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Polarización

Conviene saber por dónde van los tiros antes de que nos den en la cabeza, Y en las urnas

El móvil es el cofre de nuestras vergüenzas.
El móvil es el cofre de nuestras vergüenzas. REUTERS

Estos días me he salido de un par de grupos de WhatsApp de esos en los que te meten por quedar bien con todos y de los que no te vas por no quedar mal con nadie. Durante el curso, de prisa en prisa, no les echas cuenta. Sabes de qué pie cojean y te abstienes de comentarios por no tenerla. Estos días con más tiempo he constatado cómo están según qué patios y he decidido que conmigo no cuenten en según qué aquelarres. Ni días de amor ni noches de paz que valgan. No aguantaba un minuto más tamaño bombardeo. Barbaridades sobre inmigrantes, feministas, homosexuales, mendigos, indepes. Bravatas racistas, machistas, homófobas, clasistas. Soflamas supremacistas de toda supremacía hechas por personas a las que conoces, aprecias y a veces, admiras. Gente que quizá callaba lo que ahora dice y que ahora lo pregona envalentonada por la euforia de quien sale de la cueva y sabe que tiene quorum.

Bien, he cometido un error. Cada vez conozco a más gente que no ve los telediarios, ni lee los periódicos, ni oye las noticias de la radio. Porque se cabrea, porque se deprime, porque se altera, porque se aburre, porque se siente ignorada. Prefieren vivir en su burbuja y alimentarse de la papilla personalizada y predeglutida que les endosa su móvil, que les conoce mejor que si les hubiera parido, porque a una madre se le miente, pero el móvil es el cofre de nuestras vergüenzas. Mientras, en vez de rebatirles, los enterados les castigamos con el látigo de nuestra indiferencia y nuestro desprecio. Porque son unos incultos, unos estrechos, unos fachas. Puede. Pero son nuestros parientes, nuestros vecinos, nuestros amigos. Nuestros grupos de WhatsApp en persona. En cuanto pasen las fiestas, pido el reingreso aduciendo que no me fui queriendo, sino que se me fue el dedo con las copas. Conviene saber por dónde van los tiros antes de que nos den en la cabeza. Y en las urnas.

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