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La esposa de Kiko Rivera afirma que el Dj tiene “un problema serio de salud”

A sus deudas con Hacienda podrían sumarse ahora las reclamaciones de los empresarios afectados por la cancelación de sus actuaciones

Kiko Rivera y su mujer Irene Rosales en un evento en Madrid en 2016.
Kiko Rivera y su mujer Irene Rosales en un evento en Madrid en 2016. GETTY

Kiko Rivera sigue desaparecido desde que comunicó que se retiraba de todos sus compromisos laborales a causa de una depresión, pero tiene personas que hablan por él. Su esposa, Irene Rosales, ha concedido una exclusiva en la revista Semana en la que afirma que el Dj tiene “un problema serio de salud, un bajón más que físico, mental, psicológico” y que “necesita un parón profesional para poder estar bien”.

Según Rosales, su marido ha estado intentando poner parches a su situación bajando el ritmo de trabajo pero “necesita parar”. El hijo de Isabel Pantoja, según las declaraciones de su esposa, ha recibido el apoyo de toda su familia para tomar esta decisión. Y ni siquiera los posibles apuros económicos que puedan generar este paso atrás se anteponen porque “lo primero es la salud”. Irene Rosales descarta cualquier tipo de adicción de Kiko Rivera como causa de su situación psicológica o que haya tenido problemas con la banda gástrica que le colocaron y le ha hecho perder más de 30 kilos de peso. “Él jamás jugaría con una enfermedad”, dice su esposa, “le están haciendo pruebas y, por suerte, hemos podido cogerlo a tiempo para poder tratarse. El médico todavía no tiene un diagnóstico cerrado pero esperamos que llegue cuanto antes, para que Kiko se quede a gusto, sobre todo por los empresarios que han confiado en él para este verano”.

La familia del Dj de 33 años, pide que se le dé una tregua y que baje la presión mediática, a la que achacan parte de los problemas que sufre Rivera. “Él trabaja en el mundo de la noche desde que tenía 18 años y además tiene una presión mediática que hace que todo sea aún peor. Estaba descontrolado, agotado, con ansiedad. O lo hacía o le hubiese afectado la salud mucho más adelante y peor”. “La palabra grave es muy fuerte, pero esto es algo serio y no es nada inventado. Kiko necesita la desconexión total, tener una vida normal y estar relajado sin la presión mediática”, concluye Irene Rosales.

Kiko Rivera, por su parte, ha borrado todas sus publicaciones en Instagram y en su cuenta de esta red social solo aparecen dos vídeos publicados hace cinco días en los que con rostro abatido agradece las muestras de cariño de la gente y afirma que para informar a quienes preguntan y sobre todo a los promotores que se han interesado por su salud “algunos bastante bien y otros no tanto”, que “en cuanto tenga los resultados de las pruebas médicas se dará ese parte médico”.

A pesar de la tranquilidad aparente de la mujer de Kiko Rivera sobre cómo afrontarán esta etapa de parón laboral, Kiko Rivera arrastra una deuda con Hacienda de unos 250.000 euros que todavía no está totalmente cancelada y deberá responder frente a los empresarios que habían contratado sus actuaciones como DJ. Por cada uno de los bolos de esta gira suspendida, casi todos en discotecas, le pagan unos 4.500 euros si los afronta en solitario y alrededor de 6.000 euros si lo hace junto a su banda. Pérdidas que se calculan en unos 50.000 euros, según las actuaciones que ya estaban cerradas, y que se suman a incumplimientos en los plazos para pagar a Hacienda, según manifiestan personas próximas al círculo del Dj. Estas mismas personas apuntan a una posible futura exclusiva en compañía de Isabel Pantoja, para contar con ingresos que minimizaran el impacto económico de la decisión de retirarse del trabajo hasta que se encuentre bien de salud. El anuncio de esta desaparición laboral y mediática llegaba el 3 de mayo, pero Kiko Rivera ya ha tenido otros momentos en los que su salud le ha impedido cumplir con sus compromisos de trabajo. En 2011, el hijo de Isabel Pantoja y el torero Francisco Rivera, tuvo que abandonar Supervivientes, el concurso de Telecinco en el que participaba, por un fuerte ataque de gota. En 2016 dejó plantado al público de una discoteca de Alicante alegando que estaba enfermo pero sin aportar ninguna prueba de la causa de su incomparecencia. Después tuvo que cancelar algunos de sus viajes de trabajo a causa de una diabetes y esta vez sí publicó un parte médico que evitó las críticas sobre su ya comentada “flojera laboral”. Y ahora él ha calificado su estado de depresión y el informe médico está por llegar. Sus fans piden comprensión, su familia reclama tranquilidad y los empresarios esperan antes de pronunciarse en uno u otro sentido, pero nada está aún cerrado porque falta un dictamen profesional que evite la multiplicación de los problemas.