Ir al contenido
_
_
_
_
Columna

‘Tu quoque’

Desde mi casa, muy alejada de Ferraz, se escucha caer pesadamente la bola de hierro sobre las vigas maestras del partido

La demolición del PSOE comenzó cuando Rodríguez Zapatero traicionó a los españoles al ciscarse en aquella promesa solemne de “no os decepcionaré” con la que inició su primera legislatura. Es verdad que si a usted o a mí nos llaman en el trascurso de unas horas Obama, Merkel y Sarkozy para pedirnos que nos cortemos las venas, que es lo que le ocurrió a él, probablemente lo hagamos. Pero a usted y a mí nos acojona cualquiera. Un líder, en cambio, es un líder. Además que, en vez de cortarse las venas él, nos las cortó a nosotros y llamó a eso ejercicio de responsabilidad. Lo raro es que el PSOE, que es de izquierdas y blablablá, lejos de reprocharle que nos clavara el cuchillo por la espalda, le agradeció los servicios prestados y hasta lo sacaron en procesión durante la campaña, como si no hubiera perpetrado una felonía. ¿Han perdido completamente el olfato? No. Saben colocarse cuando abandonan la política (o son abandonados por ella), y tuvieron el buen juicio de ocultar en los mítines a Irene Lozano, el fichaje estrella con el que apuñalaron al compañero Madina. Tu quoque, Petrus.

En plena demolición están, decíamos, con la credibilidad por los suelos. Desde mi casa, muy alejada de Ferraz, se escucha caer pesadamente la bola de hierro sobre las vigas maestras del partido, que crujen antes de partirse en dos y provocar una nube de polvo. Por nube de polvo nos referimos mayormente a la acumulación de discursos fantásticos con los que nos castigan en los telediarios, cuando tan necesitados estamos de palabras verdaderas, capaces de empujar la realidad en la dirección que nos conviene. Ha empezado el frío y todavía hay gente en la calle y familias que no pueden encender la calefacción ni lavarse con agua templada.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_