país. Tengo la oportunidad de hacer una diferencia aquí, de generar un impacto en Venezuela en medio de una crisis histórica”, señala y explica que la mejor estrategia para atravesar los años de incertidumbre consiste en construir los planes, los proyectos y las empresas en la que cada persona se visualice en el futuro.
  • En el centro comercial que se levanta en Petare (Venezuela), el barrio más peligroso de América Latina, Saladino es conocida por su optimismo incansable y su perseverancia para reabrir sus negocios. Pero su apuesta económica por Venezuela es secundaria. Su principal motivación reside en invertir y recuperar el tejido social del país. “Quiero la Venezuela que viví de joven. Quiero que el venezolano sea amigable de nuevo y que solo discutamos por los resultados de los partidos de béisbol”, afirma. Junto a su familia tiene tres panaderías que no trabajan a su máxima capacidad actualmente. Para Saladino, el mayor reto de los pequeños comerciantes es la restricción de la materia prima. Ingredientes como la harina, el azúcar y la margarina los debe comprar "bachaqueados", la modalidad informal de comercialización de productos de consumo en escasez bajo la que se ha regido el mercado en los últimos años. En esta, los dueños y gerentes de supermercados privados o gubernamentales se alían con vendedores informales para revender la mercancía regulada y obtener hasta 100 veces más de lo gastado. Ya en 2016, 70% de las personas que hacían las colas a diario para conseguir productos diarios eran “bachaqueros”, según la encuestadora Datanálisis. A pesar de estos obstáculos, Saladino se apega a una palabra: resiliencia. “Todo lo que tengo, lo tengo en este país. Para pasar trabajo en otro lado, prefiero invertir mi tiempo en Venezuela”.
    6Vitina Saladino (1962). Comerciante. En el centro comercial que se levanta en Petare (Venezuela), el barrio más peligroso de América Latina, Saladino es conocida por su optimismo incansable y su perseverancia para reabrir sus negocios. Pero su apuesta económica por Venezuela es secundaria. Su principal motivación reside en invertir y recuperar el tejido social del país. “Quiero la Venezuela que viví de joven. Quiero que el venezolano sea amigable de nuevo y que solo discutamos por los resultados de los partidos de béisbol”, afirma. Junto a su familia tiene tres panaderías que no trabajan a su máxima capacidad actualmente. Para Saladino, el mayor reto de los pequeños comerciantes es la restricción de la materia prima. Ingredientes como la harina, el azúcar y la margarina los debe comprar "bachaqueados", la modalidad informal de comercialización de productos de consumo en escasez bajo la que se ha regido el mercado en los últimos años. En esta, los dueños y gerentes de supermercados privados o gubernamentales se alían con vendedores informales para revender la mercancía regulada y obtener hasta 100 veces más de lo gastado. Ya en 2016, 70% de las personas que hacían las colas a diario para conseguir productos diarios eran “bachaqueros”, según la encuestadora Datanálisis. A pesar de estos obstáculos, Saladino se apega a una palabra: resiliencia. “Todo lo que tengo, lo tengo en este país. Para pasar trabajo en otro lado, prefiero invertir mi tiempo en Venezuela”.
  • Carlos Pérez admite que las condiciones económicas del país para iniciar un negocio, actualmente, son menos favorables que en las décadas anteriores. Él mismo se reconoce como uno de los beneficiados de la bonanza petrolera de los años setenta, desconocida por la generación que hoy protagoniza la diáspora venezolana, que solo en la Comunidad de Madrid suma 20.000 venezolanos cada año desde 2008. “Con las botas puestas voy a defender este país que me vio crecer”, explica, convencido de que la crisis económica por la que atraviesa Venezuela es una oportunidad de cambio para el sector empresarial. “Los países no cierran. El último país fácil de la tierra era Venezuela. Cuando pase la crisis tendremos una generación de venezolanos con otra mentalidad, sin la idea del gasto y del facilismo”. En 2008, se registraban un poco más de 800.000 firmas en todo el país, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela. Para 2017, el número de empresas registradas bajó hasta 270.000. La recuperación del sector empresarial, según Carlos Pérez depende de cuatro focos de inversión: educación para reemplazar la fuga de talento, recapitalización para saldar el dinero que también emigró del país, refinanciamiento del sector público con la ayuda de organismos internacionales y un nuevo juego de reglas de convivencia que surja del reencuentro entre venezolanos.
    7Carlos Pérez (1971). Presidente Ejecutivo de Ferretotal. Carlos Pérez admite que las condiciones económicas del país para iniciar un negocio, actualmente, son menos favorables que en las décadas anteriores. Él mismo se reconoce como uno de los beneficiados de la bonanza petrolera de los años setenta, desconocida por la generación que hoy protagoniza la diáspora venezolana, que solo en la Comunidad de Madrid suma 20.000 venezolanos cada año desde 2008. “Con las botas puestas voy a defender este país que me vio crecer”, explica, convencido de que la crisis económica por la que atraviesa Venezuela es una oportunidad de cambio para el sector empresarial. “Los países no cierran. El último país fácil de la tierra era Venezuela. Cuando pase la crisis tendremos una generación de venezolanos con otra mentalidad, sin la idea del gasto y del facilismo”. En 2008, se registraban un poco más de 800.000 firmas en todo el país, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela. Para 2017, el número de empresas registradas bajó hasta 270.000. La recuperación del sector empresarial, según Carlos Pérez depende de cuatro focos de inversión: educación para reemplazar la fuga de talento, recapitalización para saldar el dinero que también emigró del país, refinanciamiento del sector público con la ayuda de organismos internacionales y un nuevo juego de reglas de convivencia que surja del reencuentro entre venezolanos.
  • Desde hace 10 años, Arlé es la encargada de una peluquería que tiene con su familia. En el mostrador del negocio se ofrecen dulces, accesorios y productos para el cabello. “Yo siempre invento y sigo aquí luchando. Solo tengo dos empleados porque muchos se han tenido que ir para sostener desde el extranjero a su familia que aún reside en el país”. Aunque la clientela de la peluquería es menor, no desiste de la idea de que el país avance en una mejor dirección. Destaca que en Venezuela, actualmente, se sobrevive con las ayudas que se brindan entre familiares. Las remesas se han convertido en la salvación de quienes tienen a un hijo, un sobrino u otro familiar en el extranjero. este sistema se ha consolidado como la segunda fuente de ingresos al país, después del petróleo, según la firma venezolana Ecoanalítica. En solo tres años, el envío de remesas pasó de 78 millones de dólares en 2016 (algo más de 70 millones de euros), a cerca de 3.700 millones de dólares en 2019 (unos 3.326 millones de euros). Además del dinero en metálico, los medicamentos son otra ayuda vital para quienes quedan en Venezuela. “Mi yerno siempre está preocupado por mí y cada vez que viaja nos trae a su madre y a mí las medicinas que necesitamos”, explica. El desabastecimiento del 85% en farmacias y hospitales he llevado a los venezolanos a pedir en redes sociales aquello que necesitan. De cada 10 medicinas que se buscan, sólo se encuentran una y media.
    8Arlé Aguilera (1955). Comerciante. Desde hace 10 años, Arlé es la encargada de una peluquería que tiene con su familia. En el mostrador del negocio se ofrecen dulces, accesorios y productos para el cabello. “Yo siempre invento y sigo aquí luchando. Solo tengo dos empleados porque muchos se han tenido que ir para sostener desde el extranjero a su familia que aún reside en el país”. Aunque la clientela de la peluquería es menor, no desiste de la idea de que el país avance en una mejor dirección. Destaca que en Venezuela, actualmente, se sobrevive con las ayudas que se brindan entre familiares. Las remesas se han convertido en la salvación de quienes tienen a un hijo, un sobrino u otro familiar en el extranjero. este sistema se ha consolidado como la segunda fuente de ingresos al país, después del petróleo, según la firma venezolana Ecoanalítica. En solo tres años, el envío de remesas pasó de 78 millones de dólares en 2016 (algo más de 70 millones de euros), a cerca de 3.700 millones de dólares en 2019 (unos 3.326 millones de euros). Además del dinero en metálico, los medicamentos son otra ayuda vital para quienes quedan en Venezuela. “Mi yerno siempre está preocupado por mí y cada vez que viaja nos trae a su madre y a mí las medicinas que necesitamos”, explica. El desabastecimiento del 85% en farmacias y hospitales he llevado a los venezolanos a pedir en redes sociales aquello que necesitan. De cada 10 medicinas que se buscan, sólo se encuentran una y media.