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Diane Guerrero: “Deportaron a mis padres cuando tenía 14 años”

La actriz de ‘Orange is the New Black’ ya no esconde su historia y publica una biografía para ayudar a cambiar las leyes migratorias de EE UU

Diane Guerrero, en la entrega de los premios SAG.
Diane Guerrero, en la entrega de los premios SAG. GETTY IMAGES

Diane Guerrero supo de inmediato que algo no iba bien. La entrada estaba a oscuras. La casa, en silencio. No había ruido de la televisión, ni voces charlando en español. En la cocina, encontró una olla de arroz en los fogones. “¿Dónde están todos?”, gritó. “¡Mami, papi, estoy en casa!”. Una vecina fue quien le contó que a sus padres se los habían llevado agentes de inmigración. Aterrorizada, cerró la puerta con llave, apagó las luces y se escondió debajo de la cama. Acababa de quedarse sola con 14 años.

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“Mi historia es desgarradamente común”, escribe Guerrero en su libro de memorias En el país que amamos (Henry Holt). “Cada día 17 niños son puestos bajo cuidado estatal una vez que sus padres son detenidos y deportados”. Lo que no es tan habitual es que nadie se dé cuenta de que un menor ha quedado desamparado y, menos aún, que la historia termine como esta. A sus 29 años, Diane Guerrero trabaja en las populares series Orange Is the New Black y Jane the Virgin. Y ahora la actriz ha querido contar los años de lucha que siguieron a la deportación de sus padres a Colombia.

Diane es la única de su familia nacida en EE UU. Sus padres y su hermano —que también fue expulsado— eran indocumentados. El tema acerca de la deportación era algo que “siempre temíamos. Mis padres eran muy claros conmigo y siempre me contaron lo que pasaba con sus papeles. Era algo que me asustaba y en lo que pensaba muchísimo”, cuenta en una entrevista con EL PAÍS.

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Los servicios de menores nunca se pusieron en contacto con ella, que decidió quedarse en Boston, al cuidado de amigos, para terminar sus estudios. “Mis padres me inculcaron el trabajo duro y la determinación. Me permitieron soñar. Me decían que era especial y que tenía lo necesario para llegar a ser alguien. Siempre fui una niña muy decidida”, dice.

Cuando Guerrero entró en la universidad, todo se torció. “Cuando eres niño sabes que estás triste por lo que le ha pasado a tu familia. Pero, según creces, empiezas a cuestionarte, y empiezas a culparte a ti misma”, recuerda. La soledad, la frustración y las deudas para pagar la universidad la llevaron a una profunda depresión en la que llegó a autolesionarse e incluso intentó suicidarse. “Cuando crecí comencé a pensar esta es quien soy, soy una persona terrible, una persona triste. Es muy difícil controlar tus emociones sin tener la guía de tus padres y tener que lanzarte al mundo”. Pidió ayuda a un terapeuta y empezó a tomar clases de interpretación. “Fue lo que me ayudó a volver a encarrilarme”, asegura. “Comencé a cambiar mis rutinas y a expresar mis emociones y a usar mi imaginación. Fue lo que me lanzó a donde estoy hoy”.

Tras mudarse a Nueva York y pasar por un largo periplo de castings, la seleccionaron para el papel de Maritza en Orange Is the New Black. La serie aborda los problemas de racismo y clasismo en la sociedad estadounidense con una franqueza poco habitual. “Son historias valientes y no tenemos miedo de hablar claro. Creo que lo peor que hay es una sociedad complaciente, que diga que el racismo no existe”. Después llegó Jane the Virgin. La abuela de Jane es indocumentada en EE UU y durante uno de los episodios la etiqueta #reformamigratoria apareció sobreimpresa en pantalla. “Creo que es algo maravilloso lo que la serie ha hecho y amo a Jennie Snyder [la directora] por tomar esa decisión, porque como comunidad nos hace sentir escuchados”.

Guerrero está involucrada en grupos a favor de una reforma migratoria. En cuanto a Donald Trump y su idea de deportar a los 11 millones de indocumentados, la intérprete asegura que “sus propuestas son ridículas y separatistas”. Sin embargo, es optimista y cree que el republicano “ha dado un enorme empujón a los defensores y activistas”.

La actriz decidió publicar el libro pensando en los miles de niños que pueden estar pasando por lo que ella vivió. “Me hubiera encantado escuchar otras historias como la mía”, asegura. “Una parte de la sociedad y de los medios intenta demonizar a los inmigrantes y entonces lo interiorizamos y nos infravaloramos”. Su mensaje para ellos es “aceptar que somos hijos de inmigrantes y que nuestros padres son parte de la historia de este país”. Lo dice por experiencia propia: “Cuando dejé de sentirme avergonzada de mi historia, empecé a tener éxito”.