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Cincuentonas

La gravedad es unisex, Yann Moix, y muchas de las viejas cincuentonas a las que repudias no te tocaríamos ni con un puntero láser

Yann Moix
El escritor francés Yann Moix en 2013. AFP

El mejor programa de flora y fauna ibérica se llama First Dates, y no salen ni flores ni bichos, sino hombres y mujeres interpretando la ceremonia del cortejo ante la audiencia. Será el efecto espejo, pero me fascinan las parejas heterosexuales en torno al medio siglo. Qué espectáculo de la naturaleza. Cincuentones y cincuentonas con más de media vida y milagros a la chepa y la jeta desplegando sus plumas a ver si culminan. Ellas suelen lucir más lozanas, pero menos seguras. Y eso que van alicatadas hasta el cuello. La hora de la verdad es la terrorífica. Pasados ciertos umbrales, quitarte la ropa, las prótesis y las máscaras y ofrecer tus carnes mortales a un nuevo amante es un hito para la autoestima y el amor propio, que no siempre son lo mismo. No habla una solo de sí misma. Amigas y conocidas, mujeres bellísimas, listísimas y solventísimas, me dicen lo mismo. Podemos culpar al machismo, al bombardeo de la cosmética, al culto a la juventud, pero hoy parece que si te arrugas o se te caen los pechos al ombligo es por tu culpa. Por dejada, por cobarde, por tacaña. Por vieja. Y vamos nosotras y nos lo creemos.

Yann Moix, un escritor francés de medio pelo, ha confesado ser incapaz de amar a una mujer de 50 años por ser vieja, y preferir a las de 25. Un señor a quien le gustan jóvenes, lo nunca visto. La noticia no es esa. Lo inaudito es que nos sigue afectando. Porque una cosa es lo que decimos y otra lo que íntima, dolorosa, vergonzantemente sentimos. Ante las críticas, por cierto, Moix ha dicho no estar orgulloso, pero que no va a pedir disculpas por sus gustos. Totalmente de acuerdo. A mí tampoco me ponen los misóginos, sobre todo si no se les caen medio metro más de la vergüenza los testículos que ya les cuelgan por las rodillas. La gravedad es unisex, querido, y muchas de las viejas cincuentonas a las que repudias no te tocaríamos ni con un puntero láser. ¿A que no das crédito?

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