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La nueva vida de Mario Conde y su familia

El expresidente de Banesto, imagen de triunfador de los años ochenta, parece haber recuperado la tranquilidad tras su paso por la cárcel, tiene una nueva novia y se muestra orgulloso de los logros de sus hijos

Mario Conde, en Madrid, en 2015.
Mario Conde, en Madrid, en 2015.

Mario Conde fue el símbolo del triunfador de los años ochenta en España. A su atildada planta forjada a base de caros trajes de corte impecable, camisas de cuello ligeramente alto, corbata y pelo engominado, unía ese semblante de triunfador con el que se paseaba seguro y ufano por aquellos años en los se convirtió en empresario de éxito y llegó a la presidencia de Banesto. El 28 de diciembre de 1993 cayó el mito. El Banco de España echó a Mario Conde de la presidencia de Banesto y se vio obligado a reflotar la entidad para no provocar una crisis de graves consecuencias para la economía. El Estado aportó 600 millones de euros que nunca se recuperaron. Los bancos privados pusieron otra cantidad similar. El banco Santander compró Banesto por 1.900 millones de euros, pero ni así se llegó a cubrir el agujero de 3.644 millones que alcanzó de lleno a los accionistas de Banesto.

Mario Conde fue acusado de apropiación indebida, estafa y falsedad y fue condenado a 20 años de prisión. Ingresó en la cárcel de Alcalá Meco en 1998 y hasta 2005 no obtuvo el tercer grado que le permitía salir diariamente de la cárcel y pasar todos los fines de semana en libertad. En abril de 2016 volvió a ser encarcelado acusado de traer a España 13 millones de euros escondidos en diversos paraísos fiscales, una causa en la que se vieron implicados sus hijos, Mario y Alejandra, y su yerno. El 24 de octubre el juez Santiago Pedraz, instructor de la causa, decidió archivar la investigación al considerar que los fondos eran anteriores a la época de Conde como presidente de Banesto y que no encontraba relación alguna que demostrara que ese dinero procedía del dinero obtenido de su paso por la entidad bancaria o de cualquier otro tipo de actividad ilegal. Meses después la fiscalía anticorrupción recurría la decisión por considerarla prematura, y desde entonces el silencio y la tranquilidad parecen haber llegado a la vida del banquero.

Esta semana el exbanquero ha vuelto a ser noticia, pero lo ha hecho para mostrar su orgullo de padre y ha publicado una fotografía de su hija Alejandra en Instagram acompañada de un texto que da prueba de ello: “Mi hija Alejandra con botas de diseño Miguel Palacio, fabricadas por la empresa que han montado para penetrar en este mundo. ¿Acaso no es legítimo que un padre se sienta orgulloso de una hija como la mía que siempre avanza, nunca retrocede antes las adversidades del vivir?”. Frases que resumen esa nueva vida que su entorno describe como una nueva fase en la que Conde y su familia han recuperado la tranquilidad tras años convulsos.

Alejandra Conde se vio sumida en el tsunami judicial de su padre en 2016 cuando fue detenida como presunta testaferro de su padre. Después de dos días detenida se negó a declarar ante el juez instructor y solo pidió entre lágrimas poder cuidar de su hijo de seis años gravemente enfermo. El juez permitió que cumpliera arresto domiciliario para cuidar del menor y después de varias semanas también la permitió acompañarle al hospital cuando fuese necesario.

Hoy aquello parece una historia del pasado. Alejandra, casada con Fernando Guasch y madre de tres hijos, siempre ha demostrado ser una mujer polifacética. Estudió Derecho, trabajó en la banca americana Morgan Stanley, creó una empresa de eventos junto a unas amigas llamada A-típica y en 2011 abandonó todos sus negocios para centrarse en los de su padre. Cuando se produjo su detención en 2016 ella era socia, consejera delegada y administradora única de las empresas que su padre creó tras salir por primera vez de la cárcel, dedicadas al aceite, la cosmética, fincas y explotación agrícola. Con su hermano Mario también llevaba una empresa dedicada a la compraventa de bienes inmuebles, Black Royal Oak. Desde el año pasado se ha lanzado al mundo de la moda en colaboración con Miguel Palacio, de quien es amiga desde hace años y que fue quien diseño su vestido de boda cuando se casó en 2004 en Los Carrizos, la finca que la familia posee en Sevilla. El diseñador ha corroborado a El Confidencial que son amigos y que ella colabora en el desarrollo de la parte de su negocio orientado al calzado, bolsos y cinturones que se venden a través de web y que fabrica Letón, una empresa de Elche con la que Palacio ha establecido un acuerdo.

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El diseñador ha aclarado al mismo medio que la idea de introducirse en el mundo del calzado fue de ella y la describe como una mujer de “una energía y una fuerza admirables. Es muy fuerte y positiva y nunca ve las dificultades, sino siempre las posibilidades”. El mismo sentimiento que reflejan las palabras de su conocido padre que, desde hace un año, mantiene una relación sentimental con Pilar Marín, de 43 años, una sevillana a la que conoció en una fiesta que se celebró precisamente en su finca Los Carrizos, 27 años más joven que él, y a quien él mismo ha descrito así: "Se ha dicho que es una persona muy simpática, muy agradable, pero es más que eso: es una persona seria, muy trabajadora y muy responsable". La primera esposa de Conde, Lourdes Arroyo, murió en 2007 a causa de un tumor cerebral. Con ella estuvo casado durante 34 años y después de tres años de viudedad el expresidente de Banesto volvió a contraer matrimonio en Ourense con María Pérez-Ugena, profesora de Derecho de la universidad Rey Juan Carlos de Madrid, de quien se divorció en febrero de 2016.

En la actualidad su relación con Pilar Marín, la buena evolución de la enfermedad de su nieto y su aparente tranquilidad judicial son responsables de este nuevo camino, en el que aún queda pendiente que la Justicia le exonere definitivamente de cualquier culpa sobre su último proceso judicial y liquide definitivamente sus deudas con Hacienda en cuya última lista de morosos, publicada el 31 de diciembre de 2017, Mario Conde figura con una deuda de cerca de 15 millones de euros. Tribulaciones que no parecen empañar la felicidad actual del que fue ejemplo de hombre de éxito y después epítome de los casos de corrupción y abuso de poder de toda una época de España.

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