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Una transición completa

Si no hay un consenso real, acabaremos construyendo varias verdades, ofreciendo justicias y reparaciones matizables o reversibles

Los diputados de UCD rodean al presidente Adolfo Suárez en la aprobación de la Constitución por el Parlamento (Senado y Congreso).
Los diputados de UCD rodean al presidente Adolfo Suárez en la aprobación de la Constitución por el Parlamento (Senado y Congreso).

Verdad. Justicia. Reparación. Garantía de no repetición. Para las víctimas, pero también para el conjunto de la sociedad. Estos son los cuatro pilares del sistema integral de justicia transicional colombiano. Un país que durante cinco décadas ha sufrido su propio conflicto civil diseñó un mecanismo para transitar hacia un estadio de paz (todavía no completamente logrado) que se basaba en cuatro premisas claras. España, pese a cumplir este mismo año más tiempo como democracia del que pasó como dictadura, parece que solo se ha ocupado por completo del último pilar, dejando a medias los otros tres.

Podría decirse que nuestro modelo de transición se basó en la premisa de que existía un dilema entre garantizar la no repetición del ciclo guerra civil-dictadura, y sacar a la luz toda la verdad, incluyendo además procesos de justicia y reparación a las víctimas. Que había razones para pensar en esos términos es algo que quedó demostrado, por desgracia, el 23-F. Al fin y al cabo, el actor con más poder de veto en cualquier proceso transicional es el Ejército. Y el español, en ese momento, demostró que estaba lo suficientemente alejado de las premisas democráticas como para suponer una amenaza.

Por fortuna, el golpe del 23-F también demostró que dicha amenaza no estaba en condiciones de imponer su voluntad. Pero sí mantuvo el miedo suspendido sobre las cabezas de los demócratas de uno y otro bando. La estrategia seguida por ambos fue sin duda pragmática, pero también adquirió una deuda. Completamos la transición a la democracia como mecanismo de autogobierno, pero no completamos la transición a un entorno político en el que todas las posiciones, pasadas y presentes, sientan que no existen deudas por saldar.

Tal vez ha llegado el momento de hacerlo, dado que la garantía de no repetición ya quedó más que asegurada. Para que el proceso sea ecuánime y conciliatorio debería contar con el consenso de todas las fuerzas políticas. Si no, acabaremos construyendo varias verdades, ofreciendo justicias y reparaciones matizables o reversibles. Justo lo contrario de lo que pretende una transición completa. @jorgegalindo

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