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Borg contra McEnroe (o una canción de Abba contra una de AC/DC)

Se estrena la película que cuenta la historia de una final de Wimbledon que no fue tenis, fue la vida misma

Borg, sueco y diestro, contra McEnroe, yanqui y zurdo. En la película, Sverrir Gudnason y Shia LaBeouf se meten en su piel.
Borg, sueco y diestro, contra McEnroe, yanqui y zurdo. En la película, Sverrir Gudnason y Shia LaBeouf se meten en su piel. Getty

Los cinéfilos están de acuerdo: no existen películas buenas sobre tenis. Tienen problemas de verosimilitud (ningún actor resulta convincente como tenista), de moraleja social (no hay tenistas pobres a los que el gran público pueda apoyar por instinto, el tenis enfrenta a un tipo rico contra otro tipo aún más rico) y de estructura narrativa: el partido no puede funcionar como relato porque cada raquetazo es un clímax, cada bola es un giro de guion y el tenis se parece más a una batalla naval que a una competición deportiva.

Sin embargo, el cine sigue intentándolo porque “el deporte de los reyes” lleva siglos fascinando a los artistas: William Scammell se preguntaba si en el intrigante cerebro del sueco Björn Borg había “una ola rompiendo contra un tablero de ajedrez o una canción de Abba” y David Foster-Wallace definió a Roger Federer como “Mozart y Metallica a la vez”.

Dos hombres que personificaban la lucha interna del ser humano desde que puso un pie en la Tierra. No, el conflicto del tenis nunca es de clase: es existencial. Es el hombre ante su abismo, la tranquilidad tensa, el carácter puesto a prueba en cada golpe, la identidad forjada mediante el aguante y, por encima de todo, la futilidad final del juego. No es cinematográfico. Es la vida.

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