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“Actualmente, la crianza es monstruosamente intensiva”

Eva Millet es autora de 'Hiperniños, ¿Hijos perfectos o hipohijos?', un libro en el que alerta de la hiperprotección actual de los padres

“Actualmente, la crianza es monstruosamente intensiva”

Los hiperniños son el producto de una hiperpaternidad a la hora de criar y educar a nuestros hijos, una crianza que les da todo, les protege de todo y se les indica lo que deben ser. Así de tajante se muestra Eva Millet, autora de Hiperniños ¿Hijos perfectos o hipohijos?, publicado por Plataforma Editorial. “La crianza en la actualidad es monstruosamente intensiva. Es una educación que provoca mucha ansiedad, tanto al niño como al padre. Al primero, por no conseguir los objetivos que le plantea su progenitor y sufre una presión constante; y por parte de los padres, por esa frustración de que su hijo no sea perfecto, que no llegue a ser lo que ellos pretenden o desean”.

Eva Millet.
Eva Millet.

Pregunta. ¿Qué ha ocurrido para que los padres sobreprotejamos a nuestros hijos?

Respuesta. Bueno, yo siempre recuerdo una frase de mi tío que era bastante clara: “Cuando erais pequeños y sufríais alguna crisis por no conseguir lo que queríais, erais un mueble para nosotros, no os hacíamos caso, dejábamos que se os pasara”. Ahora, hemos pasado de ser este mueble a ser un altar. Antes, hacer este time out con los pequeños era algo normal, ahora el niño ha pasado a ser el dios de la casa, lo que le lleva muchas veces a no saber tolerar la frustración, a enfadarse por tonterías y a que muchas veces sus padres se le toleren. La sobreprotección infantil produce niños altar, lo que les convierte en hiponiños, pequeños que no saben defenderse, que no son autónomos, porque se lo dan todo hecho. Se lo están dando todo resuelto.

P. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cuáles son las causas?

R. Hay cinco causas fundamentales. Primero, es un tema meramente demográfico, ese número de 1,3 hijos de media por cada español. Segundo, cada vez se tienen los hijos más tarde, por lo que, normalmente, son hijos muy deseados sobre los que suele pesar un plan estrictamente planificado. En tercer lugar, están los bebés milagro, aquellos que no se esperan y que han conllevado largos meses de tratamiento. En cuarto, el fin de la familia extensa, lo que se denomina hoy tribu, en la que todo el mundo podía opinar sobre la educación. Ahora, la familia es nuclear y blindada. Los padres son los principales responsables del destino de ese pequeño, lo que nuevamente producirá mucha angustia por su futuro. Y, por último, y no ello menos importante, la gran oferta que existe en la actualidad para que tu pequeño sea todo lo que tú quieras que sea.

Un chaval suspende un examen y se frustra.
Un chaval suspende un examen y se frustra.

P. ¿Cuáles son las consecuencias negativas de criar hiponiños?

R. La principal consecuencia es el estrés brutal al que estamos exponiendo a estos pequeños, les estamos exigiendo muchísimo, quitándoles tiempo para jugar. Lo que es terrible. Además, hay que sumarle la ansiedad de los padres en torno a hacer mal las cosas, a no estar satisfechos. Todo esto impide que el niño averigüe lo que quiere saber, impidiendo que tenga armas que le permitan decidir y ser autónomo.

P. ¿Niños hipoactivos, adolescentes ansiosos?

R. La ansiedad en la adolescencia es un problema grave y muy actual. El último informe del Plan Nacional de Drogas, por ejemplo, concluía que uno de cada seis jóvenes toma benzodiazepinas ante situaciones cotidianas como una ruptura sentimental o afrontar los exámenes. Y, además, señala que el consumo de las mismas ya supera al de tabaco o alcohol. Esto es muy grave.

P. ¿Qué consecuencias tiene todo esto en la sociedad actual?

R. En la actualidad, existe una falta de empatía innegable. Hemos confundido el tener derechos, con saltarnos las normas. Ahora no hay deberes, no hay una educación en deberes. Se está perdiendo la idea de comunidad para pasar a una sociedad yoísta, en la que se produce el “yo creo, porque yo lo genero”.

P. ¿Estamos a tiempo de dar un vuelco a todo esto?

R. Claro que estamos a tiempo. Solo nos tenemos que parar y relajarnos. Y ser capaces de tener una sana desatención con nuestros hijos. Yo siempre pongo un ejemplo: cuando un niño se cae, muchas veces los padres corren a socorrerlo. No lo hagas, espera a que se levante solo. También es importante que no les preguntemos constantemente a los niños lo que quieren, con cosas como ¿qué quieres cenar?, ¿te quieres ir a dormir ya?, esto es una tendencia que se ha visto impulsada por la idea, para mí, errónea de democratizar la familia. La familia es una jerarquía y los padres son los que mandan, obviamente, dentro de los límites del respeto. Otra cosa que me sorprende mucho es que antiguamente alguien te preguntaba qué tal estaba tu hijo y la respuesta era simple: bien. Ahora, parece que nuestro hijo debe representar nuestro propio estatus, que define lo bueno o malo que somos como padres.

P. ¿Afecto con límites o sin límites?

R. La respuesta es obvia: con límites. El pequeño tiene que saber que tiene unas responsabilidades que debe cumplir y que hay cosas que no se hacen. Es una forma de educar el carácter, de que el joven tenga herramientas para ser autónomo. Y la relación de confianza que se crea de esta manera es más fuerte. Y la empatía también es esencial. Educar en empatía es proporcionar a nuestros hijos que sean capaces de ponerse en el lugar del otro, y no solo hay que enseñárselo a ellos también sería imprescindible para muchos padres.

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