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Subjetivamente

¿Un superhéroe? Víctor del Árbol. ¿Una superheroína? Amy Schumer. ¿Y dos villanos? El 'pictoplasma' y King Jon-Un

La actriz Amy Schumer.
La actriz Amy Schumer.

Superman: Víctor del Árbol, Premio Nadal

En un país en el que escribir es casi siempre llorar, un héroe es un señor que escribe, y un superhombre es un escritor que triunfa y al que traducen sus libros a más de 10 idiomas con la promoción del mejor marketing: el de la recomendación entre lectores.

Aparte, su figura de escritor crecido en la biblioteca pública, pasado por el seminario e incluso por la policía autonómica catalana (¿material para la ficción?) resulta tan fascinante como sus novelas, en las que mezcla géneros, como hace la vida. Deseando leer La víspera de casi todo.

Wonder Woman: Amy Schumer, contra las armas

Así es ella, de frente y sin más superpoderes que los de los gags provocadores y post-post feministas del show más bestia de la televisión: Inside Amy Schumer. La actriz y comediante ha apoyado a Obama y su propuesta de legislar el control de las armas en Estados Unidos, una nación donde cualquier buen (o mal) ciudadano puede hacerse con pistolas, rifles y/o armas semiautomáticas en la mayoría de los Estados. Y donde las medidas para legislar su venta y uso suelen ser tan populares como aquí regular el número de puentes. Bien por Amy.

Los Joker: El pictoplasma y Kim Jong-un

¿No lo vieron? Como todos los supervillanos cometió su fechoría embozado y en horario de máxima audiencia. Oculto bajo una cabeza peluda, cuando un reportero le preguntó desde cuándo conocía a los Reyes Magos, el pictoplasma/bola de pelo supuestamente amigo de los niños, respondió: “Desde que conozco a mis padres”. Aunque los más pequeños no lo pillaran, el pictoplasma troleador debería quedar inhabilitado para saraos infantiles. Y que le quiten la cabeza, a ver si a cara descubierta hay eggs.

Nuestro otro supervillano favorito es Kim Jong-un y su bomba H. Desde The Interview, a lo loco con James Franco y Seth Rogen, resulta difícil distinguir al real de su alter ego cinematográfico. El de verdad perfecciona su papel sin necesidad de guionistas.