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Confesiones de una madre algo cochina

Pasar de la ducha diaria supone un montón de ahorro: de agua, gel, tiempo, y sobre todo, de broncas

Otros hijos de una madre cochina.
Otros hijos de una madre cochina.

He salido del armario. Al hilo de mi confesión de que a veces doy de merendar bollería industrial a mis hijos, me he metido en una peligrosa senda de striptease maternal, y ya no me importa quedar como una madre cochina. Pues sí, aparte de acumular azúcar y grasas trans, mis pequeños no se duchan a diario, y mucho menos en verano

Si lo pensáis bien, son todo ventajas y ahorro. Primero, el ahorro en geles, champús, suavizantes y cremas, que ya de por sí liberan bastante la economía familiar cuando te atreves a dar el paso de lavar a los niños con lo mismo que usas tú, es decir, el bote familiar del Mercadona, en vez de usar los jabones sin jabón pero con fragancia a pitiminí de foie especiales para bebés de la farmacia. Por supuesto, también está el ahorro de agua, que si hubiera una policía ecológica, las cárceles estarían llenas de padres primerizos. Después, el ahorro de tiempo, que podemos usar tanto padres como niños en otros menesteres que nos apetezcan/urjan más. Y por último, pero lo más importante, el ahorro de broncas, llantos y enfados.

En casa, el tiempo dedicado al baño ha sido inversamente proporcional al número de hijos. El primero, como buen bebé conejillo de indias, se bañó religiosamente a diario en una bañera cambiador, comprobada previamente la temperatura del agua con el preceptivo termómetro en forma de hipopótamo flotante. A las dos siguientes les han tocado baños compartidos y duchas a edades a las que el mayor todavía chapoteaba alegremente con sus juguetes en la bañera. Ahora, el día que les toca, tienen un padre tan apañado que es capaz de darles duchas exprés a los tres en 15 minutos (lo alquilo por horas si alguien quiere sus servicios).

En verano, el ritmo de tres duchas semanales (por suerte, son de poco sudar y aún no han empezado a oler por las hormonas adolescentes), puede incluso reducirse. La verdad es que relajamos tanto las costumbres que ni llevamos la cuenta. Y es que bajando todas las tardes a la piscina, da tanta pereza volver a remojarles en casa... Y total, lo que no mate el cloro...

Y oyes, que no soy la única. Que esta semana me confesaron las propias Malasmadres y alguna otra más que hacían lo mismo...

Que sepáis que el debate entre los científicos sobre cada cuánto es bueno el baño tiene más de un siglo. Yo, obviamente, voy con los partidarios del Bathxit.

 

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