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Faraday

Tamara Falcó entrevista a Vargas Llosa y aporta un grado de ternura

Isabel Preysler, Mario Vargas Llosa  y Tamara Falcó el pasado noviembre en Madrid.
Isabel Preysler, Mario Vargas Llosa y Tamara Falcó el pasado noviembre en Madrid.

Esta Semana Santa me marcho un pelín triste de la insuperable Europa camino a ese subcontinente más soso, incluso aburrido, que es Estados Unidos. Según muchos de los miles de venezolanos que se exilian en Madrid, el “sueño americano” pasó y ahora lo que se lleva es el sueño español.

Es que en esta parte del mundo no dejan de suceder cosas. El indigesto borchst con los espías rusos ha hecho recuperar una sala sin escuchas en la embajada de España en ese país que recibe el romántico nombre de Faraday. “Anoche soñé que volvía a Faraday”, podríamos decir y sentirnos de nuevo en esa cápsula peligrosa y al mismo tiempo fascinante de la cercanía de espías en nuestro entorno.

Con mi nombre tan ruso, siempre quise ser espía. Y encima, David Bustamante se proclama como el primer varón que pide el divorcio antes de que se lo pidan. Y, para dejarnos casi sin aire, Tamara Falcó entrevista a Mario Vargas Llosa para la revista Vanity Fair.

Europa es lo más y además, siempre lo ha sido. No entiendo por qué no me quedo, tengo que aprender a despojarme de alguna contradicción o dos. Entretanto, me alegra ser contemporáneo al fenómeno Tamara, a quien definí en el programa de Bertín como “un libro abierto”. Que es una de las razones por las que gusta tanto, sea entrevistadora o entrevistada, porque pareciendo alguien que controla todo tipo de filtros, su peculiar filtro es carecer de ellos. La espontaneidad de Tamara la quisiéramos muchos y seguramente ella la destila con exquisita medida. Siempre sientes que queda algo más que saber de ella.

Al entrevistar a Vargas Llosa, se presenta como “enchufada” y consigue aportar un grado de ternura a la entrevista que se evapora cuando le pregunta al escritor por qué eligió a Albert Rivera como presentador de su nuevo ensayo sobre el liberalismo. Tamara, como muchas mujeres que admiro, no da puntada sin hilo. Y atrapa. Y crea controversia: así como hay seguidores, también hay detractores. Pero en la era de los likes, esa es la mayor medida de un fenómeno: Tamara ha pasado del like al efecto. ¡Bravo!

David Bustamante ha intentado otro golpe de efecto. En trece páginas de ¡HOLA!, se sincera sobre su temor a la soledad, pero también notifica que está convencido de que fue él quien decidió divorciarse. Impacta porque existe una cierta estadística de que son las mujeres quienes asumen esta responsabilidad. Los hombres, al parecer, somos más pasivos en este tema porque hemos sido mal educados por el machismo a que las mujeres tengan siempre la última palabra.

Pero Bustamante es diferente, siempre lo fue, incluso en la Academia de Operación Triunfo, donde lloraba desconsolado cada vez que uno de sus compañeros era expulsado por la audiencia. Y él permanecía, acariciando ser uno de los elegidos. En la entrevista de esta semana sorprende que reconozca sus problemas de peso y de alimentación ansiosa. Se deja llevar por los nervios y come sin parar.

Paula Echevarria y David Bustamante en Ibiza en julio de 2015. ampliar foto
Paula Echevarria y David Bustamante en Ibiza en julio de 2015.

A mí me pasa lo mismo, pero mi marido tranca la nevera y yo respiro hondo. Creo que aquí Paula, que es divina en todo, incluso en lo de salir con un futbolista que era amigo de su ex, ha fallado un poquito. Gracias a ella, David tuvo unos años de tío bueno que fueron gloria para todos. Yo creo que esas fotos de Bustamante en bañador estampado y abdominales y esa dentadura de triunfador, deberían ponerlas en las escuelas y salimos adelante y hasta agradecemos a Guindos que baje el impuesto de las entradas del cine.

También estoy convencido que Madrid va a salir ganando con la trama de los espías rusos. Estos atacan en Londres, pero la que va a conseguir ser escenario cinematográfico de esta nueva peripecia internacional, será Madrid. No solo por sus magníficos escenarios, sino porque en ella es donde se ha reabierto el búnker sin escuchas denominado Faraday.

¡No hay nada más romántico que un lugar a prueba de escuchas con un nombre que suena espacial o de ciencia ficción! No entiendo cómo no lo han empleado para un bar, un restaurante o unas buenas memorias. Deberían abrir esa sala a las visitas, previo pago, y a lo mejor se recupera un buen dinero para luchar contra el espionaje. O incentivarlo. Porque me voy haciendo a la idea de que una de las más seguras demostraciones de que salimos de la crisis es que tengamos espías. Y que Tamara lo entreviste en Faraday.