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Salutación del optimista

Los datos demuestran que, en términos generales, la situación global del mundo mejora

Un grupo de personas a la afueras de Ciudad Juárez, Mexico.
Un grupo de personas a la afueras de Ciudad Juárez, Mexico. REUTERS

El título de Rubén Darío introduce bien dos publicaciones recientes de los nuevos optimistas: Enlightenment Now, el último libro del mediático profesor de Harvard Steven Pinker —aparecido en 2018—, defiende la tesis de que el mundo va bien mediante 72 gráficos, y atribuye la mejora de todos los índices sociales, económicos y políticos a la extensión de los valores de la razón, la ciencia y el humanismo que cristalizaron en la Ilustración; y Progreso, la versión española de la influyente obra del historiador económico sueco Johan Norberg —editada originalmente en 2016—, enumera en diez capítulos temáticos las razones que nos permiten mirar al futuro con optimismo. En la línea del divulgador de la ciencia Matt Ridley, que ya en 2010 publicó The Rational Optimist. How Prosperity Evolves (y quizá de muchos otros, ya que Enlightenment Now menciona hasta 17 títulos sobre el progreso publicados entre 2003 y 2017), Pinker y Norberg documentan persuasivamente los avances experimentados por la humanidad en el pasado reciente y proyectan su optimismo racional hacia el futuro próximo.

Pese a ser obras de muy diferente dimensión —Enlightenment Now se desarrolla en 450 páginas de texto apretado, a las que se añaden 100 más de tipografía minúscula con notas, índice alfabético y una bibliografía de referencias que supera el millar de títulos, mientras que Progreso es un breve ensayo que se lee en una tarde— resuenan con argumentos similares y se citan mutuamente: Pinker menciona en diferentes ocasiones el libro de Norberg, mientras que el capítulo de éste dedicado a la violencia está basado en buena medida en The Better Angels of Our Nature: The Decline of Violence in History and its Causes, el superventas de Pinker de 2011 que fue calificado por Bill Gates como the most inspiring book I’ve ever read, y que se cita también copiosamente en el capítulo de Norberg sobre la igualdad, donde se exponen los avances históricos de la misma con la elocuente eficacia que le valió a Progress ser elegido en su día por The Economist como libro del año.

Más allá de las citas anteriores, la afinidad intelectual entre los dos autores se manifiesta en su común remisión al “velo de la ignorancia” que John Rawls expuso en el clásico A Theory of Justice de 1971 —sorprendentemente mal datado por ambos, ya que Norberg da la fecha de 1973 y Pinker la de 1976— para denunciar la hipocresía de los progresistas enemigos del progreso, a los que se invita a encarnarse al azar en un miembro de una sociedad pasada; y en su compartida preocupación por la distorsión que los medios introducen a través de la representación catastrófica del mundo, lo que otorga al pesimismo un prestigio no avalado por los hechos, circunstancia que subrayan mencionando ambos a Max Roser (OurWorldinData.org) cuando afirma que si los periódicos quisieran registrar la realidad, deberían haber titulado: Hoy, 137.000 personas han salido de la pobreza extrema, y eso cada día durante los últimos 25 años.

Pinker y Norberg argumentan —usando el título de la introducción de este último— que “estamos mejor que nunca”, y ello en áreas tan diferentes como la alimentación, la salud, la riqueza, la igualdad, el medio ambiente, la seguridad, la libertad, la calidad de vida o la felicidad, gracias a un progreso que se ha producido en Occidente desde 1800 y en el resto del mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Pinker incluso asegura que, además de ser más altos, nos hemos hecho más inteligentes durante el último siglo gracias a los avances en nutrición, salud y medio ambiente.

Inevitablemente muchos calificarán de panglossianas unas perspectivas tan rosadas y situarán su relato en el marco de lo que Stuart Carroll ha denominado comfort history; otros, como John Gray, expondrán las limitaciones de un enfoque predominantemente cuantitativo, y advertirán sobre la imprevisibilidad de los “cisnes negros” en sus proyecciones optimistas hacia el futuro; algunos, desde luego, defenderán las virtudes críticas del pesimismo, que permite detectar los problemas para así ponerles remedio, manteniéndonos en alerta; y unos pocos lamentarán la censura ilustrada del pensamiento mágico, la fe religiosa y el irracionalismo nietzscheano, que sin embargo ha producido lo que Mark Lilla llama la “tiranofilia” de tantos intelectuales. Al cabo, la realidad es testaruda, y los datos trenzan un relato que merecería ser difundido con los hexámetros optimistas y ante los cisnes —blancos, por supuesto— del poeta que en 1905 levantó sus cantos de vida y esperanza frente al pesimismo grave del 98.

Luis Fernández-Galiano es arquitecto.

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