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Otra historia que contar

Poder describir alternativamente la realidad ayuda a preservar nuestra libertad

Nelson Mandela en la clausura de la XIII Conferencia Internacional del Sida en Durban (Suráfrica) en 2000.rn
Nelson Mandela en la clausura de la XIII Conferencia Internacional del Sida en Durban (Suráfrica) en 2000. REUTERS

Nuestro acercamiento al mundo y la forma en que lo pensamos suelen apoyarse en las descripciones de las que disponemos. Pero no se precipiten a juzgar mis palabras: no soy una posmoderna. Fue Marx, un radical ilustrado, quien nos enseñó que el acto de nombrar ya es en sí mismo transformador. Si a las relaciones de producción las llamamos “relaciones de explotación”, estamos haciendo algo más que describir el caso; ¡estamos llamando a la acción!

Por eso ahora que incluso el valor de la verdad, como algo a lo que debemos aspirar, ha dejado de ser el punto de referencia en la disputa política, resulta especialmente relevante el discurso pronunciado por Obama celebrando la ejemplaridad de la vida de Mandela. Porque al contarnos su historia, redescribe el mundo, mostrándolo desde otro horizonte. No es casual que el primer combate de los sátrapas se libre siempre contra la imaginación, pues poder describir alternativamente la realidad ayuda a preservar nuestra libertad.

El influjo de Madiba era tan brillante, nos cuenta Obama, que a finales del siglo XX su visión progresista y democrática “estableció los términos del debate político internacional”. Fue así, por ejemplo, con la igual dignidad de todos como principio universal frente al tribalismo reinante, o con su mirada a la democracia desde la complejidad frente a aquellos que la reducen, ayer y hoy, al mero hecho de votar. Al regalarnos la posibilidad de observar la realidad de otra manera, nos obliga a preguntarnos dónde estamos, desde qué lugar debatimos nuestros dilemas, qué fantasmas azuzan nuestros miedos o espolean nuestros valores.

Los cínicos dirán que son solo palabras bonitas, incapaces de destruir las viejas injusticias. Y sin embargo, revelan su contraste con el mundo de la retórica brutal de los autócratas. Si es verdad, como dice Obama, que hay en disputa dos visiones enfrentadas sobre “quiénes somos y quiénes debemos ser”, más vale apuntarnos a aquella que prescinde de cualquier antagonismo existencial, la que nos abre una pequeña puerta a la esperanza (si quieren, a la utopía), la que, en definitiva, nos permite pensar lo que hay a la luz de lo que podría ser. @MariamMartinezB

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