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La vuelta al viejo mundo

Vuelven los nacionalismos de la mano de una ultraderecha desacomplejada y la Luna aparece otra vez como objetivo en una nueva carrera espacial

Un avión cruza el cielo ante la luna.
Un avión cruza el cielo ante la luna. AP

Cuando cayó el muro de Berlín poco podíamos imaginar que treinta años después algunos de los más inquietantes signos del mundo que dejábamos atrás volverían. Vuelven los nacionalismos de la mano de una ultraderecha desacomplejada; vuelven los aranceles y las pulsiones proteccionistas y vuelve también, con toda su crudeza, la carrera armamentista. Rusia ha desarrollado nuevos misiles hipersónicos capaces de penetrar los escudos protectores desplegados por EE UU mientras China trata de hacerse con el control de minerales como el coltán o el tungsteno, esenciales para la industria 4.0.

Y, justo cuando se cumple medio siglo de la llegada a la Luna, vuelve también la carrera por el espacio, que es una forma de luchar por el predominio tecnológico y militar. El 21 de diciembre se cumplieron 50 años del lanzamiento del Apollo 8, que para el astronauta Michael Collins fue el más importante porque era la primera vez que los humanos rompían el cordón umbilical con la Tierra y salían al espacio. En julio se cumplirán 50 años del lanzamiento del Apollo 11 con tres astronautas a bordo, Collins, Armstrong y Aldrin. Dos de ellos pusieron por primera vez el pie —y la bandera— en suelo lunar. Entre 1969 y 1972 otras seis naves hicieron el viaje. En total, 12 personas se pasearon por el satélite. Pero el programa Apollo decayó y desde entonces nadie había mostrado interés en volver.

Hasta ahora. La Luna aparece otra vez como objetivo en una nueva carrera espacial. Esta vez con la participación entusiasta de China, que de momento ha enviado una sonda a la cara oculta y ha previsto importantes inversiones para su programa Tiangong y los cohetes Larga Marcha. Científicos japoneses trabajan también en el diseño de un espacio habitable en la Luna con capacidad para abastecerse de energía, reciclar el aire y cultivar alimentos, con la idea de que pueda sustituir a la Estación Espacial Internacional. Rusia acaba de anunciar un proyecto para construir una colonia permanente en 2040, aunque sin demasiada concreción. Y Trump no quiere ser menos. Si hay que volver a la Luna, se volverá, pero él, genio y figura, apunta más lejos: quiere plantar la bandera en Marte antes de que se acabe su mandato. El mundo que viene se parece cada vez más al mundo de ayer.

 

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