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C. Tangana: “Lo siento mucho, pero me considero un empresario”

Sin dinero, con una relación rota, con el agua al cuello, este chico de 27 se aisló sin Internet durante dos años. Y regresó como imparable estrella de la música española

C Tangana
C. Tangana posa en exclusiva para ICON con su actitud más arrogante. Va vestido de Gucci.

C. Tangana (nombre real, Antón Álvarez) es un tipo que a lo único que parece tenerle algo parecido a un poco de miedo es a sí mismo. Con su álbum de debut, Ídolo, este madrileño nacido en 1990 se ha convertido en la superestrella que los sonidos urbanos necesitaban en este país para poder llegar a sentarse en un sofá con Risto Mejide: el cantante estuvo en el programa del presentador, Chester. Y vacilarle, que es lo que las jóvenes estrellas de la música deben hacer en televisión, aunque se nos haya olvidado ya.

De hecho, C. Tangana sería un personaje menos controvertido si existiesen más personajes como él, pero como no los hay, pues se come todo lo bueno. Y todo lo malo. Tan persona como personaje y tan músico como empresario, está llenando conciertos allá donde para con un espectáculo ambicioso con el que escenifica la clausura de este primer exitoso capítulo en su devenir como ídolo. Hablamos con él sobre cómo era ser él cuando lo dejó todo, cómo es ser él cuando parece que lo va a conseguir todo e incluso cómo serán las cosas si al final se queda sin nada.

"Me tenía que mudar, lo había dejado con una novia con la que llevaba bastante tiempo. Se me acababa el paro y estaba con el agua al cuello. Me sentía fofo intelectual y físicamente. Así, me impuse esta mili por dos años. Y salió bien esta mierda"

Has tenido varios encontronazos con músicos y con prensa… ¿cómo te ves después de esos altercados? Trato de que todo me traiga cosas positivas. Si un día me quiero enfadar, pues me cabreo. Pero trato de que eso se pueda convertir en algo positivo. Que todo tenga intención. Me puedo enfadar y desquitar, pero si me cabreo necesito hacer algo bueno, como persona o incluso solo como ruido mediático. No quiero que todo el mundo crea que soy un gilipollas, pero sí meterme en una polémica o en un debate y, una vez allí dentro, ya se verá qué pasa. Hay veces que te tocan los cojones y no te apetece aguantar. He aprendido a que todo lo que haga me sirva, porque si no, pues mira, mejor me quedo callado en un rincón tocándome los huevos.

¿Cuánto falta para que la prensa y la industria empiecen a tomarse a los de tu generación en serio? En mi gremio aún soy un chavalín que no tiene ni idea. Es un poco como que les vale esto que haces mientras lo hagas en un rincón y no toques los huevos. Te están diciendo que lo que hay ya funciona y que no te necesitan para nada. Llevo año y medio tratando de convencer a parte de la prensa de este país de que no soy un youtuber o un influencer. Lo siento mucho, pero me considero un empresario.

¿Te molesta que algunos vean Ídolo como un disco comercial y algo oportunista? Un poco. He sido muy cuidadoso en mantener el disco impoluto. Todos las putas canciones hablan del mismo tema y eso no pasa en discos comerciales, a no ser que solo hablen de culos y de bailar. Y de golpe, va la gente y dice que es comercial. Hay que darle tiempo a la peña. En dos años a ver quién dice que fue oportunista y comercial.

¿Habéis acabado los nuevos raperos con los viejos raperos? ¿Habéis matado al padre? Pues sí. Lo que pasó con los de mi generación que nos pusimos a hacer rap es que quisimos matar al padre. Puede sonar bestia, pero es que todo lo relevante en movimientos artísticos ha surgido cuando se ha matado al padre. Eso es lo guapo. A ver, a los que hacían hip hop antes que yo ahora los respeto, pero con 17 años no. Entonces, pensaba que lo suyo era una puta mierda y que lo que empezábamos a hacer nosotros era la hostia. Es que hay que ir con esa rabia, sino no se llega a ningún sitio.

"No importas como persona, sino como algo que puede aportar algo. Casi todo el tiempo lo pasas con personas que no te quieren, sino que quieren algo de ti"

¿Has hecho amigos en este negocio de la música? Se hacen colegas, amigos no. Ninguno. A ver, no… Sí que se hacen amigos. Joder. Tengo que quitarme esa mentalidad competitiva que me ayuda a estar donde estoy, pero que debo quitármela por salud. Un 99 % de la gente tiene intereses sobre ti y te relacionas con esa gente. No importas como persona, sino como algo que puede aportar algo. Casi todo el tiempo lo pasas con personas que no te quieren, sino que quieren algo de ti. Puedes ser profesional, convivir con eso y en ese entramado buscar y encontrar alguien que sea de verdad. Lo que pasa es que uno no está acostumbrado a relacionarse así… Venga, sí se hacen amigos, sí, se puede.

¿Estás en el lugar que querías? A ver. una cosa son los objetivos que uno se pone. Esos los he cumplido casi todos. Luego, está la gente, que coge lo que has hecho y hace lo que quiere con ello. El disco está ahora ya en otro estadio, casi al final. Y eso se acaba con estos conciertos de Madrid [26 y 27 de abril en La Riviera], que son especiales y que no voy a repetir.

¿Cuándo viste que lo que hacías podía pegar el salto al gran público? El verano antes de sacar 10/15 (2015) yo no estaba ni haciendo música. Pero entonces me di cuenta de que había un hueco para mí dentro de la industria en España y a nivel internacional. Me puse las pilas. Y ahí empecé esta carrera que en tres años ha sido muy heavy.

¿Cómo fue dejar la música? ¿Sabías que ibas a volver o la intención era apartarse por completo y para siempre? Estuve un año y medio sin sacar música y sin grabar nada dos años. Vivía en una casa sin Internet, sin tele. Solo salía para ir al curro [en una editorial] y al gimnasio. Ignoraba el mundo. Escribí muy poco en ese tiempo. No pensaba que la música sería un objetivo nunca más.

Un poco radical, ¿no? Bufff. Me separé de todo tipo de imputs. Los amigos debían llamarme para verme, pues no estaba en el grupo de whatsapp, porque, joder, no tenía whatsapp. Estas cosas se deciden en un momento especial de la vida. Este era el mío. Me tenía que mudar, lo había dejado con una novia con la que llevaba bastante tiempo. Se me acababa el paro [trabajó de dependiente en un Pans and Company, de teleoperador para Vodafone y en una editorial] y estaba con el agua al cuello. Me sentía fofo intelectual y físicamente. Así, me impuse esta mili por dos años. Y salió bien esta mierda. Si lo hubiese hecho un poco antes, estaría ahora en lo máximo, de verdad.

"Mi forma de escribir cambia todo el rato. Cuanto más vives, más escribes. Nos pasa a todos, excepto a Borges, que no había vivido nada y lo escribió todo"

Después de eso supongo que es complicado volver y simplemente rapear, ¿no? Hay que hacer y dar más… Claro, joder. Para mí, mi proyección artística tiene que ver con el discurso y con la forma en que muevo y presento la música. La forma en que me comunico. Hay algo más que salir y tocar los temas. Lo que pasa es que yo hago rap y vengo de lo que vengo, no puedo hacer una performance de la hostia. Hago arte popular y debo ir poco a poco. Mi ambición artística va más lejos.

Puff Daddy tenía un cartel publicitario gigante enfrente de su casa en Nueva York en el que aparecía él y se leía: “El rey de Nueva York”. Tú pusiste tu rostro gigante en plena Gran Vía. ¿Es eso una confirmación de éxito o simplemente asusta? No sé, tío. Lo primero que vi ahí fue el trabajo que nos costó llegar hasta eso, no veía mi jeta gigante. Eso sí, me acuerdo de una noche, pasando bajando por Gran Vía borracho, no me acordaba que estaba el cartel ahí y flipé. No sé, igual iba muy pedo, pero pareció algo bestial. Si estás un poco bajo de defensas estas cosas ayudan.

¿Cómo ha evolucionado tu forma de escribir? La forma en la que yo escribo cambia todo el rato. Cuanto más vives, más escribes. Nos pasa a todos, excepto a Borges, que no había vivido nada y lo escribió todo. Él mismo se quejaba de que quería hacer novelas de bandidos o románticas, pero no podía, no había vivido. Le reconocieron siempre más por ser un cerebrito.

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