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Big Mac; o sea, Macron

Al autor, el nuevo presidente francés le recuerda a Julien Sorel, el héroe de 'Rojo y negro'

Emmanuel Macron, buscando en su proclamación un oscuro trastero donde meter a su predecesor, François Hollande.
Emmanuel Macron, buscando en su proclamación un oscuro trastero donde meter a su predecesor, François Hollande. Getty

No me avergüenzo de admirar a ese jovencito que va a presidir mi país durante los próximos cinco años. Su victoria me ha flipado. Propongo que lo apodemos Big Mac. ¿Tenemos derecho a estar contentos por que un joven progresista haya ganado a una demagoga nacionalista? No soy humorista, sino novelista y como tal lo que me gusta de Macron es que es un personaje de novela. Me recuerda a Eugène de Montignac (de La comedia humana) o a Julien Sorel (el héroe de Rojo y negro). El joven provinciano arribista que empieza seduciendo a su profesora casada, antes de introducirse en París y dominar Francia. A partir de ahora los franceses tendremos derecho a cinco años de novela a lo Balzac o a lo Stendhal en el Elíseo. Esperemos que no acabe demasiado pronto convertido en… ¡Las ilusiones perdidas!

Los que más gracia me hacen en este momento son todos los perdedores que se niegan a perder. La extrema izquierda y la extrema derecha. Y también una parte de los republicanos e incluso algunos socialistas. Todos quisieron tomarse la revancha en las elecciones legislativas. Me encantan sus argumentos: “Acabamos de elegir un nuevo presidente, ahora impidámosle que gobierne”. Pero volvió a ganar Macron.

Con su simpática sonrisa, Macron se ha quitado de encima a todas esas antiguallas que llevaban 30 años aferradas al poder

Ha ganado, así que démosle una oportunidad. Coño, hace falta valor para ir a debatir con la pescadera de Astérix, ya sabéis, esa que grita siempre: “¿No está fresco mi pescado?”. Yo no me hubiera podido resistir a romperle una silla en la cabeza.

El gran argumento contra Emmanuel Macron es que ha sido banquero. Me encantaría entenderlo. La mayoría de los que critican a los bancos tiene una cuenta bancaria, utilizan un talonario de cheques y tienen una tarjeta de crédito. Si es una profesión prohibida por ley, no estaba al tanto. Vale, el sistema financiero explota y arruina el planeta, pero el banquero que acaba de ser elegido dejó un curro en el que ganaba 100.000 euros al mes (en Rothschild & Cie) por otro en el que cobrará 15.000 (presidente de La V República).

¡O es un santo o es un enfermo mental! Además, me permito recordar que ya tuvimos un presidente que había trabajado como banquero en Rothschild, se llamaba Georges Pompidou y no fue ni de lejos nuestro peor presidente. ¡Circulaba en un Porsche mientras fumaba cigarrillos! Bueno, aquella era otra época.

Solo espero que Macron no se venga muy arriba, porque a mí se me iría la cabeza. No me comería precisamente un filete con patatas en La Rotonde, sino que bajaría todas las noches a la bodega de Petrus en el Elíseo. Para mi proclamación subiría los Campos Elíseos en pelotas sobre el techo del coche blindado haciendo el helicóptero con mi polla.

Engañaría a Brigitte, la mujer de Macron, con sus dos hijas y sus dos maridos, los cuatro juntos, sí, en los jardines de palacio. Me pondría una camiseta Fuck me, I’m famous en el G20. Cogería el Airbus presidencial para hacer loopings sobre el Festival de Cannes, ¿vale? Menos mal que yo no soy Big Mac.

Y su movimiento, En Marcha, lo entiendo como “mueve tu culo”, “es factible”, “puedes hacer realidad tus sueños”, “todo es posible”. Quizás esté en pleno delirio pero reconoced que es majete este diablillo. Con su simpática sonrisa ha conseguido quitarse de encima a todas esas antiguallas que llevaban aferrándose al poder desde hace 30 años. Los españoles tenéis vuestro propio clon, Albert Rivera. Y él tiene además una ventaja: ya ha posado desnudo en los carteles. No os fiéis de su sonrisa. ¡Ya os he avisado!

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