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IDEAS OPINIÓN i

El poliamor es un asunto feminista

La monogamia patriarcal es históricamente posesiva, obsesiva y potencialmente mortal, sobre todo para las mujeres. Pero quizá estos sean sus últimos estertores

Fotograma de la serie 'Tú, yo y ella', en Netflix.
Fotograma de la serie 'Tú, yo y ella', en Netflix.

Existen muchos insultos soeces para las mujeres no monógamas, y estoy segura de que se les ocurren algunos. A mí me han llamado casi de todo. Pero, ¿por qué suelen ser nombres específicos para mujeres?

Lo cierto es que las palabras para denigrar a los hombres no monógamos no nos sirven de mucho. Históricamente se les ha permitido casarse con más de una mujer, tener amantes oficiales o simplemente engañar con relativa impunidad. La no monogamia masculina se ha aceptado como ley de vida. De hecho, hay algunos nombres positivos para los hombres que se acuestan con muchas mujeres, como “semental”. Por otro lado, se dice que las mujeres son monógamas por naturaleza. De modo que, si ella tiene más de una pareja, se deduce que es mala, antinatural y poco femenina. Schopenhauer lo expresa así: “La fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural en la mujer, y en consecuencia, el adulterio por parte de la mujer es mucho menos perdonable que por parte del hombre”. Qué oportuno.

El hecho de pontificar sobre lo que es “natural” en lo que se refiere al género es normalmente una señal de alarma, o al menos da pie a que hagamos un análisis más profundo. La filósofa contemporánea Kate Manne define la misoginia como el brazo ejecutor del sexismo: un sistema de mecanismos sociales establecido para recompensar a las mujeres que cumplen expectativas patriarcales y castigar a las que no lo hacen. La monogamia es una de esas principales expectativas. Por lo tanto, se puede entender que tildar a alguien de “putón” es una parte esencial de la misoginia en el sentido de Manne.

Pero, un momento, a lo mejor están pensando que la monogamia, probablemente, es buena para las mujeres. ¿No es un paso en una dirección feminista el acabar con los amoríos masculinos y la poligamia al estilo del Antiguo Testamento? Quizá, si esas son las únicas alternativas. Pero es una dicotomía descaradamente falsa. ¿Qué tal si nos dan la libertad de elegir nosotras mismas qué tipo de relaciones queremos?

La no monogamia ética se puede practicar con una mentalidad feminista. Y también la monogamia ética. Pero ambas deberían consensuarse y elegirse libremente. La monogamia obligatoria nos priva del derecho a elegir. O peor aún, la monogamia patriarcal es históricamente posesiva, obsesiva y potencialmente mortal, sobre todo para las mujeres. Los prejuicios de género persistentes hacen que se trate con benevolencia a hombres que han matado a sus mujeres por una infidelidad (real o percibida).

En resumidas cuentas, si alguien va a controlar mi vida amorosa, decirme que lo hace por mi propio bien no hace más que echar sal en la herida.

Entonces, ¿qué impulsa a los desconocidos a insultar a una mujer poliamorosa en Internet? Desde el punto de vista de las perjudicadas, este tipo de ataques verbales parecen provocados por la ira, como muchos otros aspectos de la misoginia. Pero la ira es a menudo una reinterpretación del miedo. El miedo a perder el control sobre la sexualidad de las mujeres, y su atención romántica, amenaza profundamente la frágil sensación de que los hombres tienen derecho a ellas, fomentada desde hace mucho tiempo por las narrativas patriarcales.

Mi esperanza es que quizá estemos atravesando la fase de extinción, los últimos estertores de la monogamia patriarcal obligatoria. Se trata, a la larga, de un pensamiento optimista, pero según mi experiencia, cuando se habla de la monogamia y el género, dentro y fuera del mundo académico, me encuentro con que los jóvenes, en líneas generales, entienden mucho mejor estos temas que sus mayores. Los niños están enseñando a sus padres. Mis alumnos han superado a mis compañeros. Y creo que eso es algo muy positivo.

Carrie Jenkins es profesora de Filosofía en la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) y autora de ‘What Love Is and What It Could Be’ (Lo que el amor es y lo que podría ser).

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