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La historia del crimen que Stieg Larsson pudo haber resuelto (de no haber muerto de un infarto)

El sueco pasará a la historia como un grande de la novela negra. Un libro nos cuenta que por poco no le recordamos también como quien resolvió el asesinato de Olof Palme

Olof Palme, aquí en el parlamento sueco, decidió un viernes de 1986 ir al cine sin escolta. La peor idea desde que Lincoln fue al teatro.
Olof Palme, aquí en el parlamento sueco, decidió un viernes de 1986 ir al cine sin escolta. La peor idea desde que Lincoln fue al teatro.

Stieg Larsson. El Legado comienza con una cita de Lou Reed. “En Suecia me entra miedo. Es que… es desolador, todo el mundo va borracho. Todo funciona. Si te paras en un semáforo en rojo y no apagas el motor, alguien se te acerca y te lo comenta. Vas al botiquín y hay un aviso: ‘En caso de suicidio: llamar al…’. Pones la tele y emiten una operación de oído. Esas cosas me asustan”.

Jan Stocklassa, el autor del libro, se ríe al recordar la cita. Su investigación trata de resolver el asesinato de Olof Palme, el primer ministro sueco muerto de un disparo en 1986, pero también revela que ese ideal del estado del bienestar llamado Suecia tiene una cara siniestra repleta de grupos de extrema derecha y conspiraciones. “Si esto fuera una guía turística quizás sería más amable. Si alguien me preguntara cómo es Suecia, primero le daría la cita de Lou Reed y luego le llevaría a mi casa en el campo”, dice. “En verano”, puntualiza. “En nuestro corto verano”, repuntualiza.

Stocklassa llegó casi por casualidad a la investigación del asesinato, cerrada en falso “más por incapacidad de la policía sueca que por corrupción”, afirma. Y así descubrió que el crimen había sido investigado por Stieg Larsson, autor de la trilogía Millenium y estrella póstuma de la novela negra. “Llegó muy cerca pero su muerte en 2004 de un infarto le impidió rematar”. Él aventura un nombre, vinculado al régimen sudafricano del apartheid. “Debe tener sentido porque la policía sueca y la sudafricana han vuelto a abrir la investigación después de la publicación del libro”, señala. ¿Ha cambiado algo desde la muerte de Palme? “Éramos un país extremadamente naíf. Ahora somos solo naíf”.

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