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Demoliciones en Cisjordania

La política de Israel de destruir propiedades palestinas no es compatible con sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario. Muchos hogares palestinos viven hoy con el temor al desalojo forzoso

Demoliciones en Cisjordania

Más de 900 soldados y policías israelíes irrumpieron en la madrugada del lunes en el barrio de Wadi Hummus, en las afueras de Sur Baher, un pueblo al sureste de Jerusalén en Cisjordania. Las familias palestinas fueron arrancadas de sus camas y expulsadas de sus hogares por la fuerza. Bajo una gran angustia, fueron testigos impotentes de una operación a gran escala, una de las mayores operaciones de destrucción de infraestructuras palestinas llevadas a cabo desde el inicio de la ocupación en 1967.

El plan de demolición afecta a 13 edificios con unos 100 apartamentos y a un total de 367 personas. Aunque solo unas pocas viviendas estaban habitadas, otras estaban en construcción y muchas a la espera de ser ocupadas por sus respectivos dueños. Entre los desplazados por la fuerza y afectados por las demoliciones se encuentran refugiados de Palestina, a los que una vez más, se les obliga a abandonar sus hogares.

Las Agencias Humanitarias estaban preparadas para ofrecer ayuda a los afectados, pero ninguna ayuda puede reemplazar las enormes pérdidas financieras y sentimentales, así como daños psicológicos sufridos por sus propietarios. Era su hogar, el hogar que habían construido para sus familias. Muchos habían invertido sus ahorros de toda la vida, después de obtener los permisos de construcción requeridos por la Autoridad Palestina. Ahora, además, tienen que hacer frente a los gastos de la demolición, una medida absolutamente denigrante impuesta por Israel que solo suma dolor y sufrimiento.

Lo que representa una casa, más allá del lugar donde se vive, es una sensación de seguridad. Un hogar es el lugar donde se protege a la familia, se la cuida, se depositan las pertenencias y se acumulan los bienes y los recuerdos. Es el espacio donde se termina la rutina diaria, se descansa y se planifica el mañana.

Lo sucedido en Sur Baher sienta un precedente alarmante para las viviendas palestinas cercanas al muro

La demolición destruye todos los medios de seguridad de las familias. Es aún peor que tener que abandonar una casa voluntariamente o por la fuerza, ya que todo lo que representa el hogar se convierte en escombros ante tus ojos. Después llegan la desesperación, el miedo, la inseguridad y la impotencia de tener que proteger y cuidar a una familia sin un techo que la cubra.

Los desalojos forzosos y las demoliciones de casas en la Palestina ocupada, incluida Jerusalén Este, generalmente se suelen llevar a cabo sin previo aviso. A menudo, la única advertencia es el retumbar de las excavadoras del ejército israelí, y los habitantes apenas tienen tiempo para huir cuando las excavadoras comienzan a derribar los muros de sus viviendas. Una vez demolidas, hombres, mujeres y niños regresan a las ruinas de sus hogares en busca de cualquier cosa que pueda ser rescatada de entre los escombros: pasaportes u otros documentos, libros de texto o los juguetes de los niños, ropa, utensilios de cocina o muebles que no hayan sido destruidos. Para evitar este episodio, una familia palestina amenazada por una orden de demolición me contó que sus hijos se llevaban los juguetes al colegio, puesto que tenían miedo de que cuando regresaran tras la jornada escolar, su casa ya no estuviera y sus bienes más preciados hubiesen sido engullidos por los buldóceres.

Las demoliciones en Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, son bastante comunes. Según OCHA, desde el año 2009, Israel ha destruido 6.114 infraestructuras, desplazando a 9.488 personas. Además de a las viviendas, las demoliciones también afectan a las escuelas, clínicas, pozos de agua y otros medios de subsistencia.

Israel no permite prácticamente ninguna construcción palestina en Jerusalén Este o en el área C —el 60% de Cisjordania que según los Acuerdos de Oslo permanece bajo el control militar israelí. Esto obliga a los palestinos a construir sin permiso en su propia tierra y vivir con un miedo constante a las demoliciones. Sin embargo, Sur Baher está ubicado en el área A de Cisjordania, que según los mismos acuerdos quedan bajo el control civil y de seguridad palestino y cuya construcción no requiere la aprobación de Israel, sino del permiso de la Autoridad Palestina.

Los palestinos apelaron al Tribunal Superior de Israel, pero fue en vano. El tribunal dictaminó a favor del Ministerio de Defensa y rechazó una petición para posponer las demoliciones, dando luz verde a las fuerzas israelíes para comenzar la campaña de destrucción. Esta vez las autoridades israelíes señalan que las demoliciones se están llevando a cabo por “razones de seguridad”, alegando que los edificios fueron construidos demasiado cerca del muro.

Las condenas de la Unión Europea y de Naciones Unidas no han frenado la destrucción de infraestructuras palestinas

Hace años, Israel prohibió la construcción a 250 metros del muro, el cual se extiende principalmente a través de Cisjordania. Sin embargo, la política de Israel de destruir propiedades palestinas no es compatible con sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario. La destrucción de la propiedad privada en el territorio ocupado solo está permitida cuando sea absolutamente necesaria para operaciones militares, lo que no es aplicable en este caso. Además, provoca desalojos forzosos y contribuye al riesgo de transferencias forzadas, ambos ilegales según el derecho internacional humanitario.

En 2004, la Corte Internacional de Justicia dictaminó contra la legalidad de la construcción del muro, y señaló que en las partes del mismo que discurren dentro de Cisjordania, incluida Jerusalén Este, como es el caso de Sur Baher, no pueden existir justificaciones por exigencias militares y, por lo tanto, viola las obligaciones de Israel en virtud del derecho internacional. Hace poco más de 15 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución ES-10/15, de 20 de julio de 2004, exigió a Israel que cumpliera con sus obligaciones legales según lo establecido en la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia.

Sin embargo, Israel no solo ha incumplido esta resolución, sino que ha continuado expandiendo sus asentamientos en el territorio palestino ocupado, incluyendo Jerusalén Este y transfiriendo colonos, contraviniendo de esta manera los Convenios de Ginebra y sus protocolos adicionales.

Lo sucedido en Sur Baher es aún más importante, ya que sienta un precedente alarmante para todas las viviendas pertenecientes a residentes palestinos que se encuentran cerca del muro. Las condenas de la Unión Europea y de las Agencias de Naciones Unidas no han frenado las demoliciones de infraestructuras palestinas. Si se hubieran tomado medidas concretas para garantizar el respeto al derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, el pueblo de Sur Baher no estaría experimentando el trauma vivido estos días, ni sus derechos hubiesen sido violados. Muchos hogares palestinos están hoy en día bajo amenaza de demolición, sus ocupantes viven con el temor de desalojo forzoso y la destrucción de sus viviendas. ¿Seguiremos mirando hacia otro lado?

Raquel Martí es directora de UNRWA España.

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