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Extremos que se necesitan

La clave es notar que la existencia de oferta para la radicalización en un ámbito, es necesaria para construir el relato contrario

Salk El Karib, uno de los detenidos tras los atentados de Barcelona y Cambrils.
Salk El Karib, uno de los detenidos tras los atentados de Barcelona y Cambrils.

“Somos víctimas de una agresión exterior por parte de los que no son como nosotros. La única solución para esta situación es la acción directa y violenta”.

Esta cita imaginada es el mínimo común denominador del extremismo. La metáfora del mercado puede ser útil para empezar a entender cómo se llega a ese punto: una demanda de radicalización basada en una amenaza (más o menos real, más o menos imaginada) que se encuentra con una oferta dispuesta a ofrecerle todos los instrumentos necesarios para actuar.

¿Pero, de dónde viene esta demanda? ¿Y esta oferta? Aquí es cuando los análisis empiezan a divergir. En un lado está la perspectiva individual: es la necesidad de una construcción identitaria lo que guía al futuro extremista, mientras que la oferta viene guiada por una convicción ideológica. En el otro, se encuentran todos los argumentos estructurales: falta de oportunidades personales y profesionales, existencia real de enemigos al “nosotros” definido por la oferta, e incluso las agendas propias de otras instancias, interesadas en financiar y fomentar los radicalismos.

Este es un debate tan viejo como la sociología misma: ¿decidimos nuestras acciones por nosotros mismos? ¿O estamos predeterminados por la estructura social, política, económica que nos rodea? Lo más probable es que ninguna explicación esté completa sin tener en cuenta la otra parte: es difícil argumentar que nos movemos en un vacío horizontal donde no hay estructuras de poder, como también lo es defender que el entorno determina completamente todos nuestros movimientos.

De hecho, en el caso de los extremismos, la clave es notar que la existencia de oferta para la radicalización en un ámbito (por ejemplo, el yihadismo) es necesaria para construir el relato contrario (por ejemplo, el de movimientos xenófobos, supremacistas, neonazis), alimentando así la demanda: “Por supuesto que tenemos que defendernos, ¿es que no veis que nos quieren atacar?”. De esta manera, las acciones de unos se convierten en entorno, estructura y oportunidad para otros, y viceversa.

No es que los extremos se toquen: es que se necesitan. @jorgegalindo

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