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El desafío de ser una anti 'youtuber'

Hablamos con 'Soy Una Pringada' , la antítesis de fenómenos como AuronPlay, que en su canal asegura 'odiar' a los heteros y mezcla a las 'drag queens' con Nirvana. "Lo que entendemos por 'youtuber' perfecto es alguien que se ríe de los demás", cuenta en su vídeo para Tentaciones

Soy una pringada en una imagen de su vídeo para TENTACIONES.

De la angustia adolescente también se sale. O no, y gracias, porque a veces las cosas que nunca se curan -ni se olvidan, como la película de Todd Solondz, al que volveremos más tarde- sirven de material creativo a sus respectivos propietarios.

“Yo no podía hablar”, nos dice Esty, más conocida como Soy Una Pringada. “Hasta los doce años no pude comunicarme verbalmente con mi familia más cercana, y ya con dieciséis empecé a poder hacerlo con el resto de gente. Me llevaron al psicólogo del colegio, que era un psicólogo de mierda, incapaz de diagnosticar qué es lo que me pasaba. Además, todos intentaban que me sintiese mal diciéndome que así nunca tendría amigos. Era cómo, ¿pero no os enteráis de que no puedo puto hablar? Me afectó mucho todo eso, pero de un dolor así tienes que sacar lo que puedas”, reflexiona. “Un vídeo de YouTube, por ejemplo”.

Esty, Estibaliz, Soy Una Pringada, no es la youtuber más influyente del país. No es la que tiene más suscriptores, ni vídeos con millares de visitas, ni tan siquiera una legión de followers que supere las cinco cifras. El hecho de que utilice su canal para enarbolar a las drag queens, hablar de películas independientes o contar, con todo lujo de detalles, los atropellos que ha sufrido, la alejan diametralmente del youtuber tipo. “Me siento muy out de toda la escena YouTube España”, dice sobre el objeto de estudio de su último vídeo, que hoy estrenamos en exclusiva en Tentaciones.

“Aquí lo que entendemos por youtuber, el youtuber perfecto, es alguien que se dedica a reírse de otra gente. Alguien que, además, no es capaz de contar nada sobre sí mismo. No se atreven a exponerse y, en su lugar, exponen a los demás”, argumenta, en clara referencia a youtubers como Auronplay.

Quizás haya sido justo eso, la sincera exposición a la que Soy Una Pringada se somete en sus piezas, lo que haya levantado, por un lado, tanto el interés de perfiles poco proclives a consumir vídeos en este formato como, por el otro, el odio incendiario de los trolls de rigor. “Cuando una tiene el poder de reírse de sí misma, jode, porque es una muestra de seguridad que esos haters no tienen. Lo único que pueden hacer es proyectar sus complejos en los otros. En mis vídeos no hago otra cosa que ridiculizarme, con lo que ellos sólo pueden meterse conmigo por mi físico, como si fueran niños de primero de la ESO”.

En mis vídeos no hago otra cosa que ridiculizarme, con lo que ellos sólo pueden meterse conmigo por mi físico, como si fueran niños de primero de la ESO”

Sin highligt no hay ciberbilis, y el highlight de Soy Una Pringada es también su vídeo más visitado, Odio a los heteros. “No era consciente de que iba a resultar tan ofensivo, pero me encanta que lo haya sido. ¿Sabes lo más patético? Yo pongo a monetizar todos los vídeos de mi canal, y justamente con ése se me pasó hacerlo. Pero tampoco fue tan viral: perdí el equivalente a tres euros. No, menos. Pero vaya, que ya he puesto la opción para que se monetice. Ya estoy tranquila”. Como lo está, aprovechamos para preguntarle por un hetero al que salvaría de su pira. “Kurt Cobain describió a su generación, a la actual y a la que vendrá. Su rabia hacia la sociedad es la mía, y será también la de los adolescentes del año 2050”, dice del cantante cuya firma decora su muñeca derecha; en la izquierda, lleva la rúbrica de Morrissey. “Nirvana son mi parte más fucker y Smiths mi parte más patética, que es aún más grande que la primera”.

Grunge y pop aparte, para Soy Una Pringada el auténtico rock&roll son las drag queens. “¿Has visto el reality RuPaul’s Drag Race? Estoy súperenganchada. Incluso voy a ver a las drags locales aquí, en Bilbao, cuando hacen algún show”, dice Esty, que se maquilló al estilo drag en uno de sus últimos vídeos. “Amo a esos tíos que se ponen peluca, tacones, y desafían los roles de género exagerando los atributos femeninos hasta el extremo”. Ella localiza el inicio de su fascinación por este colectivo en To Wong Foo, Thanks for Everything! Julie Newmar, el transgender-flick noventero que le hizo interesarse, más tarde, por el cine de John Waters y Todd Solondz. “Me encantan sus pelis, son muy miseria. Yo estudio cine y fotografía, porque lo que realmente quiero, lo que me gustaría de verdad, es escribir y dirigir mis propias películas”.

Haciendo recuento -Cobain, Morrissey, Waters, Solondz-, poner juntas las referencias que maneja Soy Una Pringada no supone osadía alguna, como tampoco lo es afirmar que forman parte de una misma cosmogonía antes-undeground-ahora-masiva. Lo chocante es ver como, en sus vídeos, logra hacer que estos referentes choquen con otros como Aquí No Hay Quien Viva o La Veneno. “Yo tengo una cara alternativa, y luego otra cara más mamarracha”, nos confiesa. “El hecho de que ahora me vea capaz de reconocer que me gustan lo mismo Aramis Fuster que David Lynch se lo debo a Gran Hermano VIP; a la edición de Belén Esteban y Víctor Sandoval. Cuando estaba en emisión, me apetecía mucho twitear sobre el programa, porque era un salseo continuo, pero a la vez me daba miedo lo que pudiese pensar mi entorno más grunge. Me lo daba, al menos, hasta que acepté que mi parte oscura era tan mía como mi parte mamarracha; mi parte de Ana y Los Siete y de Los Serrano”.

Con su podcast de reciente estreno, llamado Pringadas&Travestis, Soy Una Pringada parece dispuesta a pisar el acelerador en los próximos meses para seguir resultando incómoda, en multiplataforma, tanto a sus haters como a sus lovers. “Me encanta el mal gusto. Soy una mierda y tengo cosas que resultan muy ofensivas a los demás. Incluso una feminista, y nunca lo dirías, puede llegar a molestarse por uno de mis vídeos”, termina. “Vamos de modernos y somos unos putos viejos”.

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