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Por qué triunfan los libros de autoayuda y más simplezas

La simplificación del mensaje político nos debería enseñar que hay asuntos que no se resuelven con un “sí” y un “no”

Una librería en Londres.
Una librería en Londres. AFP

En la Edad Media, los hombres arrojaban los libros al fuego y Dios hacía arder los que contenían herejías mientras salvaba aquellos que eran fieles a la verdad, como hizo con el de Santo Domingo en un milagro pintado por Berruguete en 1490. Eran buenos tiempos, aquellos. La “prueba de fuego” o “juicio de Dios” resolvía los grandes asuntos antes de que fuéramos sucumbiendo poco a poco a las incertidumbres que hoy nos acechan.

En 2018, según The Guardian, se han disparado las ventas de libros de autoayuda, que en general son otra forma de curar la complejidad con tiritas. Paremos un momento aquí. En realidad no son libros de autoayuda, puesto que no dispensan una búsqueda íntima de soluciones sino consejos de gurúes, famosos, influencers y otros propietarios de verdades en tiempos confusos. Pero la turbulencia política en el Reino Unido ha generado ese récord histórico de ventas en la búsqueda de referentes cuando han fracasado los habituales en medio de un Brexit que va devorando a los políticos que lo tocan como devora la estabilidad del país.

La simplificación del mensaje político que supuso ese referéndum nos debería enseñar que hay asuntos que no se resuelven con un “sí” y un “no”, pero sigue expandiéndose por el mundo y hoy amenaza a España como el fuego medieval. Sí o no. Verdad o herejía. Truco o trato. Españoles de bien y los demás. Feministas liberales o excluyentes. Salvapatrias o destructores de España. Voluntad del pueblo o democracia. El discurso se está articulando en torno a dicotomías, postulados binarios y maniqueísmos que desconocen la riqueza vital que es capaz de generar la variedad.

La complejidad del momento parece hoy reñida con el pensamiento y, por el contrario, sucumbe en una cascada de simplezas. Pero digamos la verdad: ni Dios va a salvar los libros que contengan la verdad, como creían hace demasiados siglos, ni la supuesta autoayuda marcada por nuevos gurúes nos va a dar respuestas. Solo aceptar esa complejidad, la diversidad y la capacidad de acuerdos sin imponer la identidad propia a la ajena puede salvarnos. Eso sí sería de gran (auto) ayuda.

 

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