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“El 100% de los fracasos con nuestros hijos se debe a una mala gestión de las emociones”

Rafael Guerrero, psicólogo, asegura que hay que legitimar las emociones de los niños para que aprendan a gestionarlas

Rafael Guerrero.
Rafael Guerrero.

El apego es el vínculo emocional entre un recién nacido y sus padres o cuidadores. Es como el cordón umbilical de los sentimientos. Y la manera en la que se establece marcará al niño, también de adulto. Esto lo sabe muy bien Rafael Guerrero, psicólogo madrileño de 37 años y doctor en Educación. Lo cuenta en el libro Educación emocional y apego. Pautas prácticas para gestionar las emociones en casa y en el aula (Libros Cúpula), que ha publicado el pasado septiembre. Guerrero es profesor en la Universidad Complutense de Madrid. Y se nota, porque se desvive explicando con elocuencia lo que más le preocupa: que todo el mundo disfrute del apego seguro, una especie de colchón emocional con el que resistir los golpes de la vida. Y es que solo lo disfruta el 60% de la población. El resto, avisa, convive con un vínculo inseguro que magulla la existencia. Lo bueno, es que “se puede reparar en cualquier momento, hasta con 70 años”, cuenta.

PREGUNTA. ¿De qué depende el tipo de apego?

RESPUESTA. De cómo ha sido la relación con los padres. Quien tiene apego seguro tuvo una relación íntima, sana y respetuosa con ellos. Y estos le animaron a ser autónomo, pero a su ritmo.

P. ¿Por qué es importante tener un apego seguro?

R. Porque quienes lo tienen son más resilientes. Se sienten seguros a nivel académico, laboral y social. Además, no se vienen abajo tan fácilmente a la hora de afrontar una muerte o ante cualquier conflicto. Son personas más emprendedoras que entienden que el error forma parte del aprendizaje. Tener un apego seguro es fantástico.

P. ¿Cómo se crea?

R. El neonato es dependiente y cualquier situación va a ser una amenaza para él, de modo que la obligación del padre o la madre es darle seguridad e intimidad cuando surge algo en su entorno o en su cabeza que le desequilibra. Lo que le desregule emocionalmente puede ser un hermano que ha estallado un globo o monstruos que viven en su imaginación. Y cuando esto pase hay que abrazarle y calmarle, contándole la situación. Solo cuando el niño está en equilibrio, se puede favorecer su autonomía. Así se establece el vínculo. Aunque es importante advertir que no se puede desarrollar apego seguro en un hijo si no se es apego seguro; es algo transgeneracional, de interacción.

P. ¿Y cómo se sabe qué apego se tiene?

R. Si todo provoca angustia y se está constantemente con sensación de no controlar la situación es que ocurre algo. Ese es un síntoma de apego inseguro. Y quien lo sufre es porque de pequeño no tuvo una figura de apego que le preparara para manejar esas sensaciones. Por eso es muy importante enseñar a los niños a frustrarse, a esperar, a sentirse nervioso y a aceptar la incertidumbre.

P. ¿Qué consecuencias tiene no establecer ese vínculo íntimo con los padres?

R. La principal es que serán personas inseguras con una autoestima muy baja. No van a confiar en ellas mismas. Por ejemplo, si se van con la familia a Egipto, el viaje se les disparará la ansiedad. Tendrán sensación de desamparo: como adultos con mente de niño. Y es que las emociones van por un canal diferente del racional. No se puede dejar de estar nervioso porque uno mismo se lo imponga. El problema es que nos encontramos en una sociedad donde la emoción no siempre es permitida. A los varones, por ejemplo, no se les permite estar tristes y a las mujeres no se les permite estar furiosas. Y la emoción no es algo voluntario. Ya me encantaría estar siempre en modo zen, pero es imposible. No se puede controlar. Lo que sí se controla es la conducta social.

P. ¿Cuántos fracasos se deben a una mala gestión de las emociones?

R. El 100%. Puede que exagere, pero todo lo que veo en consulta tiene raíz emocional. Por ejemplo, si se valorara a los asesinos, se encontraría que en su casa pasaba algo serio: machismo, maltrato, abusos sexuales, agresividad…

P.  ¿Qué se puede hacer para mejorar la educación emocional?

R. Hay que facilitar que en el momento del nacimiento, padres y madres puedan disponer de un tiempo prolongado, cercano a un año como tienen los países nórdicos para favorecer el apego. Y habría que meter mucha mano al sistema educativo. Tenemos que darle importancia a la gestión de las emociones. Porque es lo más importante. Y al final, la regulación emocional es el trampolín que te lanza al futuro. Más vale tener una buena gestión emocional cuando se afronta una entrevista de trabajo, porque como se sea impulsivo mal asunto. O como no se tenga tolerancia a la frustración y no se sepa esperar.

P. ¿Qué límites hay para tratar el apego inseguro y la mala gestión emocional?

R. El apego se repara en cualquier momento, hasta a los 60 o 70 años. El problema es que cuanto más tiempo se tarde, más años sufrirán. Por eso es importante que como figuras de autoridad y de apego se legitime la emoción de nuestros niños. En consulta me encuentro a chavales jóvenes que dicen que nunca van a manifestar sus emociones porque eso es un síntoma de debilidad. Y esto es muy hiriente, que alguien no se sienta capaz de llorar, porque nadie se lo ha permitido… es duro.

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