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Así le gustaría morir al protagonista de ‘The walking dead’

Andrew Lincoln asegura que su personaje, Rick Grines, es una especie de Clint Eastwood posapocalíptico en un mundo lleno de peligros, pero también de esperanza

the walking dead
Andrew Lincoln, protagonista de la serie ‘The Walking Dead’, fotografiado en Madrid, en exclusiva para ICON.

Tengo delante a Andrew Lincoln, protagonista absoluto de The walking dead, y a Greg Nicotero, el showrunner (productor, director de algunos capítulos, guionista y el alma que hace que todo encaje en la serie). Se comportan como dos viejos amigos que han venido a Madrid a hacer turismo. Hacen bromas, se espían el móvil el uno al otro, e intentan aparentar que hacer promoción no es trabajo, sino una cosa muy divertida.

Nicotero y Lincoln llevan trabajando juntos desde 2010, cuando se estrenó con enorme éxito la versión televisiva de lo que hasta entonces era un cómic. The walking dead, inmersa en su octava temporada, convertía a unos seres obtusos, los zombis, en una metáfora del siglo XXI. Antes, en los años noventa, habían reinado los vampiros. Monstruos, sí, pero cultos y refinados. Seres atormentados y crueles. Unos depredadores siempre jóvenes y sexis viviendo una noche eterna llena de placeres.

La fascinación por esos demonios exquisitos duró más o menos lo que aquel ciclo de subida económica que también parecía eterno. Quizás sea simplemente una coincidencia, pero cuando la crisis económica empezó a asomar la patita, los zombis, su antítesis, empezaron a aparecer por todas partes. Cadáveres andantes sin motivaciones, sentimientos, ni control. Seres putrefactos y estúpidos que vagan hambrientos, en enjambres, cegados por un instinto canibal. Si aterrorizan, no es tanto por sus acciones sino porque, en realidad, un zombi es un enfermo incurable, una pobre víctima.

Uno le suelta todo este rollo a Greg Nicotero, productor ejecutivo de The walking dead, esperando que el hombre entre al trapo. Pero este tipo de 54 años, con pintas de rockero friki, que empezó maquillando zombis en los ochenta, no está para tesis seudosociológicas de chichinabo. “En mi opinión, el zombi se ha vuelto el monstruo predominante porque a mediados de los noventa nacieron los primeros videojuegos shooter, como Resident evil, que introdujeron a una nueva generación al género de los zombis. Y esos mismos que pasaron años disparándoles son los que en 2002 van a ver 28 días después o la película de Resident evil. Honestamente, no creo que los zombis expresen ningún tipo de ansiedad global. Creo que, simplemente, la gente no se dio cuenta de lo divertido que es matarlos hasta que lo hizo. Nuestra serie combinó eso con emociones humanas. Era imposible fallar”, dice.

"Vivo una vida esquizofrénica porque nunca había pasado tanto tiempo con un personaje. Y he aprendido mucho sobre mí. Rick me devuelve un montón. Cuando tenga que quitarme estas botas será un día muy triste”

A su lado asiente Andrew Lincoln, el protagonista de una serie coral que en España emite Fox. La octava temporada no será una más. Tras seis de subida continuada en el número de espectadores, la séptima tuvo una bajada. Durante el rodaje de la octava falleció un especialista y la productora afronta una demanda millonaria del creador del cómic, Robert Kirkman, que les acusa de timarle en el reparto de beneficios. Problemillas.

Nada de esto parece importar a Andrew Lincoln, que, exceptuando el revólver y el sombrero vaquero, va en su visita promocional en Madrid vestido y peinado como Rick Grimes, el sheriff al que interpreta. Cuando habla también hay una diferencia. En vez de ese acento estadounidense que ha sido tan criticado como su interpretación, su dicción es inglesa, como corresponde a un londinense de 43 años que empezó su carrera como voz de documentales. “Me gusta pensar que Rick es una versión heroica de mí. Después de tanto tiempo tiene mucho que es mío. Vivo una vida esquizofrénica porque nunca había pasado tanto tiempo con un personaje. Y he aprendido mucho sobre mí. Rick me devuelve un montón. Cuando tenga que quitarme estas botas será un día muy triste”.

Como Juego de tronos, que se estrenó un año después, The walking dead ha jugado con un guion imprevisible. Su principal baza es manipular al espectador hasta hacerle cómplice de situaciones éticamente dudosas. Por ejemplo, en la cuarta temporada, Carol, uno de los personajes principales, ejecuta a sangre fría a una niña de 12 años, y no se recuerda escándalo alguno. “Siempre he pensado que las obras en las que intervengo son sobre relaciones y sentimientos con los que puedo empatizar, y eso está en esta producción. Somos una montaña rusa”, explica Lincoln.

Una escena de 'The walking dead' con Andrew Lincoln -Rick, en la serie- junto a Danai Gurira -Michonne- y Chandler Riggs -Carl-.
Una escena de 'The walking dead' con Andrew Lincoln -Rick, en la serie- junto a Danai Gurira -Michonne- y Chandler Riggs -Carl-.

“Y supongo que hay una razón fisiológica por la que la gente quiere experimentar ese terror. Es un viaje hacia la muerte sabiendo que se puede volver de allí. Que se está a salvo. Supongo que escenas como aquella explican el éxito de la serie, que ha ido mucho más allá de mis expectativas”, dice. Y señala la ventana de la habitación de hotel en la que se desarrolla esta entrevista. Al parecer, por los foros de fans de la serie se ha corrido la voz de que su protagonista está aquí, y en la calle se agolpan un par de docenas de adolescentes esperando ver al único de los protagonistas que parece tener su vida asegurada. “En las series generalmente te limitas a seguir a los héroes en su camino, pero esta es una de esas en la que cualquiera puede desaparecer sin previo aviso, sin sentido. Y creo que eso la hace tremendamente adictiva”, continúa.

¿Se ha preguntado alguna vez por qué su personaje no se deja matar y termina de una vez con todo? La suya es una situación desesperada. Es parte de un puñado de supervivientes en huida perpetua. Viven rodeados de millones de muertos vivientes y los pocos humanos que encuentran tienden a ser peores que los zombis ¿Por qué empeñarse en continuar una guerra que nada indica que pueda ganar? “¿Rendirse? No, para nada. Yo creo que hay una enorme cantidad de esperanza en la serie. Esperanza en el futuro, en que la sociedad va a sobrevivir a pesar de todo. Los seres humanos tienen una enorme capacidad de sanación y de adaptación. Hemos visto a estos personajes sobrevivir gracias a eso. Han cambiado. Se han forzado a hacerlo en este ambiente hostil. En la serie ya han transcurrido varios años desde que todo empezó. En este momento el problema no son tanto los caminantes, que se han convertido en una presencia constante que saben cómo manejar. El problema es que ahora hay que ver cómo reconstruir. Hay que introducir nuevos códigos morales”, remata Lincoln.

Andrew Lincoln, con esa mirada perdida que significa que está pensando algo muy, muy profundo.
Andrew Lincoln, con esa mirada perdida que significa que está pensando algo muy, muy profundo.

Entonces, ¿hay una posibilidad de que Rick muera de viejo, en su cama, rodeado de sus nietos? “A mí me gustaría que muriese salvando al resto. Que fuera mordido, pero por su propia voluntad, sacrificándose por otros. Y entonces todos sus amigos le rodean, acompañándole en su despedida. Pero descubren que no muere ni se transforma. Es inmune”.

“Eso está bien”, le dice Nicotero con guasa. “¿A que sí?”, sigue Lincoln con el chiste. “¿No molaría que la serie acabase con este ridículo complejo de Mesías llevado al extremo?”, remata. “Ahora en serio. No sé cuál será la muerte de Rick. Es un héroe, como Clint Eastwood, como Gary Cooper en Solo ante el peligro”.

Es bastante lógico que mencione dos clásicos del western. Si miras su ADN, The walking dead es la evolución de aquellos filmes racistas de los años cuarenta con indios salvajes que mataban blancos simplemente porque eran blancos. Y blancos que mataban indios porque en el fondo no creían que fueran humanos. Solo que aquí, los nativos son zombis. Lincoln asiente: “Sí, son indios muertos. Pero yo creo que lo fascinante es que en un mundo en el que si tu móvil falla 10 minutos parece el apocalipsis, uno se plantea qué haría si se acabase de verdad. ¿Cuántos de los que estamos en esta habitación sobreviviríamos? ¿Tú no te lo has preguntado?”.

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