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Cartas al director

Chiquito de la Calzada

Fue el Chiquito de una Calzada que llevaba al portal de la risa más auténtica: la inesperada. Venía del flamenco, pero su humor era puro jazz. Aterrizó en nuestras cadenas de televisión como un extraterrestre y nos abdujo, hasta hoy, con sus expresiones, sus espasmos y su demostración de que a veces el chiste está en el camino y no en el final; en el cómo y no en qué. Seguiremos imitándole, recordándole y riéndole. Seguirá siendo parte de nuestra carcajada. Porque no todos los pecadores de la pradera van al infierno.— Carlos Díaz González. Alicante.

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