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La reina desnuda

Tom Ford sabe que la realidad escala los muros de su mundo ideal. Y no puede evitarla. Pero al menos puede negarse a maquillarla

Tom Ford, en la premiere de su película 'Animales nocturnos' en Nueva York el pasado noviembre
Tom Ford, en la premiere de su película 'Animales nocturnos' en Nueva York el pasado noviembre AP

Tom Ford no es un activista. Cuesta imaginar al diseñador de Gucci e Yves Saint Laurent protestando en la calle con una pancarta (y acaso, una palestina Chanel). Sin embargo, ha dejado clara su posición personal contra la llegada de los Trump a la Casa Blanca: está "triste y decepcionado". Ya le habían pedido vestir a Melania hace años, antes de que fuese la primera dama, y se negó. Ahora, en lo que a Ford respecta, la reina seguirá desnuda.

Otros diseñadores, como Tommy Hilfiger, opinan que no se debe politizar el puesto de la primera dama. Pero "primera dama" es un puesto político de por sí. Melania Trump está donde está por los votos, aunque no sean directamente suyos. Y está sujeta a la crítica de todos los ciudadanos. Cada quien participa desde su posición y con sus medios. Que un diseñador top se niegue a vestirla es una valiente declaración de principios.

El también cineasta Ford ya ha expresado su visión del mundo en sus películas: a principios de la era Obama lanzó Un hombre soltero: una oda íntima al duelo con una estética preciosista. En la era Trump, en cambio, estrena el espeluznante thriller Animales nocturnos, con Amy Adams como un alter ego del director: Amy tiene un trabajo glamuroso, vive en una casa de diseño y habita un universo de dentaduras blanqueadas. A pesar de todo, ahí afuera hay un mundo peligroso que la acecha, la alcanza y le salta a la yugular.

Tom Ford sabe que la realidad escala los muros de su mundo ideal. Y no puede evitarla. Pero al menos puede negarse a maquillarla. Ya es más de lo que hacen muchos.

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