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Víctor Santana: “Mi estudio es mi paraíso; mis máquinas, mis niñas”

Entrevistamos al DJ y productor madrileño, que actuará en el festival Mad Cool

“El principio de cualquier DJ o cualquier músico está basado en la música de otros”, explica Víctor Santana -quien actuará el viernes 13 de julio en Mad Cool-  cuando le preguntamos cómo comenzó todo. Nos recibe con gorra, una prenda que luce siempre, camiseta, vaqueros y reloj. Ya no se llevan tanto y es una pena, pero él es de otra pasta. Un enamorado del sonido lo-fi y de lo analógico, pero consciente del tiempo en el que vivimos. “Grabo en digital, claro que me adapto a mi tiempo. Pero lo curioso es que a pesar de toda la evolución es muy difícil sonar con este ruido tan característico que había antes”.

Su estudio bien podría ser un laboratorio, o más bien un cuadro de mando de una estación espacial soviética. Nada de cables enmarañados, todo está en su lugar. "Mi estudio es el paraíso y mis máquinas, mis niñas, mi sueño", dice con los ojos como platos tocándolas con delicadeza con la palma de la mano. Parece Gollum fascinado con su anillo. La sala está tan bien sonorizada que tiene algo de inquietante: casi se escucha el silencio. Y no hay rastro de eco cuando se habla, como si las paredes absorbiesen el sonido. Además, se podría decir que está casi fortificada. Una puerta blindada separa la cámara del resto del habitáculo. Santana vivió los instantes más largos de su vida, con el corazón palpitando en su pecho cuando recibió una llamada. Le preguntaban si le había afectado la fuga de agua de una tubería en el exterior. Abrió temblando la puerta justo cuando consiguieron vaciar todo el agua y respiró de alivio cuando vio sus máquinas, sus bebés, intactas.

Víctor Santana no es un DJ cualquiera porque, entre otras cosas, tiene banda. Lo que aprende en cada sesión de Mondo Disko (en Madrid), donde es residente, lo lleva a la práctica en su proceso creativo: "Para mí era una necesidad personal llevar mis directos a un grado superior. Todo parte de mis sintetizadores, de mis cajas de ritmos, de mi secuenciador... Y a partir de ahí desarrollamos, vamos creando capas y armonizando con los instrumentos. Es una especie de jam session". Tiene tres tipos de sets para sus directos: en solitario con instrumentos 100% analógicos, con una banda de hasta cinco miembros y en trío, con un teclado y un saxo.

"En mi set tiro para muchos lados. Puedes escuchar desde Detroit techno, a house de Chicago, a electro típico; siempre pensando en la pista de baile. Es fácil ver que mi música tiene un alma negra aunque sea blanco. He amado desde bien pequeño el soul, el funk, el jazz, el hip hop,... Soy coleccionista de vinilos y tengo casi más vinilos de jazz y de funk que de música electrónica", asegura.

Para Santana la música ha sido mucho más que un compromiso, una pasión y un trabajo. Le ha servido también como ancla y como terapia. Padece, aunque no le gusta etiquetarlo como un problema, déficit de atención. Pero cuando está produciendo o creando, todo tiene sentido: "No sabía definirlo, pero te lleva a otro lugar. Yo soy capaz de concentrarme y en otros aspectos no. Yo entro al estudio y se me olvida el mundo".

Será un nombre más en el espectacular cartel que ha confeccionado el Mad Cool. Un festival que apuesta claramente por la electrónica en su tercera versión con otros nombres como Depeche Mode, Justice o The Bloody Beetrots; y que además lucha por visibilizar a los artistas locales a pesar de tener una intención de captar a público de todas partes del mundo. "Es como un sueño. Es la típica conversación que tienes con amigos tomándote un vino: 'He visto tu nombre al lado de Massive Attack'. Casi ni me lo creo. Es algo mágico", sentencia.

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