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Homofobia intolerable

La sucesión de agresiones contra gais, lesbianas y transexuales en Madrid exige una respuesta de las autoridades

Dos asistentes a la Fiesta del Orgullo Gay de 2005 en el barrio de Chueca, Madrid.
Dos asistentes a la Fiesta del Orgullo Gay de 2005 en el barrio de Chueca, Madrid.

Las dos agresiones sufridas en Madrid por jóvenes homosexuales el pasado fin de semana alertan sobre un fenómeno que debe ser combatido con decisión desde las instituciones públicas: el aumento de ataques que tienen como base la intolerancia ante la diversidad sexual. Las agresiones a gais, lesbianas, transexuales o bisexuales se repiten como un goteo intolerable, siempre bajo el mismo patrón: comienzan con insultos y acaban en agresiones que pueden llegar a ser graves.

Así ocurrió en el primero de los casos denunciados este fin de semana. Dos jóvenes de 24 y 27 años fueron increpados cerca de Sol por tres hombres y acabaron con lesiones graves que incluyen sendas fracturas faciales. En la segunda agresión, un grupo de hombres jóvenes arremetió contra dos homosexuales a la salida del metro de Tribunal. Con ellas son 52 las agresiones denunciadas en lo que va de año en Madrid. El hecho de que más de la mitad se concentre en el distrito Centro de la capital exige que se investigue si estamos ante una campaña organizada por parte de grupos homófobos.

La sociedad española puede enorgullecerse de haber sido pionera en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales. Particularmente significativa fue la aprobación de la ley del matrimonio gay, en 2005, y el derecho de las parejas del mismo sexo a adoptar. Pero las reacciones de intolerancia son reiteradas en todo el territorio, aunque muchas de ellas ni siquiera se denuncian. El Observatorio de la Homofobia de Cataluña contabilizó en 2015 un total de 113 incidentes, de los que más de un tercio fueron agresiones. Particularmente grave es el acoso escolar homofóbico, porque las víctimas son adolescentes y, por tanto, mucho más vulnerables, como demostró el suicidio de Alan, un joven transexual de Rubí de 17 años, que se quitó la vida en diciembre tras sufrir un acoso continuado.

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