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Guías para todos

Asistí a una visita en la que además de un guía al uso iba también una intérprete de lenguaje de signos. Como en el grupo todos oíamos bien, en principio, me pareció un derroche. Hicimos un recorrido urbano y visitamos dos museos. Los más pequeños acribillaron a preguntas a la intérprete: que si lo traducía todo, que cómo se signa tal palabra… Todas fueron solícitamente contestadas. Explicó también cómo funciona el sistema Braille de escritura para ciegos.

Sí que fue un derroche, pero de simpatía y profesionalidad.— Santiago Aragón Guarné. Elche (Alicante).

 

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