Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una célula yihadista de libro

El grupo que atentó en Cataluña mantenía relaciones afectivas y familiares

Familiares de los terroristas que atentaron en Barcelona.
Familiares de los terroristas que atentaron en Barcelona. AP

Lo que hasta ahora sabemos sobre el proceso de reclutamiento y radicalización de los yihadistas que conformaban la célula que atentó en Barcelona y Cambrils corrobora la trascendencia de los dos factores de asociación diferencial señalados en estas páginas desde el Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano en una Tribuna publicada el 7 de agosto. El contacto con un agente de radicalización y la existencia de relaciones afectivas de distinto tipo entre los miembros de las células, grupos o redes yihadistas, son cruciales para entender por qué en nuestro país hay, sobre todo, jóvenes musulmanes que acaban implicándose en actividades de terrorismo yihadista mientras otros, en condiciones similares, nunca llegarán a hacerlo.

En primer lugar, todo apunta al fallecido imán de la mezquita Annour de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, como el agente de adoctrinamiento y captación de los —al menos— 11 jóvenes que formaban parte de la célula terrorista. Éste se habría erigido en el referente de los mismos en un proceso cara a cara, desarrollado en diversos espacios físicos entre los que destaca la casa de Alcanar. El caso coincide con el hecho de que, en nuestro país, 7 de cada 10 detenidos entre 2013 y 2016 por actividades relacionadas con el terrorismo de dicha naturaleza que se radicalizaron en compañía de otros, y en un entorno fundamentalmente offline, lo hiciesen en contacto personal con un agente de radicalización. Para 2 de cada 10 este era una figura religiosa, cuyo liderazgo carismático derivaría no solo de un supuesto conocimiento de la verdadera fe islámica sino, en el caso de Es Satty, también de sus contactos —todavía por determinar— con veteranos yihadistas relacionados con el 11-M y otros en el extranjero.

Por otra parte, la fuerte cohesión de la célula descansa en la singularidad de que todos sus miembros identificados hasta el momento estuviesen vinculados a través de lazos afectivos tanto de parentesco como de vecindad o amistad, forjados estos últimos en la pequeña localidad gerundense de Ripoll, de apenas 10.000 habitantes, de la que la mayoría eran vecinos. Así, estos se conocían, por ejemplo, por haber asistido al mismo instituto o participado juntos en actividades deportivas. Ahora, destaca sobremanera la presencia de tres parejas de hermanos e incluso un trío de estos en el seno de la célula. Si bien es cierto que la presencia de hermanos es frecuente entre los yihadistas detenidos en España durante los últimos cuatro años —para la mitad de quienes tenían vínculos de parentesco con otros detenidos o combatientes terroristas extranjeros, se trataba precisamente de relaciones entre hermanos—, en este caso es un hecho especialmente llamativo.

Un primer análisis de la célula que sembró el terror en las Ramblas de Barcelona y el Paseo marítimo de Cambrils confirma por tanto la relevancia del agente de radicalización como transmisor de la ideología que conduce a la acción terrorista y de las redes locales, constituidas en base a lazos interpersonales, para entender el modo en el que se canalizan los procesos de radicalización en España. Hallazgo importante a la hora de definir una respuesta adecuada.

Carola García-Calvo es investigadora principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.