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En el buen camino

Hay que celebrar que el PSOE recupere la centralidad política

La moderación y la gestión pacificadora que Javier Fernández está llevando a cabo en el PSOE se tradujo ayer en el buen discurso pronunciado ante el comité federal. No era nada fácil la labor de la gestora socialista tras la convulsión vivida y, pese a las circunstancias complicadas, el PSOE está consiguiendo articular un proceso de reconstrucción interno que no sea divisivo ni traumático. El partido va encontrando la vía para reconstruir su proyecto político y reparar las estructuras de dirección, dañadas por las tensiones vividas hasta la renuncia del anterior secretario general, Pedro Sánchez. Al PSOE le hacía falta dejar de agitar las aguas y centrarse en lo que debe ser el juego interno de un partido que puede debatir opciones y contrastar candidaturas sin que los enfrentamientos orgánicos llenen todos los espacios de discusión. La noticia de que Patxi López presentará su candidatura y la previsible concurrencia de otros candidatos debe ser saludada como un elemento más de normalidad en la recuperación del partido.

Javier Fernández reconoció que al día siguiente de las elecciones de junio de 2016 ya sabían todos los dirigentes socialistas el nulo margen que les dejaba el resultado obtenido, el peor de su historia desde el restablecimiento de la democracia. La abstención era inevitable, y sin embargo nadie fue capaz de afrontar la realidad por temor a perder el congreso del partido. La prioridad total dada a las cuestiones relacionadas con el poder interno les hizo olvidarse del interés del conjunto de los españoles. Y este fallo resalta todavía más en un partido que ha ejercido amplias responsabilidades de gobierno y que desde luego es uno de los pilares del sistema político en España.

Debe respetarse la voluntad de unos y otros para debatir todo lo que sea preciso, pero a condición de aceptar los resultados que obtengan el respaldo mayoritario. Por eso Javier Fernández acertó en la petición de lealtad a los sectores críticos y de exhortación a la unidad. Es llamativo que la polémica sobre si el próximo congreso debería celebrarse antes o después terminó con una propuesta de calendario (primarias en mayo, congreso en junio) que solo tuvo cinco votos en contra. Señal evidente de la artificialidad con que se han mantenido posturas aparentemente irreconciliables en aras de sostener elementos de confrontación que, a la postre, importaban a pocos.

Hay que celebrar que el PSOE se esté centrando. No tanto en términos ideológicos y de definición política, porque en el Congreso ha sacado adelante propuestas netamente de centroizquierda, como la subida del salario mínimo, la reforma de la ley educativa o las propuestas para poner fin a la pobreza energética. Lo importante es que, sin moverse del espacio de la socialdemocracia, el PSOE trate de afirmarse en términos de centralidad en el espacio político y en una contribución a la gobernabilidad que, mal que les pese a algunos de los elementos más críticos, era la única manera de salir del atolladero electoral y de ejercer una oposición útil. Como dijo Fernández, la existencia del PSOE no se justifica como un mero instrumento para impedir que gobierne la derecha. Hay que pensar en los ciudadanos y actuar conforme a sus intereses. Ahora está en el buen camino para conseguirlo, y ese camino, con toda probabilidad, lo llevará de nuevo al poder.

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