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Las bodas de Maradona y Messi, del exceso total a la máxima discreción

El matrimonio de Diego en 1989 fue la quintaesencia del desborde. Leo exhibe perfil bajo

Claudia Villafañe y Diego Maradona, el 7 de noviembre de 1989, en el Luna Park. En vídeo, la ciudad argentina de Rosario se prepara para la boda de Messi.

Los dioses del fútbol también se casan y eso en Argentina es cosa seria. A Lionel Messi le llega el turno este viernes 30 de junio en Rosario, en una ceremonia para 260 invitados, entre ellos Neymar, Ronaldinho y Shakira (la esposa de Gerard Piqué, su compañero en el Barcelona), y con fuertes medidas de seguridad, aunque tampoco han trascendido detalles demasiado espectaculares, a tono con el habitual perfil bajo de Messi. Dime cómo te casas y te diré cómo eres. Acostumbrado a un país en el que todo el tiempo es cotejado con Diego Maradona, la boda del futbolista del Barcelona parece discreta en comparación al despampanante casamiento de Diego Maradona, 28 años atrás, con el quíntuple de invitados que Messi: 1.300 personas festejaron como si fuera el fin del mundo en el Luna Park de Buenos Aires. El fútbol argentino podría inaugurar un subgénero: las bodas de sus héroes.

De aquella ceremonia con Claudia Villafañe del 7 de noviembre de 1989 se podría escribir una crónica candidata a ganar un premio de literatura fantástica latinoamericana. La torta, por ejemplo, era más alta que Maradona y la novia: medía 1,70 metros, contra los 166 centímetros del futbolista. La pareja tuvo que cortarla arriba de una escalera. "Si el maître no hubiera gritado a tiempo para que se alejasen, los novios hubieran quedado sepultados en merengue", publicó la revista "Radiolandia 2000" sobre el momento de cortar la torta, según recopiló el libro "Vivir en los medios", de Leandro Zanoni (Marea, 2006). "La fiesta siguió durante toda la madrugada. Uno de los presentes asegura que nunca más presenció el nivel de descontrol que vio allí", escribieron Guido Carelly Lynch y Juan Manuel Bordón en Luna Park, un libro de reciente aparición (Sudamericana, 2017).

"No quiero hacer la cuenta de lo que gasté en el casamiento porque, si no, me desmayo", diría Maradona pocas semanas después, convertido en una estampita de la mitología argentina desde que en 1986 había ganado el Mundial de México. Su casamiento se realizó en un icono arquitectónico porteño, el estadio Luna Park, durante muchas décadas el escenario principal del boxeo de Buenos Aires, pero que entones había mutado a un edificio multiuso. "Parecía un hotel de Las Vegas", escribió la revista El Gráfico. "La noche anterior habían jugado los Globetrotters, así que fue una maratón de trabajo durante toda la madrugada y la mañana para las 80 personas que teníamos que reacondicionar el estadio", recuerda Alejandro Bagnati, realizador de la ambientación del Luna Park junto al escenógrafo Miguel Caldentey. "Sobre una de las tribunas colocamos 6 mil plantas y sobre otra recreamos la caída de una cascada artificial. Hasta pintamos los baños. La fiesta fue impresionante. Estaba todo el mundo", agrega.

La fiesta despertó polémica en una Argentina arrasada por una hiperinflación descontrolada, al punto que la pobreza había pasado del 25% de la población a comienzos de 1989 al 47 % en octubre de ese año. "Y sí, soy un cabecita negra, ¿cuál es el problema? Nunca renegué de mis orígenes. Les duele que haya hecho una fiesta así", respondió Maradona a las críticas del periodismo argentino (algunos dijeron que la ostentación había sido consecuencia de su origen villero) e italiano, en donde se llegó a publicar que "un enano como Maradona con el frac parecía una foca vestida de pingüino". "Por la ambientación del Luna cobramos 300 mil dólares, pero había tanta inflación que nuestra rentabilidad fue de 2.500 dólares", dice Bagnati.

El menú incluyó canapés de caviar, salmón ahumado, trucha, jamón serrano, langostinos, pavitas, lechones, centollas, 400 litros de vino blanco Castel Chandon, 500 de tinto Saint Felicien y 900 de espumante Baron B. Como el casamiento fue un martes, y el Napoli, su equipo, había jugado el domingo, Maradona alquiló un charter a cambio de 500 mil dólares para que él y sus compañeros viajaran desde Italia, incluidos los jefes de la barra brava del club, Gennaro y Giorgi. El avión hizo escala en Madrid, en donde se subieron muchos de sus ex compañeros del Barcelona e incluso Alfredo Di Stéfano, a quien Maradona hizo viajar en primera clase y trató de manera reverencial. Cerca de 300 concurrentes fueron alojados en hoteles cinco estrellas de Buenos Aires. No asistieron tres políticos invitados por Maradona: Fidel Castro; el entonces presidente argentino, Carlos Menem; ni el futuro primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, aunque sí estuvo presente el actual mandatario argentino, Mauricio Macri, entonces directivo de la automotriz Sevel.

Fiesta y tragedia

"La seguridad era impresionante, pero lo que más recuerdo fue una reacción de (Carlos) Bilardo, el técnico de la selección", recuerda Eduardo Ramenzoni, conductor del canal TyC Sports. "Estábamos con otros periodistas, modelos (Graciela Alfano) y jugadores de la selección, como (Oscar) Ruggeri, (Jorge) Burruchaga y (José Luis) Brown. De repente los jugadores del Napoli subieron al escenario y entre ellos estaba (Ciro) Ferrara, defensor de la selección italiana. Bilardo le empezó a decir a Brown 'dale Tata, andá allá', y se lo repitió dos o tres veces. No entendíamos por qué, hasta que Bilardo explicó: 'Quiero ver cuánto mide para saber si lo puede marcar en un corner', respondió Bilardo. Estábamos tomando champagne, riéndonos y Bilardo seguía en la suya", sonríe Ramenzoni. A la hora de la música, Bilardo también le pidió a la mujer de Ruggeri, Nancy, que llevara a su pareja a bailar cerca de Careca, delantero brasileño del Napoli. "Quiero saber la altura de Careca para ver si lo puede parar mano a mano en el Mundial del año que viene", repitió el técnico.

El casamiento de Maradona volvió a la agenda periodística en 1996, tras la muerte por SIDA del arquero del Napoli, Giuliano Giuliani (campeón de la liga italiana en 1990, también con el equipo de Maradona). El diario italiano Il Corriere della Sera publicó entonces un rumor que especulaba sobre la posibilidad que el arquero había contraído la enfermedad durante "una noche de locura" vivida en Buenos Aires, en noviembre de 1989, cuando asistió junto a sus compañeros a la boda de Maradona. "Podría ser, quién sabe. Nunca se sabrá", dijo la viuda de Giuliani, Raffella Del Rosario, en 2010, cuando le preguntaron sobre esa versión. A las fiestas de los dioses no les falta ni la tragedia.

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