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Las revistas femeninas toman partido y se politizan

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encuentra oposición en las principales cabeceras de moda

Hillary Clinton y, a la derecha, Anna Wintour, en julio de 2013.
Hillary Clinton y, a la derecha, Anna Wintour, en julio de 2013.

La Administración de Donald Trump está encontrando oposición en un lugar insospechado: Teen Vogue y el resto de cabeceras de moda, que disparan su tráfico cuando se meten en política. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la página web de la hermana pequeña de la llamada biblia de la moda no se actualizó, en solidaridad con el paro femenino. En su lugar, colgaron noticias sobre activismo y feminismo. Había que bajar bastante en la página principal para encontrar la primera pieza de moda —la modelo plus size de Nike enfrentándose a sus críticos— o de una celebridad —el nuevo corte de pelo de la actriz Kristen Stewart—.

No fue algo extraordinario, la revista, al igual que casi todas las llamadas “cabeceras de prestigio” femeninas —Elle, Marie Claire, Cosmopolitan, Glamour—, adoptaron contenidos mucho más politizados durante la larga campaña electoral estadounidense y los han mantenido en la era Trump. En parte, porque les acompañan los resultados. “El entretenimiento solía ser nuestro vertical más popular, ahora es la política, y lo ha sido durante los últimos dos meses. Desde que empezamos a cubrir estos temas y lanzamos nuestra sección de Bienestar, en la que tratamos asuntos de igualdad, sexualidad y justicia reproductiva, nuestro tráfico ha crecido un 250%. Nuestros artículos más populares han sido uno sobre el mensaje político que se escondía tras la actuación de Lady Gaga en la Super Bowl y la pieza sobre Trump haciendo luz de gas a América”, confirma el director de contenidos digitales de Teen Vogue, Philipp Picardi.

El artículo que cita, en el que la periodista Lauren Duca denunciaba que el presidente ganó las elecciones haciendo dudar a EE UU de su propia cordura, tuvo un enorme impacto mediático el pasado diciembre. Dan Rather, el veterano anchorman y patriarca del periodismo estadounidense, la compartió en sus redes comentando que la publicación era una “improbable fuente” para un ensayo tan lúcido y militante. Se entiende que Rather, de 85 años, no esté al día con la línea editorial de una revista para adolescentes, pero en realidad no era tan improbable. La cabecera, que tiene una directora afroamericana de tan solo 29 años, Elaine Welteroth, ya llevaba un año informado a sus lectores, la mayoría entre 18 y 24 años, sobre la campaña presidencial en términos nada condescendientes. Lo ha notado Hillary Clinton, que citó la cabecera en uno de los escasos discursos que ha concedido tras su derrota. “Piensen en las noticias duras en las páginas de Teen Vogue —dijo— justo al lado de los consejos de maquillaje. Porque, ¿saben qué? A las chicas les pueden interesar las dos cosas a la vez”.

Las revistas femeninas toman partido y se politizan

Su cabecera madre, Vogue, también ha incrementado los temas políticos y sociales y no disimula su sesgo anti Trump, lo mismo que Elle, que ahora tiene como asesora editorial a la periodista Melissa Harris-Perry, profesora de Ciencia Política bregada en el canal de noticias MSNBC. Según Pam Vogel, analista del portal de periodismo Media Matters, “estamos viendo una dirección clara de nuevos lectores que celebran encontrar una nueva perspectiva política en las revistas femeninas. Y en términos de tráfico digital, hay evidencias de que, al menos en 2016, los lectores se dirigieron a esos portales en busca de noticias de última hora”.

Redacciones heterogéneas

Vogel destaca también el trabajo de las cabeceras especializadas, como Essence, para el público afroamericano, o Latina. “Llevan décadas informando sobre estos temas de manera muy específica. No creo que se estén uniendo ahora al mainstream, al contrario, han liderado esa tendencia”. Asegura que las cabeceras femeninas, que lidian con compromisos extraeditoriales —sus poderosos anunciantes del lujo y la belleza, a los que no siempre les gusta la controversia política—, tienen una ventaja: la composición de sus propias redacciones, mucho más diversa en términos de género y procedencia que las de los medios generalistas, hiperpobladas de hombres blancos de clase media. Es algo que también destaca Picardi. “Tenemos una plantilla muy diversa de mujeres jóvenes con orígenes muy distintos y eso afecta a nuestra cobertura. Cuando trabajas para una publicación femenina, el periodismo que practicas trata de dar voz a los que no la tienen. Si somos promujer, pro LGTBQ y pronegros, no significa que seamos antigobierno, solo que estamos aquí para contar la verdad para la gente que no está representada en la Administración actual”. Y eso incluye el acceso al aborto gratuito y cómo conseguir el efecto ahumado con sombra de ojos.