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SOCIEDAD

¿Por qué unos jóvenes se convierten en criminales y otros no?

Un equipo de investigación de la Universidad de Saint Louis en Senegal estudia los factores que llevan a algunos a cometer actos violentos y qué contribuye a ayudarles a salir de esa espiral

Foto: Mor Ngoné, joven del barrio de Darou, en Saint Louis, Senegal. Vídeo: Luis Manuel Rivas y Patricia Peiró
Saint Louis (Senegal)

“Hay chavales que dejan muy pronto los estudios y luego no tienen ni carrera ni trabajo. Pero quieren tener un móvil bonito como todos, así que solo les queda robar”. Esta realidad la relata Mor Ngoné, sastre de 22 años, mientras vuelve a casa de recoger a su hermano en el colegio. Caminan por las calles de tierra en el barrio de Darou, en Saint Louis (Senegal), considerado por los lugareños como un sitio relativamente peligroso. “Están obligados a cometer delitos para sobrevivir, aquí todos conocemos a alguien a quien le han robado en casa, sobre todo móviles y corderos”, añade.

Este ha sido uno de los distritos elegido por un grupo de investigadores de la Universidad Gaston Berger para analizar qué hace que unos jóvenes se conviertan en criminales, mientras que otros en contextos más o menos iguales esquiven la violencia. El estudio se centra en Senegal y en Burkina Faso, pero aspira a ser una radiografía global de los factores que fomentan la delincuencia y agresividad o la resiliencia a la misma. "Hay muchos informes sobre lo que causa la violencia pero raros son los análisis sobre la resistencia a la misma", apunta el profesor Babaly Sall, coordinador del proyecto. El estudio ha recibido el apoyo del Centro de Investigación de Desarrollo Internacional de Canadá (IDRC y CRDI por sus siglas en inglés y en francés). Los tipos de violencia analizados van desde los robos hasta el homicidio, pasando por las peleas y agresiones y el método empleado han sido encuestas y entrevistas con jóvenes entre 15 y 35 años.

Si nos fijamos en los datos, el foco de la investigación tiene sentido. Según los últimos cálculos del Banco Mundial, hay 239 millones de personas entre 15 y 24 años en el continente, lo que lo convierte en la región más joven del planeta. Se espera que en 2050 la población juvenil africana llegue al doble de esta cifra. Para dar una idea de la magnitud, el crecimiento de la población infantil en África requerirá un aumento de más de 11 millones de profesionales en el sector de la sanidad y la educación durante la próxima década, según Unicef.

El estudio se ha centrado en jóvenes que han crecido en ambientes complicados pero no son violentos y aquellos que tienen un pasado de delincuentes, pero lograron superarlo. "El objetivo es ayudar a las nuevas generaciones a resistir y revertir el fenómeno gracias a la ciencia", añade el profesor. Un ejemplo de la primera tipología es Fatou Sarr, de 20 años y también vecina del barrio de Darou. A pesar del entorno —ella misma relata cómo dependiendo de la hora los taxis se niegan a entrar en este barrio— es estudiante de Geografía en la universidad, al igual que casi todo su grupo de amigos.

Cuando escucha la conversación su hermana pequeña acude a la entrada de la casa y apunta: "Yo formo parte de la asociación de jóvenes del distrito. Somos 42 personas y organizamos actividades como limpieza de las calles o consultorías médicas gratuitas". Lo lazos de la vecindad siguen representando un pilar de la convivencia en este país. Para hablar con los jóvenes de este barrio ha sido necesaria una visita previa al jefe de la comunidad, una figura que cumple con los requisitos de ser un hombre respetado por sus vecinos y que ostenta cierta autoridad moral.

Fatou Sarr junto a su hermana en la puerta de su casa.
Fatou Sarr junto a su hermana en la puerta de su casa.

Estos son dos de los factores que precisamente ha identificado la investigación como fundamentales para contener la delincuencia: la fortaleza de la comunidad y las posibilidades económicas (que se traducen por ejemplo en acceder a estudiar una carrera). "Pero por encima de todo, lo que permite salir de la violencia es la consciencia individual de tu situación. Más que las medidas de la comunidad o el Estado", puntualiza Sall. Pape Fall, joven albañil de 25 años vecino de este distrito que fue objeto de estudio reconoce que en el pasado esta zona era más violenta: "Antes había muchas peleas tras los partidos de fútbol o de lucha senegalesa (un deporte semejante a la modalidad canaria), pero ahora es más seguro, creo que ha habido un proceso de concienciación ciudadana".

Las conclusiones de este estudio serán presentadas al Gobierno del país , de modo que la Administración disponga de datos fiables para orientar sus políticas de prevención de la criminalidad. Entre las recomendaciones para que los ciudadanos adquieran esa consciencia de la que habla el profesor figuran el de crear un programa económico de formación profesional en el que se capacite a los jóvenes para realizar un trabajo (semejante al sistema español) y a la vez se les den clases de convivencia. Los dos países en los que se ha desarrollado el proyecto dejan cifras para la reflexión: en Burkina Faso el 75% de la población activa no tiene estudios y en Senegal el 60% de los parados tienen entre 15 y 34 años. Ambos datos provienen de sus respectivos Gobiernos. Otra de las conclusiones que se extraen de la investigación es la falta de confianza en el sistema institucional, porque solo un 2% de los encuestados consideró que la justicia había tenido un papel relevante en la contención de la violencia en su entorno.

Solo un 2% de los encuestados consideró que la justicia había tenido un papel relevante en la contención de la violencia en su entorno

"Nuestra otra gran propuesta es formar a personas que hayan dejado atrás un pasado problemático para que relaten esa experiencia a los chavales y así puedan tener referentes", recalca Sall. "Por ejemplo tuvimos oportunidad de asistir a un taller en el que un exdrogadicto comparte su recorrido con un grupo que está intentando desengancharse. Eso es muy valioso". Se trata de medidas que existen de modo informal o dispersado y que los autores de la investigación proponen que se gestionen como políticas nacionales.

Un amplio estudio elaborado por la Agencia Nacional de Seguridad de Senegal junto a la Universidad de Dakar y presentado a mediados de 2018 mostró que uno de cada tres ciudadanos había sido agredido al menos una vez en su vida. En un continente en el que escasean los datos y las estadísticas, el informe se presentó como el primer gran mapa de la delincuencia en un país africano. La encuesta reveló que los ciudadanos no se sienten seguros. El 63% declaró que tiene miedo al estar solos en su hogar. El 40% de las personas piensan que están en riesgo en su vecindario y el 53% temía ser agredido de noche. A pesar de estas percepciones, el ministro del Interior, Aly Ngouille Ndiaye, destacó que delitos como las violaciones o los robos están muy controlados.

Saïda Sarr otra joven de 20 años que trabaja en una casa de Darou resume la situación con la que se pueden identificar muchos de su edad: "No creo que quiera vivir en este barrio, yo ya sé que por las noches no me puedo mover sola. Mi sueño es montar mi propio taller y cuando tenga estabilidad formar una familia".

De la preparación mística a mujeres de paz

La investigación recoge algunos casos de estudio concretos para identificar estrategias de contención de la criminalidad que ya han funcionado. Una de ellas es la de las llamadas mujeres de la paz de Casamance. "El área de Palmerais fue en el pasado un foco de rebelión. La peculiaridad es que hay en esta zona un movimiento llevado a cabo por las mujeres para promover la paz, mientras que en el pasado jugaron un papel en el conflicto de Casamance. Fueron responsables de la preparación mística de los combatientes y también sirvieron como fuerza de propaganda", reza el estudio. Los investigadores analizaron esta evolución y qué les ha hecho continuar con esta dinámica pacífica. Otros de los elementos analizados han sido la fuerza del hip hop para mejorar entornos donde la delincuencia era el pan de cada día o cómo una simple calle puede suponer la diferencia entre un entorno peligroso y otro que no incluso dentro de un mismo distrito.

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