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Psicosis de inseguridad

Es imposible mantener a la sociedad en calma y enfrentarse al terrorismo si las pugnas políticas invaden el debate tras cada atentado

Minuto de silencio en Niza (Francia) por las víctimas del atentado del 14 de julio.
Minuto de silencio en Niza (Francia) por las víctimas del atentado del 14 de julio. EFE

Existe un peligro latente de que los últimos atentados terroristas, sobre todo el cometido en Niza el día de la fiesta nacional francesa, alimenten la psicosis de los ciudadanos hacia los refugiados y las poblaciones inmigrantes de origen musulmán ya asentadas en suelo europeo. Otros hechos sucedidos en Alemania —un adolescente afgano que acuchilla a varios viajeros de un tren, las violaciones de Año Nuevo en Colonia— contribuyen aún más al sentimiento de inseguridad. Por eso es grave que algunos políticos intenten aprovecharse del miedo para sus batallas partidistas. Es imposible mantener a la sociedad en calma y enfrentarse al terrorismo si las pugnas políticas invaden el debate público después de cada atentado. Y hay que recordar que el año próximo habrá elecciones tanto en Francia como en Alemania.

La dignidad con que muchas personas asistieron a los actos en memoria de las víctimas de Niza contrasta con los abucheos al primer ministro, Manuel Valls. Los dos principales candidatos a dirigir la derecha francesa, Alain Juppé y Nicolas Sarkozy, han cargado contra el Gobierno socialista por no haber tomado las suficientes medidas de seguridad. Todo ello sin olvidar el discurso permanente de la extrema derecha contra inmigrantes y refugiados.

Siempre se puede discutir sobre la eficacia de las medidas antiterroristas, pero Francia ha tomado muchas: estado de excepción, despliegue de efectivos policiales y militares, refuerzos de la legislación, todo ello sin cejar en el ataque militar contra el Estado Islámico. El presidente francés, François Hollande, anuncia ahora la movilización de reservistas y pide voluntarios para engrosar las filas de una nueva Guardia Nacional. Todo ello da idea de la gravedad de la situación.

En una Europa tan expuesta al yihadismo, es inútil dar la falsa esperanza de que el éxito de las medidas antiterroristas está condicionado a considerar como sospechosos a la mayoría de los musulmanes. La idea de una retaguardia completamente a salvo de las guerras de Oriente Próximo solo es el producto de la demagogia con que líderes irresponsables tratan de sacar partido de una situación que exige exactamente lo contrario: mantener la unidad de los demócratas, no caer en la tentación de dar curso al odio y ser conscientes de que la sociedad europea tiene por delante una larga lucha.

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