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Aviso contra la tiranía para uso de españoles / 1

La verdad amenazada

Mentir está al alcance de cualquiera; las mentiras de los poderosos causan desastres mundiales

Blair, Bush y Aznar, los 3 protagonistas de la cumbre de las Azores.
Blair, Bush y Aznar, los 3 protagonistas de la cumbre de las Azores.

The Washington Post ha ganado el premio Pulitzer de Periodismo por haber puesto de manifiesto las mentiras de Donald Trump, con las que éste llegó a la presidencia de Estados Unidos y persiste en ese puesto de enorme poder mundial.

Mentir está al alcance de cualquiera. Las mentiras de los poderosos (como Hitler) causan desastres mundiales. Las mentiras de cualquiera son inocentes rasguños en la historia personal de las infamias. No es cierto que mientan los niños. Lo que hacen los niños es decir verdades inconvenientes. Mienten los mayores, poderosos o no, para guardarse de la opinión de otros, para impedir verdades pero, sobre todo, para silenciar hechos.

Naturalmente, eso no es privativo de Estados Unidos. De hecho, Estados Unidos ha aprendido, a lo largo de la historia, y en los siglo XX y XXI consiguió colar en el imaginario colectivo del mundo al menos dos mentiras extraordinarias: la que rodea al asesinato (supuestamente cometido por un hombre solo, el pobre Lee Harvey Oswald) y todo lo que sucedió en torno a la segunda guerra del Golfo.

En España ha habido mentiras gravísimas. La penúltima está en forma de libro, aireado para defender la tesis de que la República se mantuvo en el poder gracias a unas elecciones amañadas que dieron de sí el Frente Popular. Eso es mentira, como puso de manifiesto aquí (en Babelia) Santos Juliá, en su crítica al mencionado libro.

El editor de 'The Washington Post', Martin Barron (Izda.) junto a David Fahrenthold en la redacción del diario.
El editor de 'The Washington Post', Martin Barron (Izda.) junto a David Fahrenthold en la redacción del diario. AP

La más conocida, y reiterada, fue la que dijo José María Aznar acerca de la autoría de la matanza del 11-M de 2004. Como estaba en periodo electoral y debió deducir que esa autoría le daría votos, adjudicó a ETA esa barbaridad (hizo otras matanzas la banda terrorista, pero esa no, esa la hicieron los islamistas) y se cuidó en dar a conocer esa falsedad a los medios, incluido este. En un programa popular reciente Aznar volvió a mentir, a su modo, sobre ese hecho, y Jesús Ceberio, director de EL PAÍS en aquel entonces, se encargó en rebatirle adecuadamente (una vez más) su reiteración mentirosa.

Pero no fue la única instancia en que mintió Aznar: con respecto a la participación española en aquella guerra del Golfo, el expresidente asumió todas las mentiras de Bush II (sobre la existencia de armas de destrucción masiva, que en realidad no había) para emprender una guerra mortal contra Sadam Hussein.

Mentiras así hubo en el siglo XX, las hay en el siglo XXI y están vivas ahora mismo en varios frentes: en Rusia, en Estados Unidos. Las grandes potencias mienten, mienten los pequeños países, y se miente en nuestro país. Por ejemplo, se mintió con respecto a los Gal y con respecto a ETA, se miente con respecto a la Gürtel y con respecto a los Pujol, se miente para avisar a la gente de que se levante en manifestaciones multitudinarias (“España nos roba”), y se miente en las redes y, después, en las versiones apresuradas de periódicos u otros medios a los que verificar les da dentera.

Las grandes mentiras ahora vienen de Estados Unidos porque allí se producen, como todo, a lo grande, y son capaces de poner a un empresario del nivel de Donald Trump, con una enorme maquinaria de mentiras detrás de su campaña impetuosa, en la presidencia del país.

Alarmado por esta posibilidad, que resultó ser cierta, Timothy Sneyder, estudioso discípulo de Tony Judt, especialista en el Holocausto, escribió un libro que ahora ve la luz en España: Sobre la tiranía (Galaxia Gutenberg). Me dispongo, en entregas sucesivas de este blog, a glosarlo y recomiendo de veras el pequeño volumen (150 páginas).

Para abrir el apetito de esta lectura reconfortante y a la vez incómoda les leo la entradilla del capítulo 10 que se titula, precisamente, Cree en la verdad. Dice: “Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder, porque no hay ninguna base sobre la que hacerlo. Si nada es verdad, todo es espectáculo. La billetera más grande paga las luces más deslumbrantes”.

En capítulos sucesivos les haré un recuento de mis subrayados de esta lectura tan importante para el periodismo de hoy, en Oriente y en Occidente.