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Cómo disfrutar de Canarias sin sol y sin playa

La imagen de las islas Canarias como paraíso de tumbonas y daiquiris baratos quedó hace tiempo superada, aunque muchos no se han enterado. Aquí van diez lugares para descubrir al margen de las hamacas playeras

Canarias
El denso bosque de laurisilva de Anaga, Tenerife.

Los clichés son malos compañero del desarrollo turístico. Muchas regiones basaron de manera tan intensa su imagen y su publicidad en un modelo concreto... que ahora les es difícil revertir. Es el caso de Canarias. Archipiélago al que muchos viajeros siguen creyendo que solo se puede ir a tumbarse al sol en una playa y beber daiquiris de garrafón en un complejo todo incluido. He estado en todas las islas Canarias docenas de veces y creo que nunca me he bañado en el mar. He ido siempre en busca de esos otros innumerables atractivos de interior —el senderismo, por ejemplo— que los alemanes descubrieron hace décadas y de los que nosotros aún ni nos hemos enterado. Estos son algunos de esos atractivos de las Canarias para disfrutarlas sin sol y sin playa:

La selva húmeda de laurisilva, parque nacional Garajonay.
La selva húmeda de laurisilva, parque nacional Garajonay.

1. Parque nacional de Garajonay (La Gomera)

La isla de La Gomera alberga uno de los bosques más peculiares de España: la selva húmeda de laurisilva, vestigio de los bosques que en el Terciario poblaron toda la cuenca mediterránea y que apenas han sobrevivido en Sudamérica y en las escarpadas laderas de algunas islas macaronesias (Canarias, Azores y Cabo Verde) gracias a la envoltura de nieblas que ascienden desde el océano e impregnan sus cumbres. El monteverde —como llaman los canarios a la laurisilva— de La Gomera ocupa casi 5.000 hectáreas, la tercera parte de todo este bosque húmedo y misterioso que aún queda en el archipiélago. Un biotopo capaz de transportarnos varios millones de años atrás. El parque nacional de Garajonay está surcado por varios senderos que permiten descubrirlo a pie. Informan de ellos en el centro de acogida del parque.

Vista panorámica del barranco de Guayadeque.
Vista panorámica del barranco de Guayadeque.

2. Barrancos de Guayadeque y Tirajana (Gran Canaria)

Un elemento característico de la orografía grancanaria son los barrancos. Esta es una isla vertical, de plano inclinado, con increíbles paredes de piedra que parecen talladas para proteger algún tesoro oculto o defender un castillo imaginario. Entre ellas se abren grandes tajos que rasgan la coraza pétrea de la isla en canal, barrancos que se descuelgan desde las cumbres hasta el mar por efecto del agua de escorrentía. Como el de Guayadeque, que estuvo profusamente habitado por los canarii, los aborígenes de las islas antes de la llegada de los castellanos. Por su interior corren senderos que permiten apreciar su morfología accidentada. Los barrancos de San Bartolomé de Tirajana fracturan todo el sector sureste de la isla, como si alguien hubiera pasado un rastrillo gigantesco desde la cumbre hasta las playas de Maspalomas. Entre estos tubos de piedra, a veces de proporciones increíbles, se esconden parajes fabulosos como los riscos de Tirajana, un espacio natural protegido, o el palmeral de Taidia, donde hay numerosos yacimientos prehispánicos. También el parque natural de Pilancones, un espacio torturado y recorrido por profundos barrancos en cuyo fondo discurren arroyos temporales.

Sendero en la ruta de los Volcanes, La Palma.
Sendero en la ruta de los Volcanes, La Palma.

3. Ruta de los Volcanes (La Palma)

La Palma, como todas las Canarias, es obra de los volcanes. Pero en la isla bonita, Vulcano se empleó con especial intensidad, elevando su escasa superficie hasta los 2.426 metros del Roque de los Muchachos. Todo el espinazo montañoso de la isla es un cordal de volcanes extintos cercanos a los 2.000 metros que forman uno de los paisajes más espectaculares del archipiélago. Y por él corre la senda más fotogénica también de todas: la ruta de los Volcanes. Un sendero que va desde el refugio del Pilar hasta Fuencaliente enlazando cráter con cráter a través de un paisaje torturado y único, donde la lava, las escorias y las extrusiones basálticas pintan el decorado con toda la gama del ocre al negro. Solo los pinos canarios, adaptados de forma modélica al fuego, ponen una brizna de verdor en este escenario del Génesis. La ruta de los volcanes no presenta ninguna dificultad técnica, pero precisa de una buena condición física para afrontar la larga caminata, llena de subidas y bajadas por terrenos escabrosos.

Sendero señalizado en el parque rural de Teno.
Sendero señalizado en el parque rural de Teno.

4. Teno y Anaga, en Tenerife

Tenerife es un destino perfecto para los amantes del senderismo. El más famoso de los lugares para hacerlo sería el parque nacional del Teide. Pero a mí me gusta más otra zona menos conocida: el macizo de Anaga, la accidentada península noreste de la isla, cubierta todavía por un denso bosque de laurisilva y poblada por caseríos diseminados en los que perviven la cultura y las raíces tinerfeñas. El parque rural de Teno, en la esquina noroeste cuenta también con muchos senderos señalizados y una interesante reserva etnográfica de la isla que fue y ya no es.

El camino de la Virgen: veintisiete kilómetros de longitud y un desnivel considerable.
El camino de la Virgen: veintisiete kilómetros de longitud y un desnivel considerable.

5. El camino de la Virgen (El Hierro)

En la pequeña isla de El Hierro se puede caminar por un sendero cargado de historia. Se trata del camino que une la ermita de la Virgen de los Reyes, en un extremo de la isla, y Valverde, la capital, en la otra punta, por el que cada cuatro años se celebra la Bajada de la Virgen. La romería conmemora un hecho acaecido en 1745, cuando una feroz sequía hizo agonizar los campos herreños. Los pastores de la Dehesa decidieron sacar en rogativa a su señora, la Virgen de los Reyes, pero el clero se lo prohibió. Ellos hicieron caso omiso del veto y de noche, casi a escondidas, llevaron a la virgen desde su ermita hasta Valverde, cruzando toda la isla por las cumbres volcánicas para no ser vistos. Dicen que al amanecer rompió a llover. El camino que siguieron discurre aún hoy por toda la cumbre del Malpaso y está perfectamente delimitado por rayas, en las que los habitantes de un municipio deben entregar la Virgen a los del siguiente, de manera que todos la porten en su viaje. Es un sendero largo y con mucho desnivel, pero como dicen los herreños: "Por ver a la Madre Amada no siento la caminada".

Observatorio astrofísico en el Roque de Los Muchachos, la montaña más alta en La Palma.
Observatorio astrofísico en el Roque de Los Muchachos, la montaña más alta en La Palma.

6. Caldera de Taburiente (La Palma)

Tres de los cuatro parques nacionales canarios se encuentran en islas pequeñas. El de la Caldera de Taburiente, en La Palma, es uno de los más espectaculares para el visitante. Un gigantesco cono de más de 4.600 hectáreas de superficie y 2.400 metros de altitud que modela y da forma a la isla. Aunque hay muchas teorías, la mayoría de expertos coincide en señalar que una serie de volcanes submarinos levantó la isla hasta unos 3.000 metros de altitud. Posteriormente, la erosión del agua y los hundimientos geológicos fueron excavando el gigantesco agujero hasta que el agua de precipitación, muy abundante en La Palma, acabó por romper una de sus paredes y creó esa curiosa forma de herradura que ahora muestra. Un sendero bien trazado permite recorrer toda la cresta de este abismo y alcanzar a pie la cima de la isla, el Roque de los Muchachos, a cuyos pies se encuentra el Observatorio Astrofísico de Canarias.

Punta de Orchilla, el extremo oeste de El Hierro.
Punta de Orchilla, el extremo oeste de El Hierro.

7. Faro de Orchilla y ladera del Julan (El Hierro)

El Hierro es la isla menos "sol y playa" de Canarias. De hecho, prácticamente no tiene playas. Sus muchos atractivos (es mi isla favorita) radican en el interior volcánico. Uno de los lugares donde el vulcanismo se presenta más salvaje es en la punta de Orchilla, el extremo oeste de la isla. Un sensacional lajial —terreno más o menos llano formado por lava reciente— al que se accede por una estrecha pista, después de mil curvas y vueltas, que no hacen sino magnificar el descubrimiento de un paisaje salido del fuego y el magma y que termina en el enigmático faro de Orchilla. Otro lugar impactante formado también por los volcanes es El Julan, una de las mayores pendientes volcánicas del mundo, monumento natural que derrama sus escarpes de lava solidificada directamente desde la cumbre de Malpaso, a 1.501 metros de altitud, hasta unos 500 metros por debajo del nivel del mar, mostrando por el camino todos los pisos ecológicos de esta isla-museo.

Granadilla de Abona (Tenerife).
Granadilla de Abona (Tenerife).

8. Pueblos de las medianías (Gran Canaria, Tenerife)

La medianía, palabra hermosa donde las haya, define en las Canarias esa franja de terreno a media altura, entre los 600 y 800 metros sobre el nivel del mar, donde los castellanos construyeron los primeros asentamientos de las islas para protegerse por un lado de los continuos ataques de piratas y por otro aprovechar la bonanza del clima en estas alturas y el mayor grado de humedad para los cultivos. En las medianías está la mayoría de localidades históricas, las que conservan el encanto de la piedra volcánica y la cal, casas solariegas canarias de grandes balconadas de madera o viviendas humildes de muros recios de piedra negra, pequeños vanos en los muros y techo de madera a cuatro aguas. Medianías como las de Guía de Isora, Granadilla de Abona o Los Realejos, en Tenerife. Como Teror, Telde, Agüimes, Artenara y Tarifa, en Gran Canaria.

El sublime paisaje del parque nacional Timanfaya (Lanzarote).
El sublime paisaje del parque nacional Timanfaya (Lanzarote).

9. Timanfaya (Lanzarote)

Si hay un parque nacional que refleje el efecto de los volcanes, es este de Lanzarote. Un trozo de tierra muy joven —casi una recién nacida en términos geológicos— pues vio la luz en las erupciones de 1730 a 1736. Por eso, y por la escasa presencia humana en ese territorio, hoy conserva una de las mayores diversidades biológicas del archipiélago en una sensacional escenificación de la magia del fuego creador. Timanfaya ocupa unos 50 kilómetros cuadrados al suroeste de la isla, entre los municipios de Yaiza y Tinajo. Tiene más de 25 conos volcánicos repartidos por su superficie, algunos tan emblemáticos como la Montaña de Fuego, la Montaña Rajada o la Caldera del Corazoncillo.

Vistas desde el mirador Morro Velosa, Betancuria.
Vistas desde el mirador Morro Velosa, Betancuria.

10. Betancuria y los miradores (Fuerteventura)

Hasta en la isla más volcada al sol y la playa, como es Fuerteventura y sus interminables arenales de Jandía, hay cosas que hacer en el interior. Por ejemplo seguir lentamente la carretera FV-30, que cruza la isla, y detenerse sin prisas en sus muchos miradores. El de Morro Velosa, construido por César Manrique; el de Guise y Ayose, con las esculturas de estos dos reyes majos. O el del risco de las Peñas. Y terminar viaje en Betancuria, una agradable localidad que conserva las mejores muestras de la arquitectura tradicional canaria a base de piedra volcánica. Fue la primera capital de la isla.

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