He aquí alguien que no quiere ejercer su derecho a desconectar

El actor Javier Rey ha triunfado en 'Velvet' y ahora en 'El final del camino'. Se declara tan obsesionado por la interpretación que esta feliz sin desconectar

Javier Rey posa para ICON vestido de Cortefiel.
Javier Rey posa para ICON vestido de Cortefiel.Gianfranco Tripodo

El miedo es algo que puede hacer estragos y dejar a uno paralizado hasta el punto de apartarlo de su sueño. O, quién sabe, reconducirlo. Javier Rey lo supo siendo apenas un chaval. El actor revelación de la recientemente finalizada (en diciembre) serie Velvet quería ser ciclista. Llegó a estar federado y con 12 años ya competía. Tenía como referentes a su padre y hermano, aficionados incondicionales, y a Perico Delgado, a quien admiraba a través de la televisión. El plus añadido era el enorme apego que había en su pueblo, Noia (A Coruña), por la bicicleta.

Hasta que un accidente cambió el curso de su vida. “Varios ciclistas que conocía sufrieron un atropello masivo. Entre ellos estaba Alonso Rodríguez, que podría haber sido un grande y murió aquel día. El resto salió adelante, pero a medida que yo me hacía mayor empecé a verlo como un deporte engañoso”, recuerda. Fuera por cuestiones físicas o no, lo cierto es que con 16 años Javier se estancó en el ciclismo. “El deporte siempre te pone en tu sitio. Apuntaba maneras, pero no tenía el talento que presuponía. Hoy tengo claro que no hubiera llegado a profesional”, apunta. Colgó la bicicleta y hasta hoy no ha vuelto a montarse en una. “Exceso de kilómetros quizá”, dice.

"Me cuesta parar, pero lo digo desde el placer. Creo que nunca he conseguido desconectar. Podría decir que no sé qué sería de mi vida si desconectara"

Javier Rey no entiende de medias tintas en nada. Pensó en ser enfermero. “Me di cuenta pronto de que me hacía falta más valor del que parece que tengo”, recuerda sobre cómo abandonó la idea. Y de pronto apareció la interpretación, que nunca estuvo en su mente. Le enganchó. “Obsesión a tiempo completo, lo llamaría. Me cuesta parar, pero lo digo desde el placer. Creo que nunca he conseguido desconectar. Podría decir que no sé qué sería de mi vida si desconectara. Me divierto mucho estando solo en casa, buscando vídeos, releyendo guiones… Me lo paso tan bien en este mundo que aquí me quedo”.

Lo que tiene claro desde el primer día es que entró en una carrera de largo recorrido. “La gente que tiene talento terminará viviendo del oficio, aunque tenga mala suerte y le llegue con 70 años. O eso es lo que quiero pensar…”, dice. No sabía que la actuación podía ser un oficio y, como nunca tuvo expectativas, no se fueron apagando cuando, los primeros años, las cosas no le iban tan bien. “Como ciclista entrenaba mucho y cuando quise ser enfermero estudié a tope. Del mismo modo, toda mi primera etapa como intérprete me la tomé como un aprendizaje para ser el actor que siempre he querido ser, pero exprimiendo cada momento. Es tan difícil que te den una oportunidad en este trabajo que, cuando toca, hay que aprovecharla”.

Así se entiende que, con 36 años, a Javier le valgan lo mismo los cuatro minutos que tiene en Kiki, el amor se hace que un papel principal en El final del camino, serie de época que acaba de estrenarse en La 1. Satisfecho con el final de Velvet por el “acto de inteligencia” que supone darle un cierre digno en el momento más alto, estudió para su personaje la moda desde los años veinte hasta hoy y acabó siendo imagen de Cortefiel.

Mateo y Clara son la pareja que interpretan Javier Rey y Marta Hazas en 'Velvet'.
Mateo y Clara son la pareja que interpretan Javier Rey y Marta Hazas en 'Velvet'.

“El personaje era un experto en moda, así que también quise serlo yo. Acabé viéndolo como algo más artístico de lo que pensaba. Ahora es un gusto colaborar con Cortefiel, porque ya había prendas de la firma en mi armario”, asegura.

Rey es de los pocos que no se ha sorprendido de los datos de audiencia que ha alcanzado este final superando todas las expectativas: “Vi el elenco y los primeros guiones y pensé que sería un éxito. Durante la segunda temporada sentía por primera vez en mi vida que había gente en la calle con necesidad de verla cada semana”. En muchos casos se percataba de ello sin que le reconocieran. Incluso ha podido ir a unos grandes almacenes sin problemas: “En el momento en que desaparece el bigote le sueno a la gente, pero porque creen que estuve en la última boda a la que fueron”. Aunque no siempre ha sido así: una azafata de vuelo llegó a desearle la muerte justo antes de subir al avión. “Eso sí que da miedo”.

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