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Mujeres al borde del estrés

Carmen Maura, Rossy de Palma y María Barranco se reúnen en un plató 28 años después del primer gran éxito global de Pedro Almodóvar para grabar un anuncio

De izquierda a derecha, las actrices Rossy de Palma, Carmen Maura y María Barranco, reunidas en Madrid. 
De izquierda a derecha, las actrices Rossy de Palma, Carmen Maura y María Barranco, reunidas en Madrid. 

Conciliación, igualdad salarial, mantener la línea, ser buena madre… Sí, ellas tienen motivos para seguir al borde del ataque de nervios. Han pasado 28 años desde que Pedro Almodóvar estrenó la película que lo descubrió en las salas de todo el mundo. Sin embargo, muchas mujeres todavía tienen motivos para pensar en la solución que la cinta planteaba: echar somníferos al gazpacho. Pero sus protagonistas, Rossy de Palma, Carmen Maura y María Barranco, no se quejan. Sus carreras las han tratado bien. No hay novios chiítas, maridos mujeriegos o sexo en fase REM de por medio. “Me ha sido fácil encontrar papeles. No he notado la edad. Tengo un cuerpo pobre y sirvo para cualquier cosa”, bromea Maura.

Están sentadas alrededor de una mesa de un pequeño restaurante para un anuncio de Campofrío, rodaje al que ha tenido acceso EL PAÍS, y que se emite a principios de semana. El tema central: animar a las mujeres a superar el estrés en su rutina. Durante unos instantes su mente solo está a una cosa: hay 30 segundos que rodar. Maura dice su frase perfecta toma tras toma. Para improvisar ya está Barranco, que no se contiene y saca punta a toda frase, escrita o no: “Estoy tranquila. Me he tomado un trankimazin (...) Estas no están calmadas, están aburridas”. Maura no puede parar de reír. “María, te sales del anuncio”, apostilla De Palma. Comienza una charla entre antiguas amigas.

Un descanso durante el rodaje del anuncio.
Un descanso durante el rodaje del anuncio.

“Para las cámaras no nos hemos vuelto a ver, pero nos encontramos en Cannes, alfombras rojas, en Francia...”, reconoce De Palma. En 1989, un año después de Mujeres al borde de un ataque de nervios, ella y Barranco coincidieron en ¡Átame! Maura, tras la conflictiva grabación, salió de espantada del mundo Almodóvar, su director fetiche, hasta Volver (2006). Se encontró con Barranco en Las brujas de Zugarramurdi (Alex de la Iglesia, 2013), aunque no se cruzaron. “Era una locura, lleno de vascas, monstruos y en una cueva”. Cada rodaje se convierte en una familia cercana que tras dos meses desaparece quizás para siempre. “Cuando nos reunimos, solo contamos batallitas”. Hablan de a qué se dedican ahora sus hijos, de los papeles que les ofrecen, de los directores que no llaman...

“De quien más hemos hablado hoy ha sido de Chus Lampreave”, exclama con pena De Palma. Es la chica Almodóvar que falta. La veterana actriz, fallecida el pasado 4 de abril, cedió casualmente su natural vis cómica y sus frases icónicas a dos de los anuncios recientes de Campofrío. “Chus era un ángel, lleno de limpieza e inocencia. Nunca te iba a decir nada malo en una entrevista”, recuerda De Palma. “Te cuesta trabajo creértelo”, dice compungida Barranco. “Estaba siempre contenta”.

Polémicas erróneas y papeles verdes

Rossy de Palma nunca desapareció de la pantalla. No se cansa de repetirlo. Pero en el último año ha estado tan activa que todos le preguntan dónde se había metido. Ha vuelto al universo almodovariano en Julieta siete años después de Los abrazos rotos. Y ya van siete películas juntos. Pero en 2015 le ha dado tiempo también a demostrar que mantiene aquella vis cómica como secundaria de Incidencias de Juan Cruz y José Corbacho, Anacleto: Agente secreto y Solo Química. No olvida, además, ese eterno affaire con Francia que comparte con Maura. En 2015 protagonizó Graziella. Su espíritu luchador sigue tan vivo como siempre: “Vivimos en un mundo muy sensacionalista. Estoy harta de que se pregunte en las alfombras rojas por nuestros zapatos y vestidos, y no por la película. Si nosotras seguimos hablando de lo erróneo, ganan puntos polémicas que no se lo merecen”. ¿Qué papeles busca hoy De Palma? “Los verdes”, bromea.

El plato que pide Maura homenajea al cine del director manchego. Por eso ellas —con sus lunares y camisetas ochenteras— están en el anuncio. Tienen cuidado, eso sí, de no mencionar literalmente el filme: “Una de mujeres al borde de un ataque de risas sin nervios, por favor”. La localización madrileña en la que se sientan se transformará las próximas semanas en Bendita Calma, un local dirigido por una chef pensado para ayudar a las mujeres a liberar las tensiones y cargas que acumulan en su rutina con un particular menú patrocinado por Pavofrío. Solo podrán apuntarse mujeres.

La campaña se basa en un estudio de Nielsen que asegura que el 66% de las españolas sufre estrés diario. El pavo al parecer es uno de los alimentos que ayuda a paliarlo. Maura defiende que hay causas sobradas para que las mujeres lo padezcan: “Ha cambiado poco. Ahora los hombres echan una mano, pero es eso, una mano”. Ella está en una fase en la que asimila todo distinto a cuando rodaba con Almodóvar: “Soy mayor, estoy cansada y hago todo muy despacito, sin estrés”. Ríe. “Carmen es más formal. Yo soy más reventona”, aclara De Palma.

Maura reconoce que su carrera la ha tratado bien: “No noto diferencia en la profesión entre hombres y mujeres. Ni de sueldos, ni roles. Quizás pase en Hollywood. Aquí no”. “Yo busco cualquier papel. Si no lo queréis, para mí”, responde Barranco, con una carrera más irregular: “Lo que me cabrea son los casting. Eligen de madre a una que parece que tuvo el niño con su primera regla. Hay papeles que puedes hacer y resulta que no te los dan”. “Eres tremenda María”, bromea sonriente De Palma. Son tres tipos de caracteres. Maura graba concentrada y seria, observando cada detalle. De Palma muestra una seguridad imponente. Cada frase es un mandamiento: “Las mujeres necesitan estar perfectas en todo. De ahí el estrés. Soy de trabajar la serenidad y relativizar”. Barranco, por su parte, aboga por “estrés compartido”, pero su compañera salta: “Es cosa de mujeres. A los hombres no hay que invitarlos ni para bien ni para mal. Tenemos que tomar sus derechos”.

De izquierda a derecha: Carmen Maura, Julieta Serrano, Rossy de Palma y Maria Barranco, en 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (1988).
De izquierda a derecha: Carmen Maura, Julieta Serrano, Rossy de Palma y Maria Barranco, en 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (1988).

Veintiocho años después, ellas han encontrado la calma. Ninguna parece estar ya al borde del ataque de nervios, aunque siguen buscando algo básico de su profesión: “Paso de cineastas famosos. Quiero papeles que me sorprendan y pasármelo bien. Busco directores con los que disfrutar”, dice Maura calmada. Rossy lo tiene claro: “La aventura es con el director. Cuando Joaquim Jordà me quería para Un cuerpo en el bosque, cenamos y, sin guion, le dije que iba a donde él fuera. Quiero una aventura vital”. “Salvo dos o tres me los llevaría a todos a casa”, subraya Barranco. “Yo a casa no me los llevo”, aclara Maura, “Me convierto en su esclava. Lo más cómodo es hacer lo que dicen. Tras dos meses a sus órdenes, quiero perderlos de vista”.