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Paso de gigante

La investidura se aleja tras el órdago de Unidas Podemos a Sánchez

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez durante una reunión en el palacio de La Moncloa en mayo.
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez durante una reunión en el palacio de La Moncloa en mayo. REUTERS

Las bases de Unidas Podemos se han pronunciado rotundamente a favor de que su líder, Pablo Iglesias, exija al partido socialista formar parte del Gobierno para apoyar la investidura de su candidato a la presidencia, Pedro Sánchez. Con esta decisión se reducen aún más las posibilidades de un acuerdo entre estas dos fuerzas políticas, que necesitarían todavía del apoyo o de la abstención de otros grupos parlamentarios para constituir el Ejecutivo en minoría. Iglesias quiso cortarse a sí mismo la retirada en la negociación a fin de colocar a Sánchez ante la disyuntiva de integrarlo en su eventual Ejecutivo o, en caso contrario, renunciar a ser investido. Sólo que, creyendo desplazar toda la presión hacia el candidato socialista, Iglesias se ha arriesgado a sumar dos nuevos errores a los que ya ha cometido: votar por segunda vez en contra del partido que puede desarrollar las políticas sociales más próximas a las suyas, y provocar una repetición electoral que, de cumplirse los pronósticos, reduciría drásticamente sus apoyos.

La respuesta del partido socialista al órdago de Iglesias ha consistido en flexibilizar su posición negociadora inicial, aceptando la presencia de miembros de la dirección de Unidas Podemos en un eventual Gobierno, siempre y cuando no se tratase del líder de la formación. De este modo, Sánchez y su equipo intentan escapar al dilema ante el que Iglesias quiso colocarlos convocando la consulta, y tienden a sus pies una encrucijada equivalente. Si Iglesias renuncia a sentarse en el Consejo de Ministros, habrá Gobierno de coalición entre el partido socialista y Unidas Podemos. Pero si se parapeta detrás del resultado de la tendenciosa consulta a las bases, entonces se habrá dado un paso de gigante en dirección a una nueva convocatoria electoral. Con independencia de cuál sea la decisión última de Iglesias, la dureza de los envites cruzados con el candidato socialista es prueba suficiente de que ningún Gobierno que incluyese a ambos es posible. Ni de cooperación ni de coalición: un Ejecutivo con Sánchez e Iglesias en la misma mesa sería, simplemente, un artefacto de relojería.

El descarnado juego táctico entre ambos líderes se cobró ayer una víctima colateral en La Rioja, donde la candidata socialista, Concha Andreu, no obtuvo la investidura por el voto en contra de la única diputada de Unidas Podemos en la Cámara regional, Raquel Romero. Tanto Unidas Podemos como el partido socialista eran conscientes de que el resultado que se produjera en esta comunidad tendría efectos inmediatos sobre la investidura de Pedro Sánchez, pendiente de una ecuación política más compleja pero en la que el partido de Iglesias es también imprescindible. Cualquier cesión de una de las partes en La Rioja sería interpretada por la otra como un indicio de los límites en las negociaciones previas al pleno del próximo lunes. Y por esta razón, La Rioja acabó sumándose ayer a la lista de autonomías donde la constitución de un Ejecutivo se encuentra bloqueada, si bien, en este caso, por las diferencias entre los partidos de izquierda y no entre los de la derecha, como sucede en Murcia y Madrid.

Al igual que en las tragedias clásicas, confiar obstinadamente en que tarde o temprano el otro acabará cediendo puede conceder la victoria a quien parte en desventaja, pero también provocar que el desenlace escape al control de todos, y que el retorno a las urnas resulte inevitable. En La Rioja y en el resto de España.

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