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Mira quién habla

Puede ser un incordio que hablen los pesados, pero es peligroso —e ilegal— que los sospechosos de corrupción decidan quién habla

Gerard Piqué habla con su compañero Sergi Roberto durante un partido el año pasado.
Gerard Piqué habla con su compañero Sergi Roberto durante un partido el año pasado.

La red social Periscope confirma nuestras sospechas: Gerard Piqué resulta cargante. Es el tipo que no quieres a tu lado en un avión. No contento con irritar a toda una hinchada, incluso a un país, con sus provocaciones, ahora Piqué también se dedica a perseguir a sus compañeros de equipo con la camarita, espiando las conversaciones conyugales de Mascherano, hostigando a un incómodo Suárez, interrogando a Messi... El típico compañero de viaje pesado, pero con una audiencia de 100.000 personas.

Y, sin embargo, los pesados también tiene derecho a expresarse. Si Piqué no te gusta, puedes simplemente dejar de verlo. Lo que no puedes hacer es prohibirle manifestarse, como pretenden la UEFA y el COI. La primera ha vetado el uso de Periscope en la Eurocopa. El segundo ha restringido el uso de redes sociales durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El reglamento suena riguroso: "Está prohibida dentro de las sedes olímpicas la transmisión de imágenes con aplicaciones de streaming en directo, por ejemplo Periscope o Meerkat".

¿Alguien recuerda la vieja expresión "derecho fundamental"? Porque la libertad de expresión es precisamente eso. Está consagrada en las constituciones de todas las democracias porque permite que los ciudadanos aporten su punto de vista y accedan a la información que necesitan. Si un jefe prohíbe a sus empleados usar Twitter, estos podrían —y deberían— denunciarlo ante un juez. Sobre todo si el jefe ha sido suspendido en un proceso por corrupción, como el presidente de la UEFA, Michel Platini. Puede ser un incordio que hablen los pesados. Pero es peligroso —e ilegal— que los sospechosos de corrupción decidan quién habla.